Desinterés por el país

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

El pasado lunes nos levantamos a pensar y repensar lo que fue de la jornada electoral; como cuando se hace una fiesta, que se prepara durante meses y solo quedan el recuerdo y los balances que se hacen al día siguiente. A continuación les comparto el mío.

Empezando la mañana del domingo, mi teléfono empezó a sonar y a recibir más mensajes de lo habitual. Los contenidos de las comunicaciones coincidían: amigos, familiares y conocidos me repetían la misma pregunta: ¿por quién voto?  Mientras leía y oía esa pregunta, un sentimiento de asombro, rabia y desilusión se apoderaba de mí. No podía creer que personas educadas en prestigiosas universidades y, en muchos casos, con maestría incluida estuvieran tan desentendidas de la política colombiana. Me imaginaba que si así era con quienes han sido favorecidos por la vida y han podido ir a una universidad, cómo sería con aquellos colombianos que viven en una vereda y que no saben ni leer. Eso para no hablar de la inmensa mayoría que ni siquiera votó.

Nos quejamos todos los días de la situación del país y de lo amañados que son nuestros políticos, pero cuando nos toca a nosotros aportar para cambiar esa realidad, no salimos a votar. Tenemos lo que nos merecemos, no lo podemos negar. No puede esperar mucho de lo que se viene, sobre todo si usted no salió a votar. Los datos son aterradores: de poco más de 32 millones de colombianos habilitados para votar, solo lo hicieron alrededor de 13. Es decir, tuvimos una abstención mayor al 60 %. Sí, así como lo lee, más del 50 % de los colombianos que podían votar no lo hicieron. Muchos de ellos con acceso a una buena información y capacidad de averiguar quiénes serían los más indicados para legislar en Colombia durante los próximos cuatro años.

Lo que estaba en juego este fin de semana no era menor, los pocos que votamos definimos qué Congreso reglamentará los acuerdos a los que se lleguen en La Habana con las Farc, cuáles serán los mecanismos utilizados para afrontar el posconflicto, si se firma la paz. Pero a mis compatriotas, muchos de ellos cercanos, parece que no les importó o ni por enterados se dieron. No me creo el cuento de que están cansados de la política, que nada se puede cambiar votando. Es cierto, no solo con el voto se transforma una democracia, pero sí es el primer paso. ¿O dígame usted qué hace por el país y por mejorar su sistema político? Se lo pregunto al que dice que no vota porque aquí no hay nada que hacer. Aquel que no votó le dejó a muchos de los mismos el Congreso en sus manos.

Con la actitud de muchos les permitimos nuevamente a los Mussa Bessaile, los Bernardo Ñoño Elías, obtener una de las mayores votaciones del país y nuevamente tener un cupo en el Legislativo, a pesar de que es poco, si no es nada, lo que han hecho. Asimismo, le permitimos a un partido como Opción Ciudadana, con integrantes cuestionados, que tuviera cinco asientos; que Gerléin siguiera haciendo de las suyas, con sus posiciones radicales y poco democráticas; que siguieran los Roy Barrreras y los Benedetti. Todo ese panorama por el que tanto asco sentimos continuará durante los próximos cuatro años del Legislativo.

Que llegaron algunas nuevas caras e importantes, es verdad, pero una golondrina no hace verano y la mayoría de las cosas seguirán siendo iguales. Cuando algún escándalo se destape, cuando algo no le guste, acuérdese que usted no votó.

Una cosa más: Así su presidente no lo admita, uno de los grandes perdedores de esta jornada es el Partido Liberal. Con toda la maquinaria y la cercanía al Gobierno no logró ser la fuerza mayoritaria. Esa es una demostración de que no siempre tener toda la mermelada es lo que sirve.

DESTACADO: No me creo el cuento de que están cansados de la política, que nada se puede cambiar votando. ¿Dígame usted qué hace por el país y por mejorar su sistema político?

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