Detrás de la película Malos Días, un thriller con esencia caleña

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Por Óscar Alejandro Cabrera

En alianza con Revista EL CLAVO

Andrés Beltrán, escritor y director
Andrés Beltrán, escritor y director

A punto de culminar el rodaje, y con una parte ya en posproducción, se encuentra la próxima obra dirigida por el caleño Andrés Beltrán y producida por la compañía Rio Bravo Entertaiment. La realización de esta historia tomó casi seis años de trabajo y al parecer será un ejercicio de género, aunque con un cierto toque personal e inclusive regional. Eso es, al menos, lo que se percibe de su realizador por las repuestas que dio sobre esta propuesta.

Malos Días es, según Beltrán, la unión de varias ideas que tenía; todas ellas desembocaban en una cabaña alejada de todo, con un grupo de personas que se escondían allí por algo que habían hecho. Luego el director y su socio Felipe Linares ─compositor de la banda sonora─ decantaron la idea hasta escoger una que tenía cierta progresión natural. Esa fue precisamente la que fue desarrollándose durante dos años, hasta llegar a ser la historia final, cuyo planteamiento inicial es “una madre está escondida en una cabaña con su hija adolescente. Debido a que su esposo cometió un grave error deben esperar a que pase el tiempo. Todo se complica cuando dos hombres llegan al sitio por accidente y reconocen al marido de la mujer; deciden quedarse para sacar ventaja de la situación, sin embargo, al involucrarse con ellas el plan original toma otro rumbo.

Se podría imaginar que el relato va orientado al thriller (suspenso), y es cierto, pues su creador le ha dado ese enfoque, aunque con un claro énfasis en el drama humano de los personajes. No obstante, no es el único género cinematográfico al que apela, también posee mezclas de dos géneros tradicionales: el Western y el Neo Noir (nuevo cine negro). La cinta remite a películas como Fargo y a otras realizaciones de los hermanos estadounidenses Ethan y Joel Coen. Es decir, a grandes rasgos hay señales de un ambiente cálido desértico y rudo para formar la estructura y atmósfera del entramado vital de los personajes en Malos Días. Sin afirmar que la cinta en su conjunto pertenezca a dichas etiquetas fílmicas, tiene escenas o piezas en pos de contar una tensa historia; será un nuevo peldaño de la cambiante narrativa cinematográfica, donde tal vez Andrés Beltrán también rompa esquemas, como lo hicieran los Coen en su momento.

Roberto Cano, uno de los protagonistas
Roberto Cano, uno de los protagonistas

Por lo anterior, la propuesta de Beltrán se aleja de otras producciones colombianas, busca a nivel narrativo y estético crear un producto que no pertenezca necesariamente al contexto nacional; aun así deja lugar a la identificación para el espectador cercano. Todo ello fue gracias al esfuerzo de los distintos departamentos, música, fotografía y vestuario, que trabajaron para explorar y moldear un entorno libre de temas políticos y sociales relacionados con el país. Sin embargo, la cinta tomará componentes gestuales o lingüísticos que se vinculan con la idiosincrasia local. Por lo tanto, el guion acude a los arquetipos  ─más no estereotipos─ con seudónimos como El gringo, El indio, o El turco, para mostrar, dice Beltrán, la variedad “genérica” del factor humano.

Es fácil suponer que un director como Beltrán ─al elegir los paradigmas extranjeros ya mencionados y al hacer cine sin el rótulo “colombiano”─ no apele a recursos propios de la cultura caleña. Pero es válido aclarar que el equipo de producción de esta nueva cinta, a excepción de algunos integrantes, está conformado por caleños. Los realizadores comparten un profundo interés por el arte fílmico, en su mayoría son cinéfilos desde pequeños. Se atreven a decir, por ejemplo, que la gente de su generación hacia atrás encontró un gusto por la gran pantalla, la música, o el arte en general, y un respeto relevante hacia ello. Entonces, dicha percepción y experiencia ha sido lógicamente un alimento significativo en la escritura del guion.

Para un director como Andrés Beltrán es difícil enumerar los motivos que lo llevaron a la realización cinematográfica de Malos Días. Lo que sí puede afirmar, por ahora, es que será una pieza fílmica fresca, atractiva y emocionante; influirá favorablemente en los jóvenes de la ciudad, quienes quedarán seducidos como los mismos realizadores, y a lo mejor disfrutarán y soñarán al mismo tiempo.

Pronto los colombianos tendrán más noticias sobre esta interesante historia, posiblemente un hito que impactará a la cultura popular. Desde ahora puede compararse ─en mesuradas proporciones─ a la obra clásica o reciente del transgresor favorito de muchos, Quentin Tarantino, un director que trascendió las fronteras norteamericanas con su rica y compacta filmografía. ¿Malos Días trascenderá la brecha local, nacional e internacional?  Esa es una pregunta que muchos esperan que sea respondida afirmativamente, sobre todo para el momento en que sea exhibida en los diferentes medios de divulgación cinematográficos. Por ahora, solo queda augurarle un buen comienzo en su etapa de posproducción.

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