Doble rasero

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga
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En época electoral, como la que hoy vivimos, es común encontrar críticas sobre aquellas actuaciones de los políticos que algún día fueron contrarias a todo lo que hoy promueven en sus discursos. Esto con el objetivo de comprobar sus incoherencias e inconsecuencias.  No debemos generalizar, pero no nos digamos mentiras: la mayoría de los políticos hoy actúan de esa manera: hoy están aquí y mañana están allá. Nefasta práctica sin duda. Ojalá pudiéramos contar con dirigentes que durante su vida política militaran en una misma línea ideológica sin ir al vaivén de las circunstancias. Pero como eso hoy no es así, la pregunta que emana es: ¿por qué juzgamos con mayor fuerza a unos que a otros?

La más reciente acusación que hicimos, sin faltarnos razón, fue sobre el acercamiento de los expresidentes Pastrana y Uribe, quienes durante años no hicieron sino insultarse, pero ante el propósito común de estar en contra del presidente Santos, decidieron olvidar el pasado y trabajar en conjunto. 

Igualmente, no hemos hecho sino criticar y cuestionar cómo puede ser posible que Enrique Peñalosa, anterior crítico del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, hoy esté dispuesto a sentarse con él y defenderlo en su revocatoria, con el propósito de que el partido Verde tome de una vez por todas la inteligente decisión que ha querido demorar por caprichos propios de aquellos pequeños movimientos con egos más grandes que ellos, de darle el aval de candidato presidencial.

Por su parte, de Martha Lucía Ramírez hoy decimos que no es Conservadora sino Uribista y si tuviéramos que hablar de Mockus diríamos que dejó tirada la alcaldía de Bogotá por irse a una candidatura presidencial. Es decir, de todos algo se dice, porque en el fondo todos han estado dando vueltas según el panorama que les sea más favorable.

Lo que no se entiende es que no se hable con la misma vehemencia sobre los cambios de Juan Manuel Santos, quien ha dado tantas vueltas como ha sido posible, empezando por su primera actuación de política internacional, al sentarse con el presidente venezolano Hugo Chávez, nombrándolo como su nuevo mejor amigo, siendo que tan solo meses atrás despotricaba de él, metiendo en problemas al Gobierno por sus declaraciones como ministro de Defensa. Pero para no ir más lejos, poco o nada se dice sobre su cercanía con Germán Vargas, principal enemigo del proceso de paz, pero asimismo su principal enemigo bajo el gobierno de Uribe. Cómo olvidar esa famosa frase que decía que «solo los estúpidos no cambian de opinión» ante las críticas por sus cambios de parecer. ¿Eso si no es incoherencia? ¿Dónde están las críticas a sus incongruencias políticas?

Sin embargo, más allá de hacer el recuento de los saltos inexplicables que evidentemente dan los políticos, hay que saber que ese es el arte de hacer política, la de aceptar acuerdos, de ceder un poco y reconocer que hay otras ideas que se pueden adoptar por el bien del movimiento al que se pertenece y por el futuro del país que se quiere gobernar. Es como en las relaciones interpersonales, donde hay que aprender que no todo puede ser como uno quiere, no todo se puede imponer, se debe ser generoso y aprender a ceder.

Lo que no puede ser es que como ciudadanos y críticos utilicemos un rasero para unos y otro diferente para otros. Debemos medirlos a todos por igual.

Una cosa más: Qué bueno el proyecto de iniciativa ciudadana Reconciliación Colombia, más allá de la terminación del conflicto los colombianos tenemos que cambiar de actitud y reconciliarnos los unos con los otros.

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