Dejen quieto al fútbol

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Pablo UribePor Pablo Uribe

Twitter: @pablouribe90

Uno de los temas que causó mayor indignación en el país en esta semana fue el asesinato a sangre fría de varios colombianos a manos de criminales que fueron identificados como hinchas de un equipo de Bogotá.

Lo que causó indignación en el país fue el hecho de que esas víctimas (hermanos, hijos y padres de alguien más) fueron asesinadas bajo una lógica enfermiza: perdieron sus vidas por el simple hecho de sentir pasión por equipos diferentes a los de sus asesinos. No es justo y no cabe en la cabeza de nadie perder la vida por esta razón.

Las autoridades, alarmadas por la presión de los medios, tomaron el camino fácil y decidieron cancelar el partido de Millonarios contra Nacional. ¿Pero qué va a pasar la próxima semana?, ¿qué va a pasar cuando Millonarios se enfrente al Santa Fe, cuándo Nacional juegue contra el Medellín o cuando el Cali juegue contra el América? ¿Los vamos a cancelar también?

Lo que yo pude percibir de las palabras de Kiko Lloreda, el alto consejero para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana Presidencial, es que el Gobierno va a cancelar los partidos que tenga que cancelar para prevenir que se presenten más casos de violencia entre hinchas; mejor dicho: que si tiene que cancelar la Liga Postobón para evitar que los hinchas se maten, pues lo va a hacer.

Primero que todo, esta era una situación que se venía dando desde hace mucho tiempo. Personalmente, no recuerdo una sola vez en que haya ido al Pascual sin miedo a ser robado, golpeado o, en el peor de los casos, apuñalado. Hay que hablar con la verdad: los que se tomaron los estadios son las barras bravas, y esas barras están plagadas de criminales. Por eso, los padres de familia ya no quieren arriesgar a sus hijos o a sus esposas yendo al estadio y decidieron quedarse en la casa viendo el partido por televisión. Las familias y la gente que no es violenta fueron desplazadas de los estadios, por la sencilla razón de que les da miedo ir.

Segundo, prohibir nuestro amado fútbol, el deporte nacional, aquel que nos hace llorar, gritar, sufrir y saltar de la alegría, no es la solución. Quiero repetirlo: prohibir el fútbol NO es la solución. Eso es como prohibir el internet porque hay muchos fraudes cibernéticos. ¿Por qué tenemos que pagar los colombianos por los crímenes de unos cuantos bandidos? Pueden censurar la trasmisión de los partidos, arrestar a todo niño que le quiera pegar patadas a un balón, clausurar las canchas, y expropiar las pelotas, que el problema va a seguir existiendo.

Tercero, para resolver el problema hay que saber identificarlo, y para saber identificarlo no hay necesidad de estudiar en Oxford. Señores del gobierno, el problema es muy sencillo: las barras bravas se volvieron organizaciones criminales, se convirtieron en auténticas pandillas que trafican con drogas, extorsionan, roban y cometen asesinatos, pero que lastimosamente se disfrazan con la camiseta de un equipo. Mientras estas barras sigan integradas y dominadas por bandidos, pues el fútbol va a seguir teñido de sangre.

Así que si queremos resolver este problema que ya no podemos seguir ignorando, pues hay que identificar, perseguir y judicializar a los bandidos que se escudan detrás de la camiseta de un club de fútbol para cometer crímenes. Lo que falta para acabar con este flagelo es voluntad y ganas de hacer las cosas. La responsabilidad de todo esto la tiene el Estado, que no es capaz de garantizar la seguridad de los colombianos. Así que mientras resuelven el problema, hágannos un favor al resto del país y dejen quieto al fútbol, que no es nada más que eso: fútbol.

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