Demasiada presión

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Por Luz Adriana Betancourt
Por Luz Adriana Betancourt

Por Luz Adriana Betancourth

Twitter: @Luzbeta

Recorrer las oficinas del Estado en busca de dinero para financiar proyectos se ha vuelto una práctica común para un puñado de gente que se ha ido especializando en darle vida a sus ideas con métodos que aunque son legales y democráticos no son los más indicados si uno quiere que los gobiernos nacionales o locales muestren resultados concretos y sostenibles sobre las principales problemáticas. Estos son algunos casos donde solo hay uno para imitar.

Caso 1. Ciudadanos del común, vinculados a alguna actividad cultural o comunitaria, visitan casi a diario una oficina del sector público, llámese Gobernación o Alcaldía. Tienen una idea. A veces van a realizar un evento. Y algunos llevan un proyecto. Siempre piensan que su idea es la mejor de la ciudad y se enojan si inmediatamente no obtienen apoyo.  O a veces son honestos y dicen: “¿Qué tipo de proyecto me puedo inventar para que me lo financien?”

Este tipo de visitantes de las oficinas del Estado asumen que la insistencia cansa. Sí señores, ¡cansa!  Y esa es su mejor estrategia: insistir tanto…., hasta que por quitárselos de encima y que dejen trabajar, algún funcionario les encuentra algo para apoyarlos.

Caso 2. Otros más “aventajados” previamente se han acercado a un concejal, a un diputado, a un senador, representante a la Cámara u otro tipo de político influyente, y llegan con tono de mando: “El doctor tal me manda con esta recomendación”. Efectivamente, llevan un papelito informal donde “el doctor tal” escribió algo así como: “Por favor, dele una cita al señor X para exponer su proyecto”.  Inteligentemente “el doctor” no se compromete con más. Claro que a los que sí les interesa apoyar, pues no les da el papelito, sino que directamente “el doctor” pide una cita con el jefe o la jefe de la dependencia, para interceder por su protegido. Los más decentes simplemente expondrán el caso y dirán: “Mire a ver si puede ayudarlo”. Quien es respetuoso del sistema entiende cuando su proyecto no es viable porque no encaja con el plan de acción, el plan operativo anual de inversiones o el  plan de desarrollo. Pero otros no entienden y creen que  fueron elegidos para conseguir lo que se proponen y ayudar a sus aliados.

Caso 3. El personaje con trayectoria de trabajo serio y de calidad. He de aclarar que en esta clasificación hay dos tipos de personajes: los que presionan y los que respetan los conductos regulares y la ética. Estos últimos piden una cita con toda sutileza, asisten, plantean sin presiones la necesidad de su museo, de su institución o de su agrupación. Dejan un documento, se retiran y generalmente no vuelven y no llaman porque asumen que si todo está en orden, su proyecto clasificará para obtener apoyo del Estado por estar bien formulado, ser pertinente para la sociedad y porque cabe dentro del plan de acción o el plan de desarrollo del ente territorial (llámese nación, departamento o municipio). Estos seres humanos son los que alivian la pesada carga de trabajar en el sector público. Uno los admira por su trabajo, por su respeto, por su delicadeza y por dejar trabajar. Son diligentes, pacientes y honestos. De principio a fin da gusto convertirse en servidor público. Al final, los resultados son satisfactorios y uno puede dormir tranquilo por el deber cumplido. No te invitan ni un tinto, pero tampoco te presionan. Ellos han entendido que el servidor público verdadero ni se compra ni se vende.

Caso 4. Dentro de esa línea de personas con admirable trayectoria profesional o laboral, lamentablemente hay quienes creen que no es posible lograr aprobación para los recursos que necesita su proyecto, si no presionan. Y lo hacen de las dos formas arriba descritas: insisten día a día y además buscan palanca. Esto no significa que su trabajo pierda valor, porque de hecho realizan eventos y procesos de calidad; pero la actitud de presionar deja tanto que desear, que parece que se están imponiendo por la fuerza y no por la pertinencia de su trabajo. Afortunadamente para ellos, eso solo lo saben quienes están en las oficinas oficiales como contratistas, funcionarios o servidores, porque para los demás ciudadanos son figuras intachables.

Caso 5. Los que dan para luego exigir. A veces se ofrecen como voluntarios para coordinar reuniones comunitarias, convocan gente para jornadas de atención social, ofrecen “gratuitamente” conciertos y presentaciones artísticas, pero luego visitan la oficina a la que ayudaron a realizar su trabajo comunitario y dicen: “Mijitica, ¿usted me va a ayudar con mi proyecto?”.  Si se es consecuente con la planeación, a veces toca responder: “No hay plata para ese proyecto, qué pena, este año estamos enfocados en trabajar en lo que está inscrito en el banco de proyectos…”. Y la persona queda disgustada para siempre, mientras al funcionario le queda otra vez el sabor amargo de que poca gente hace algo sin interés.

Caso 6. Alguien crea un evento y consigue el apoyo del mandatario de turno. De ahí en adelante, aunque el evento surgió por su iniciativa, sin que nadie se lo pidiera y a veces sin necesidad porque la ciudad o la región ya tienen de lo mismo o parecido…., pues de ahí en adelante exigen que el Estado asuma la manutención año a año de lo que ellos inventaron, aunque en la sociedad haya necesidades más importantes de atender.

Afortunadamente, la mayoría de obras se financian con criterios establecidos en planes de desarrollo debidamente diseñados, pero también tenemos que decir qué es lo que no deja espacio suficiente para trabajar en procura de lograr más desarrollo con equidad e inclusión, para superar problemas de pandillas, de desempleo, de deserción escolar, de mala atención en salud, insuficientes vías y otros problemas que deberían resolverse para beneficio general y no de unos pocos.

La mayoría de obras se financian con criterios establecidos en planes de desarrollo, pero también tenemos que decir qué es lo que no deja espacio suficiente para trabajar en procura de lograr más desarrollo con equidad e inclusión

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