¿Decidirá Santos bajo la anestesia mundialista?

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floro-hermesFloro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Fui uno de los 7.816.986 electores de  Juan Manuel Santos Calderón, lo hice sabiendo que estaba votando por el establecimiento gobiernista moderno clientelista contra el establecimiento populista caudillista carismático militarista uribista, como se puede colegir de mi columna de 2 de noviembre de 2013, ¿Viene el populismo uribista contra el clientelismo histórico?

Voté por la modernidad institucional liberal, representada en Santos, contra la hacienda premoderna autoritaria conservadurista, representada en Zuluaga; sin embargo, el señor Presidente de la República está cercado por el clientelismo regional, que mantiene la institucionalidad política y económica extractiva imperante en Colombia.

Ese clientelismo regional seguramente, como todos, muy entretenido y emocionado con los éxitos de uno de nuestros dos factores de unidad nacional: la Selección Colombia de Fútbol, querrá obtener la mayor fracción del ponqué gubernamental para seguir ocultando la incapacidad del sistema político en la resolución de los requerimientos sociales, continuar escondiendo la precaria organización institucional (que ha venido fortaleciéndose) y seguir disfrazando la satisfacción de viejas y nuevas necesidades a costa de los recursos del Estado.

Entonces, corresponde al señor Presidente de la República sustraerse de ese entretenimiento y esa emoción que anestesian, para decidir (hasta donde la lógica del poder y la obligación de la estabilidad lo permitan) sobre las entretenidas y emocionadas castas electorales clientelistas, con el propósito de dar un paso más hacia la conquista de nuestra, hasta ahora truncada, revolución liberal, para convertirnos en un país moderno.

Optar por la decisión liberal de convertirnos en un país moderno; es decir, para frenar la peligrosa conservatización del país, es una muy delicada maniobra política (propia para un jugador de cartas), pues debe ser realizada con mucha habilidad, para evitar una desestabilización del país, a la cual está dispuesto Uribe y su séquito de hacendados retardatarios, autoritarios y regionalistas, quienes consideran que aún hoy está vigente la institución de la encomienda y, por lo tanto, creen firmemente que nosotros los miembros de la sociedad civil no podemos valernos de nuestro propio entendimiento.

En caso del presidente Santos tomar decisiones bajo la anestesia mundialista, deberá calcular el despertar de esas castas electorales clientelistas atendiendo a nuestra lógica de un poder con estrecha distribución, utilizado para enriquecerse y para capturar el Estado, que ha impedido hacer realidad el ideal liberal de un Estado sano, sencillo y frugal, consiguiendo una situación caracterizada por un alto desempleo calificado, una exasperante corrupción generalizada, unos salarios inequitativos, una economía extractiva y una democracia sin pueblo.

En conclusión: ¿decidirá Santos bajo la anestesia mundialista? Si lo hace, ¿cuál sería el riesgo para el poder y la administración del Estado? Si no lo realiza, ¿cuál sería el costo para el desarrollo actual y por venir de la nación colombiana?

Y, claro está, debemos preguntar: ¿cómo actuará la hacienda premoderna autoritaria conservadurista frente a cada acción del Presidente de la República, dentro de su propósito real velado de impedir cualquier cambio institucional precipitado por los acuerdos de La Habana?

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