Dejen gobernar al Maduro

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Pág 22 Foto El impopularPor El Impopular
Twitter: @nicosasrojas

Dicen que cada pueblo tiene el gobernante que se merece. Los venezolanos no deben ser la excepción o sino que alguien me explique cómo se atreven a votar por alguien con tan tropical apellido.

Y no lo voy a negar: criticar a Maduro es divertido. Es un pasatiempo internacional de grandes y chicos (el hombre es generoso con sus metidas de pata): que se pueden amamantar a los cuervos, que la botella de agua en Colombia, que Chávez hecho pajarito, que confunde la bandera de Cuba con la de Puerto Rico, que los millones y millonas, que la multiplicación de los penes, etc.

Pero, una cosa es disfrutar las “maduradas” y otra es que el Gobierno venezolano pase de Maduro a podrido.  El hombre es un poco distraído pero encarna un ser humano aún y no un animal despiadado como los muchos que lo rondan en su Gobierno.

Lo digo porque a Egipto le pasó algo similar el año pasado. Vivió temporadas de horrible dictadura y pasó por la puja de poderes que hoy lo tienen en crisis. Por eso, gobernantes de uno y otro país tienen mucho que aprender entre sí.

Quienes nos interesamos por los asuntos de política internacional sabemos que el sobrepeso no es lo único que tienen en común los dirigentes venezolano y egipcio. De hecho, las similitudes son tantas, que vale la pena ponerlas en evidencia.

Egipto es un Estado que en su historia reciente sufrió muchos años de dictadura a manos de un militar sostenido pseudodemocraticamente y Venezuela también. Durante 30 años, hasta el fin de sus días, el presidente Mubarak en Egipto se mantuvo en el cargo de presidente (después del golpe de Estado de 2011, salió para la cárcel a cumplir con una cadena perpetua); Chávez, también militar, ocupó la alta dignidad de su país por la no despreciable suma de 14 años, hasta decir adiós el año pasado, víctima de una enfermedad terminal.

Egipto convoco a elecciones dada la crisis de la caída de su legendario gobernante y Venezuela también. Debido a los desórdenes de la revolución egipcia de 2011, se nombró una Presidencia temporal y se convocó a elecciones, donde salió ganador el presidente Morsi por el Partido Libertad y Justicia de los Hermanos Musulmanes; en Venezuela, muerto el coronel Chávez, se nombró como presidente transitorio a Maduro y se convocó a “elecciones”, en las cuales este mismo ratificó su cargo.

En Egipto, luego de la crisis, el presidente electo no logró posicionarse como el líder democrático de su pueblo y en Venezuela tampoco. El presidente Morsi solo se sostuvo desde 2011 hasta el 1 de julio del año pasado, cuando el ministro de Defensa y jefe del Ejército egipcio, Mariscal Al-Sisi, pronunció la esperada sentencia en los medios: “Si las demandas de la gente no se realizan en el tiempo definido, entonces corresponderá (a las Fuerzas Militares) indicar una hoja de ruta para el futuro”. Pero Morsi es Doctor de la Universidad de California y por eso logró mantenerse algunos años, pero Maduro no pasó ni el primero.

La crisis actual en Venezuela es un asunto que depende de una sentencia que debe dar el Ejército venezolano (manejado por Diosdado Cabello) y es ahí donde todos perderíamos; no solo Maduro.

Diosdado Cabello es el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y entre él y el mariscal Al-Sisi de Egipto hay una gran diferencia. La crueldad comprobada de Cabello no es un asunto de poca monta y, como última carta del chavismo para conservar el poder, se convierte en un mal peor que la enfermedad.

Como ya dije antes, Egipto anda en crisis, pero para bien de todos, los muertos que ya se dieron allá (más de 800) nos los estamos ahorrando por ahora en nuestra hermana Venezuela. Pero la entrada de Cabello en esta lucha por el poder pasaría las cosas de castaño a oscuro.

Por eso, con el corazón en la mano y mordiéndome los labios, debo pedirles a Leopoldo López y sus colaboradores que claudiquen, que dejen gobernar al Maduro por el bien de todos, por lo menos hasta que muera Diosdado.

Sé que mis palabras son cortas por este medio, pero un hombre debe hacer lo que cree que es correcto. Igual, en caso de que no pueda evitarse en Venezuela desastre tan notable como el que se dio en Egipto, no nos queda más que como buenos vecinos extender nuestras manos y apoyar la adopción de las jóvenes mujeres venezolanas en Colombia que tanto sufren por culpa de esos hombres desconsiderados.

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