Decisiones peligrosas

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@ZuluagaCamila

Por poner en riesgo el proceso de paz es que al General Rubén Darío Alzate lo dejaron solo  dando las explicaciones sobre las equivocaciones que llevaron a su secuestro por parte de la guerrilla de las FARC.  La furia del presidente Juan Manuel Santos con todo este episodio, al ver amenazada la cruzada que le permitirá inmortalizarse, lo hizo equivocarse de cabo a rabo. Si bien el general cometió una falta inaceptable para alguien de su rango en el ejército, el único responsable de poner en riesgo los diálogos de paz de La Habana es el presidente Juan Manuel Santos y nadie más.

Cuando se instaló la mesa de conversaciones entre el gobierno y las FARC para intentar encontrar una salida negociada al conflicto se pactaron unas reglas de juego.  Entre ellas una muy importante, que el proceso se llevaría a cabo en medio del conflicto y que lo sucedido en el terreno de batalla no afectaría en ningún momento aquello que se estuviera negociando. De hecho, el presidente Santos hizo una larga y maratónica gira por Europa  vendiendo y explicando internacionalmente el por qué de esa decisión y los beneficios de la misma. ¿Por qué, si eso era tan claro en el discurso,  el presidente no cumplió las reglas puestas por él mismo? ¿Por qué se paró de la mesa en esta oportunidad, si episodios muy graves que involucran el accionar de las FARC se venían presentando y no había tenido la misma actitud?

Entre las posibles respuestas que se han dado al por qué de la actitud presidencial hay una que llama la atención. Que le era imposible actuar de otra manera frente al secuestro de un general. Lo que quiere decir que en este país se puede pasar de agache con los atentados a oleoductos, torres de energía, escuelas públicas y lo que es más grave, a la población civil entre quienes se encuentran mujeres y niños. Lo anterior para no hablar de los indígenas, quienes también son victimas constantes del conflicto.  Los diálogos se suspenden sí y solo sí hablamos de un general, ese parece ser el rasero puesto por el presidente.

¿Será un rasero solo del mandatario o también de la sociedad civil? Todo indica  que el análisis hecho por Santos a la hora de tomar la decisión es que el país y la opinión pública no resistirían que las conversaciones continuaran si un general de la República  estaba secuestrado.  Pero es justo ahí en donde, en medio de un proceso tan importante por el que muchos de los colombianos apostaron en las últimas elecciones, se necesita un presidente de pulso y convicción firme para seguir adelante con su proyecto a pesar de las presiones.

El proceso de paz estuvo en riesgo no porque el general Alzate se fuera a dar papaya al departamento del Chocó en el corregimiento de Las Mercedes.  El dialogo estuvo en riesgo  porque el presidente no tuvo la entereza de cumplir  con las reglas de juego. Por eso es que es inaceptable su rabia y poco respaldo al general, porque si bien este se equivocó, 33 años de servicio merecían un mayor respaldo; y que no digan que el apoyo fue suspender los diálogos, porque esto se dio no por él si no por el riesgo que pensó correr el presidente frente a la opinión pública.

Esperemos que superado este episodio, que ha dejado varios damnificados y nuevos panoramas en medio de la negociación, los acuerdos que se discuten en La Habana lleguen a feliz término más pronto que tarde y que el primer mandatario tenga la fortaleza de cumplir con sus propias reglas. Ojalá que no se vaya a someter el dialogo a los vaivenes de la opinión pública que tanto han demostrado afectan Santos. Colombia se merece que esas conversaciones culminen pronto para que podamos de una vez por todos empezar a construir el país que queremos; por primera vez como una verdadera nación.

Una cosa más: No tendremos una paz completa si el gobierno no negocia exitosamente con el ELN.

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