¿Día Nacional de Víctimas o el olvido de Gaitán?

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Floro-Hermes-Gómez-PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Colombia conmemoró el pasado miércoles 9 de abril el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas, el cual fue establecido por mandato legal: la Ley 1448 de 2011, Artículo 142, ordenó celebrarlo “el 9 de abril de cada año”, precisamente el día en que se conmemora el magnicidio del mártir liberal Jorge Eliécer Gaitán Ayala; es decir que la ley más allá de pretender la establecer una efemérides luctuosa quiere que nosotros veamos el magnicidio del jefe único del Partido Liberal Colombiano como un día de las víctimas.

En otras palabras, los congresistas que aprobaron la Ley 1448 con su Artículo 142 procuraron de manera consciente, o inconsciente, modificar parte de la memoria colectiva de nosotros los colombianos; o sea, cubrir con el manto de la amnesia aquel “viernes rojo” de 1948 que constituye un momento de particular importancia, como bien lo destacan quienes escriben de ciencia política, antropología e historia, porque frustró (de acuerdo con muchas investigaciones comparativas, etnográficas e historiográficas) la posibilidad de acceder a una sociedad realmente democrática liberal, más justa y menos excluyente.

Llama la atención que el Congreso de la República, la organización percibida como más corrupta (ver mi columna del 20 de julio de 2013), haya aprobado el referido Artículo 142, para hacernos fijar la mirada en las 6.043.473 víctimas del conflicto armado interno colombiano, mientras se desvía de la imagen del caudillo liberal, abanderado de la lucha contra la corrupción, quien quería “la restauración moral de la patria”, como lo corroboran muchos de los estudios realizados por investigadores serios, nacionales y extranjeros.

Una cosa es hacernos mirar y recordar las 7.169 víctimas que han debido abandonar sus tierras o que han sido despojadas de ellas, las 54.599 víctimas de actos terroristas, las 132.125 víctimas de amenaza, las 3.931 víctimas de delitos contra la libertad y la integridad sexual, las 93.165 víctimas de desaparición forzada, las 5.368.138 víctimas de desplazamiento forzado, las 636.184 víctimas de homicidio, las 10.573 víctimas de minas antipersona, las 75.079 víctimas de pérdida de bienes muebles e inmuebles, las 30.666 víctimas de secuestro, las 6.562 víctimas de tortura, las 6.920 víctimas infantiles y adolescentes forzadas a combatir y las 5.550 víctimas sin información… y otra cosa es obligarnos a olvidar las “juntas revolucionarias” que subvirtieron momentáneamente el orden aquel viernes 9 de abril de 1948. Es no dejarnos ver que a partir del magnicidio de Gaitán la violencia histórica colombiana adquirió un ritmo particularmente escalofriante, es querer que la amnesia cubra la mentalidad gubernamental, nacida aquel 9 de abril, de deslegitimar toda reivindicación social (recordemos el regaño europeo a los gobiernos colombianos por criminalizar la protesta) y es buscar que no nos demos cuenta que el 9 de abril de 1948 aún no ha terminado: la violencia creciente de estos 66 años y la corrupción hiperbólica de la que hoy somos testigos.

En conclusión, es necesario recuperar el significado del 9 de abril y establecer un nuevo “Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas”, pues son dos memorias luctuosas distintas.

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