¿Dónde está la plata?

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Por Camila Zuluaga

La contratación estatal en Colombia ha sido, es y seguirá siendo corrupta si no se hacen cambios estructurales en la  mentalidad de los funcionarios públicos y privados que la ejecutan.

Durante los últimos años, la corrupción y los escándalos han sido notorios. Quizás el mayor y de más relevancia fue el de  la contratación en Bogotá, bajo la administración de Samuel Moreno, y que titulamos en los medios “El Carrusel de la Contratación”. Sin embargo, es fundamental  mencionar y aclarar que este no ha sido ni será el único caso de corrupción en el país; es más, ya hemos perdido la cuenta de cuántos hemos vivido.

La corrupción es endémica en Colombia y quien ha tenido negocios con el Estado o trabaja en él sabe que aquí no se adjudica un contrato sin pedir una comisión.  Pero lo sucedido bajo la administración de Samuel Moreno trajo consigo un cambio radical en el modus operandi de la corrupción contractual.

Anteriormente, los dineros de anticipos dados a los contratistas, que eran ganadores de un concurso licitatorio, eran utilizados por los privados  para la iniciación y construcción de la primera fase de la obra adjudicada.  En épocas anteriores también se robaban los dineros públicos, pero estos se sustraían de las adiciones exigidas por los consorcios ganadores, argumentando falta de presupuesto para la terminación de la obra. Sin embargo, al final la obra existía y era casi imposible mostrar que había plata perdida.

Bajo la batuta de los Moreno y por la idea del exsenador Iván Moreno, hermano del exalcalde de Bogotá, esa costumbre  cambió y se empezó a “exigir” que los anticipos fueran utilizados para pagar las comisiones que se reclamaban para entregar un contrato.  Esa fue la razón por la cual en la ciudad contratistas como los Nule no tenían el dinero necesario para terminar los trabajos concertados, pues los dineros habían sido gastados y destinados para pagar la corrupción de quienes les habían adjudicado el contrato.

Lo anterior no es un modelo exclusivamente bogotano; el modelo ilegal de la administración pública se replicó a nivel nacional, ya que muchos de los contratistas protagonistas de este escándalo en la capital poseían contratos en las regiones a nivel nacional.

Hoy observamos  la lenta  actuación de las autoridades y estamos esperando que en la Fiscalía avancen los diferentes procesos de corrupción sobre la contratación. Pero además de eso tenemos una pregunta fundamental frente a lo que está sucediendo con la justicia y este histórico caso de corrupción.

Existen preacuerdos y acuerdos de colaboración con la Fiscalía para dar a conocer las jugadas y cómo se adjudicaban  los contratos. Cosas aterradoras hemos oído de los “ventiladores” de los implicados en estos casos, pero el gran interrogante, el más elemental,  que surge es ¿dónde está la plata? En esas colaboraciones de contratistas y funcionarios nada se menciona de los paraísos fiscales y entidades financieras a donde fueron a parar los miles de millones de pesos, provenientes de los impuestos que cada uno de nosotros ha pagado por el deber de ser colombiano y contribuir con el funcionamiento del país. Por ejemplo,  los señores Nule no han hablado de esa plata ni tampoco lo han hecho los contratistas Emilio Tapia y Julio Gómez. Todos quieren colaborar y se delatan los unos a los otros, pero de la plata poco o nada se dice.

Intentando pensar como estos siniestros personajes,  imagino que en su interior debe estar la idea de “me voy ocho años a la cárcel; por buen comportamiento se me descuentan seis,  y en dos años estoy libre y con el banco a reventar gracias al dinero de la corrupción en la contratación”. A la hora de observarlo y analizarlo se ve que no es mal negocio. ¡Para nada!  Tanto así,  que en algún momento llegó a circular la versión de que el señor Miguel Nule, en diálogos privados, manifestaba estar dispuesto a irse tres años a la cárcel, pero con las cuentas bancarias llenas. Entonces,  ¿por qué la Fiscalía no ha indagado acerca de lo importante?

Los colombianos queremos y necesitamos que los corruptos cumplan condenas por sus delitos, ¡pero que aparezca la plata! No que cumplan con su pena carcelaria y se queden felices rascándose la barriga, disfrutando de lo que se robaron.  Por eso, señor Fiscal, desde este espacio le solicito que se ahonde un poco más no solo en quienes cometieron los ilícitos, sino en que además le entreguen  información detallada sobre la ubicación de los dineros de todos nosotros, los colombianos.

Una cosa más: Lamentablemente en nuestro país no  importa cometer un ilícito e incurrir en una ilegalidad,  sino que la gente se entere de que uno lo cometió. La preocupación no está en ser sino en parecer.

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