Decisiones

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ana-mariaPor: Ana María Ruiz Perea

Twitter: @anaruizpe

A 15 días del 25 de mayo, el panorama electoral es desolador. Esta semana escuché decir a alguien que le parecía tan denso el ambiente, como en 1990. Claro, en esa ocasión a los candidatos a la presidencia los asesinaron; ahora la mafia ya no los mata, ellos suicidan su capital político en campañas plagadas de ilegalidad, deshonestidad, inconsistencia, deslealtad y desconfianzas.

Hace carrera un principio de campaña que consiste en promover que yo te exijo que te indignes porque mi competidor está haciendo lo que yo hago, así que lo más indignante que puede suceder es que, sabiéndolo, tu no te indignes. Y viceversa. En la apropiación indebida hasta del uso del verbo, los punteros en las encuestas se turnan para destapar una olla podrida de la que saltan hackers, publicistas y mafiosos, aquí y allá. Se reportan bajas de lado y lado, desde columnistas y guías espirituales hasta lagartos disfrazados de gurús y calanchines enriquecidos con los favores al poder.

Lo que esta semana se reventó es el efecto de lo que en 2010 enseñó a hacer la dupla en comunicaciones que llevó a ese pésimo candidato llamado Juan Manuel Santos, a la Presidencia de la República; JJ Rendón y su aliado Ravi Sigh, conocido con el alias de “el hombre del turbante”, estratega de redes sociales actualmente detenido por delitos informáticos en campañas electorales en Estados Unidos, se encargaron en su momento de, por ejemplo, crear el rumor y el temor porque Antanas Mockus, en caso de llegar a la presidencia, “iba a iniciar diálogos con las FARC y a reabrir relaciones con Venezuela”. Así, desinformando e infestando las redes sociales de basura trolera, operan las comunicaciones cuando son el coequipero sucio de la realpolitik.

Todas las campañas que no son Zuluaga ni Santos, han tenido esta semana una oportunidad de oro en medio de este caso de suicidio mutuo, si se me permite la expresión, entre punteros. Pero para mayor desolación de los electores, ninguna posible tercería ha sabido cómo aprovechar el río revuelto. Enrique Peñalosa sigue creyendo que hacer campaña es mostrar sus inconsistencias en muchas entrevistas, sin definir sus mensajes, sin capacidad alguna de poner un tema en agenda; Clara López al parecer no logró remontar el sanbenito de la anapo ni las tercas divisiones de la izquierda; y Marta Lucía Ramírez intenta hacerse oír pero se le ve desamparada de ideas, de carisma y de partido.

Y entonces, ¿el Voto en Blanco qué? Tiene de papaya la oportunidad para crecer porque, para miles de personas, francamente no hay por quién votar. Tiene una votación asegurada que aparece en todas las encuestas, está en el momento apropiado para subir, pero no se ve una campaña activa que lo motive; más allá de un acto simbólico de protesta, para que sea verdaderamente útil tiene que ganar, no le sirve nada más. Suena provocativo, no dirán que no, un escenario en el que votando, los colombianos vetemos a los actuales candidatos. Al respecto recomiendo escuchar la perorata de Fernando Vallejo en la actual Feria del Libro, que concluye haciendo un clamor por el Voto en Blanco; está por ahí en youtube.

Muchas cosas han cambiado, pero en algo sí se parecen 1990 y hoy. Los vientos de reforma constitucional y la expectativa de un proceso de paz hacen aún más difícil la decisión del voto.

Adenda. Gracias a todas las personas que en estos 8 años han trabajado por hacer realidad el acceso de las mujeres colombianas a un aborto oportuno, legal y seguro.

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