De tragedia en tragedia

0

@VillanoJair

No es que en esta vida las tragedias ocurran esporádicamente. Si se revisa la prensa local,  nacional y/o mundial, el resultado no puede ser distinto: asesinatos, violaciones, corrupción,  impunidad, desigualdad, poco ricos, muchos pobres, medio ambiente lacerado, Trump y una andanada de sucesos que los goles, la chismorrería y, bueno sí, un libro, largometraje o un rostro bonito, absuelven. Pero el caos continúa. Se sucede. Se reproduce. Y solo algunas veces, cuando es inocultable, sale a flote con su inclemencia, y entonces nos detenemos a pensar: ¡¿Diablos, en qué estamos?!

No se trata de ser maximalista, pero el orden en que funciona el mundo alimenta el pesimismo (y esto no quiere decir que la culpa recae en el espacio en que vivimos, sino, claro, en quienes lo habitamos); y sin embargo, también hay noticias positivas, que por fuerza del marketing, no son tan rentables como las malas.

La misma semana en que el Congreso refrendaba al acuerdo de paz, un suceso –todavía confuso –les despojó la vida a 70 campeones.  Y en el primer lunes del último mes del año, una noticia desgarradora se supo: una niña de 7 años fue encontrada con signos de tortura, siendo el presunto asesino  un arquitecto de la alcurnia bogotana, que la justicia, ay, la justicia, deberá escarmentar al tenor de sus designios.

Y como si de coincidencias se tratara, el mismo día se revela que los magistrados, ¡que deberían definir el mecanismo mediante el cual se adelantará el acto legislativo para los acuerdos de paz!, se fueron de vacaciones. ¡Caos!

En una sociedad sensata, se separaría –por doloroso que sea e inhumano que parezca–  lo uno de lo otro. Pero en el país de las mentiras y la necrofilia política, los buitres no desaprovechan presa y cada que se presentan casos como estos, aprovechan para cimentar la cizaña: “Doble moralistas, si Timochenko también ha matado y violado y ahora ustedes quieren que salga libre”. Y también audios, vídeos y entrevistas bizantinas, que solo alimentan el morbo y ciñen el odio con el que hemos crecido: “Vea el momento de la captura a Rafael Uribe Noriega”. “Vídeo: Rafael Uribe Noriega fue capturado en la clínica por el crimen de la pequeña Yuliana”. Y, claro, ellos saben que no hay clic que se resista.

Es algo inaudito. Es algo que cuesta creer. Es una aberrancia de la aberrancia. Pero eso no es nada. Porque del otro lado del charco, los doctos del lenguaje, que se separan de las masas por su infinita sapiencia, se detienen en nimiedades. Que el adjetivo “prestigioso”, que el adjetivo “conocido”, que el adjetivo “arquitecto”. (¿Es en serio?).

Y uno busca un punto medio. Un poco de aire fresco. Pero nada, las trincheras sociales atizan la guerra verbal.  La aldea global ha contribuido en la reducción de la celda maniquea con la que nos han educado, tanto que uno soslaya que no es culpa de la herramienta, sino de lo que se hace con la misma.

Tal vez acertaba aquel que decía que este país padecía disonancia cognitiva. Caminamos por una línea sin experimentar de qué van las otras.

Pero ya empecé a divagar. Las explicaciones se me acaban. Adhiero al llanto del poeta: “No despiertes, mi amada, que esta vida no es para los vivos”.

 

 

Comments are closed.