Diego, cuando vuelvas estaremos preparados para tratarte mejor

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Por Martín Vallejo

Especial para El Pueblo y El Nuevo Liberal

Todavía quedan algunos ateos del “barrilete cósmico”. A ellos cuando osan marcarle algún defecto al Pelusa, nada mejor que la respuesta que alguna vez dio el gran Negro Fontanarrosa “Nunca me importó qué hiciste con tu vida, gracias por lo que hiciste con la mía”.

Buenos Aires, Noviembre 28. La historia dirá que el miércoles 25 de noviembre de 2020, cerca del mediodía y en una quinta de Tigre, se fue el más grande jugador de la historia del fútbol Argentino… Si algo le faltaba a este año era esta noticia. La que todos pensábamos que iba a salir a desmentirse como tantas otras veces… Porque con el Diego no… No puede ser… Si los superhéroes no se van nunca.

Pero esta vez no pudo gambetear a la muerte, como sucedió a lo largo de estos últimos 20 años. Si hasta parecía inmortal.

Aparecían los zócalos en la televisión que indicaban que Diego era internado por una descompensación, y siempre salía adelante, como si se tratara de un partido más.

La portada del diario argentino Página 12 con ocasión de la muerte de Maradona

Si me lo permiten: creo que esta no la quiso gambetear… creo que en este último tiempo ya no se sentía Maradona. Justo él que se obligaba a demostrarse que aún tenía esos superpoderes… esos que salían de su zurda mágica… y ya no podía. No tenía casi movilidad propia, siempre con compañía, mucho menos el quedarse después de una práctica, a despuntar el vicio y medirse contra el mejor pateador del plantel, en una ronda de tiros libres. Rodilla y caderas afectadas, no sólo no le dejaban encontrarse con su juguete favorito, tampoco podía disfrutar de hacer otros deportes (los últimos años era esa misma persona de espíritu competitivo, pero en un físico de movilidad reducida).

Porque eso era él: deportista, fanático de cualquier actividad y en especial de sus compadres argentinos. Sobran las anécdotas de quienes practican deportes de elite a quienes “el Diego” iba a alentar y luego, como un nene, les pedía un suvenir… justo él, cuando en realidad estos se desvivían nomas con tocarlo o con que sólo les dirija la palabra… y venía el pintor de las mil alegrías a pedirles algo a ellos…

Creo que también, en estos últimos años, sintió el vacío de la partida de Doña Tota primero en aquel noviembre de 2011 y Don Diego después en julio de 2015. Se lo notaba muy sensible cada vez que los recordaba.

Pero se fue nomas el mito viviente que teníamos los Argentinos.

El que arranco en Villa Fiorito y también el que se encontró en el Dubái de las 7 estrellas.

“El Capitán” como le decían cariñosamente sus compañeros de la selección. Así lo mimaban, aun hoy, porque sabían que con ese pequeño gesto inflaba el pecho y salía dispuesto a defender su bandera.

Si de defender la bandera se trata, ese 22 de junio de 1986 se ganó el título de prócer para nosotros. Discúlpenme señores lectores si cree que exagero. Es que para todo argentino no hay herida sin cicatrizar como la estúpida guerra de Malvinas, decidida por 3 trasnochados. Y en aquel día encontrarse justo con ese rival, no era menor para nosotros. Ya sé, no tiene nada que ver una contienda deportiva con una guerra, pero fue en el único ámbito en el que, en principio, arrancábamos con las mismas posibilidades.

Y así lo vivieron nuestros 11 jugadores, pero en especial “El Capitán”… Viendo esas imágenes, no me canso de ver esa mirada de león enjaulado, con esa alma de guerrero que lo caracterizaba… y no defraudó… El mejor gol de la historia de los mundiales y el “Robo del Siglo”, todo en el mismo partido; los dejó eternizados como estatuas en el piso para siempre. Les pido perdón de nuevo, y no lo intenten entender, es que para muchos de nosotros alcanzó para ofrecerle el cielo eterno, y perdonarle cualquier miseria mundana que tenga el hombre.

Todavía quedan algunos ateos del “barrilete cósmico”. A ellos cuando osan marcarle algún defecto al Pelusa, nada mejor que la respuesta que alguna vez dio el gran Negro Fontanarrosa “Nunca me importó qué hiciste con tu vida, gracias por lo que hiciste con la mía”.

Un hombrecito de 1,60 de estatura y cabello enrulado que supo unir a un país, en el cual nos encanta agrietar entre “blanco y negro”, y nos hacía levantar los domingos a las 9 para prender la tele y ver los partidos del Napoli… quien lo hubiera pensado… Napoli…

Creo que la ciudad más Argentina y maradoneana del mundo es Nápoles. Lo puede afirmar todo Argentino que ya sea pase de visita o de larga estadía, se llevara el cariño símil al familiar, simplemente porque el pasaporte indica que es de estos lugares… del mismo sitio que ese morochito que les vistió tantas tardes grises, en las más bonitas e inolvidables, sacadas de un cuento, o mejor dicho de los comics de héroes de Marvel. Una ciudad entera que disfruto durante 7 años de su magia.

Como dijo hoy el cantante Iván Noble “Hoy se nos fue la infancia”; porque Maradona es eso para nosotros: nuestra infancia feliz, nuestra infancia invencible, en donde nos hizo creer que toda hazaña era posible, para un país que vive coleccionando fracasos y tristezas en cualquier rubro de la vida cotidiana a nivel social. Y ahí aparecía el “gurrumin” de la zurda, con la 10 en la espalda, y nos pintaba la cara con su sonrisa, siempre con el puño en alto apretado (saltito incluido).

Todos quisimos imitarlo. Todos jugamos a ponernos esa ropita con la 10 y a intentar hacer esos malabares propios de un extraterrestre.

No hay nene, y posterior jugador en estas tierras, que no hubiera querido hacer sus gambetas, sus rabonas, o sus disparos y acrobacias de circo con la pelota. Creo que este genio fue una musa inspiradora para ellos.

Su desaparición física no hará más que grabar a fuego en el alma esas fotos y recuerdos imborrables, esas que ni siquiera el alemán… ese llamado Alzheimer, puede quitarnos. Creo también, que con esta partida si alcanzará la paz que nunca le pudimos ofrecer. Todavía me acuerdo de esa promesa que le hicieron los chicos de “Perros de la Calle”, un programa radial porteño, en donde querían organizar liberar una cuadra de la peatonal Florida, un día de semana, para que Diego llegara y caminara esa cuadra como un transeúnte más… sin gente que se le fuera como abeja al panal… lamentablemente no se pudo dar, y hasta el último de sus días vivió en un “Truman Show” de su propia vida… Si no me cree, mire el papelón que hicimos, pandemia de por medio, para despedirlo en su funeral.

Hay una frase que dice que uno deja de existir cuando muere la última persona que lo recuerda. En este caso habrá que actualizar la frase, ya que gracias a la tecnología, más que nunca en épocas de You Tube, tendremos la posibilidad de contarles que lo vimos y lo disfrutamos y que siempre se brindó con creces para su bandera y para con sus pares. No conozco un ex compañero o rival que hable mal de él… quizá Peter Shilton, que aún no lo perdona por “la mano de Dios”.

Y si de hablar de sus mejores obras se trata, tengo que decir que siento sana envidia por aquellos hermanos colombianos que vieron en 1980 al Argentinos Juniors de Pelusa versus el Deportivo Pereira. El 10 siempre recordó ese gol a pura gambeta, y la foto del periódico, en donde estaba él a punto de definir, y de fondo aquellos defensores rivales desparramados en el piso.

Para terminar de entender el dolor de su partida (explicada de manera proporcional al amor que sentimos por él) tengo que mencionar cuestiones que exceden lo que pasa en una cancha. Maradona fue la voz de esa inmensa mayoría olvidada, aquellos que creyeron ver en él su propio reflejo del pibe despojado de recursos que alcanza la gloria máxima. Era ese alguien que hablaba por ellos porque era como ellos.

En cualquier lugar donde estés te agradezco por tu compromiso para con los Argentinos; tus goles; tus chilenas; tus gambetas; tus frenos; tus enganches; tus piques… y otro enganche; tus rabonas; tus tijeras; tus festejos de gol; tu sonrisa; tu llanto; tu voz de mando. Ojalá algún día me presten el Delorean de Volver al Futuro, y me permita presenciar algunos de esos momentos en donde el tiempo debiera haberse detenido.

Espero que si te toca volver a reencarnar, lo vuelvas a hacer como argentino y futbolista. Aunque pensándolo bien, también te vamos a disfrutar si lo haces con otra bandera. Y si no te toca ser futbolista, ojala seas alguien que nos ayude a ganar el campeonato Mundial del progreso… así no dependemos del fútbol como único motivo de alegrías.

Cuando suceda tu vuelta, estaremos preparados para tratarte mejor.

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