EE. UU.: cerrado por pataleta

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Gustavo OrozcoPor Gustavo Orozco

Ahora sí que es claro que los políticos ineptos no son un mal exclusivo del mundo en  vías de desarrollo. La semana pasada, los Republicanos estadounidenses causaron el cierre parcial del Gobierno al rehusarse a pasar el presupuesto de Obama –en violación de su deber fundamental: garantizar el funcionamiento del Gobierno, porque financiarlo no es una concesión ni un compromiso, es una responsabilidad por encima de las preferencias sobre las asignaciones presupuestas.

El llamado “shutdown” comenzó el pasado 1 de octubre. Poco antes de la medianoche, la Casa Blanca emitió instrucciones de urgencia e inmediatamente las agencias federales comenzaron sus preparativos de cierre indefinido. Solo aquellos considerados esenciales se mantienen en sus puestos, mientras que 800.000 empleados federales están ahora técnicamente desempleados.

Obama tiene razón. Los Republicanos no tienen justificación alguna para secuestrar el presupuesto como lo pretenden. Violan principios democráticos y atropellan los derechos del pueblo americano. Han condicionado la aprobación del presupuesto de este año fiscal a la desfinanciación de la reforma sanitaria, o en el mejor de los casos a una demora en su implementación.  Una reforma consagrada en una ley aprobada y sancionada, además.

Es un debate inaudito. Oponerse a una medida que garantizará la cobertura médica de todos los estadounidenses es difícil de entender para muchos observadores externos como yo; sobretodo cuando echar para atrás la reforma sanitaria implica negarle la cobertura a 25 millones de estadounidenses. El proveer cobertura médica universal ni debería ser un tema de debate en un país industrializado del primer mundo. Dejando a un lado los argumentos ideológicos que se esgrimen en EE. UU., me parece egoísta e ilógico.

Los Republicanos continúan alejándose aún más de la realidad del americano promedio –se han vuelto electoralmente ineptos–. Hicieron un cálculo peligroso con la reforma migratoria, jugándoselas por las elecciones legislativas. Pero ahora cuando todos los dedos apuntan en su contra por el cierre del Gobierno, difícilmente podrán escaparse inmunes. Así fue en 1995, año del ultimo cierre, y no aprendieron la lección. Muchos los apoyan en el tema de la reforma sanitaria, pero muchos menos aprueban llegar hasta el  extremo de este “shutdown.”

Lejos de cualquier pragmatismo esperanzador, muchos republicanos callan ante la presión de la facción minoritaria del Tea Party –derechistas fanáticos–, pues prefieren no arriesgar mucho en esta época preelectoral que ya comienza a calentarse. Las cuentas dicen que si la mayoría de republicanos moderados se hubieran pronunciado, el presupuesto habría sido aprobado. Pero la presión del Tea Party ni siquiera ha permitido proceder a una votación sobre el presupuesto.

Un profesor especialista en política americana me decía que la reforma sanitaria que la Cámara trata de imposibilitar es además casi una copia exacta de aquella que ejecutó Mitt Romney como gobernador de Massachusetts. Así que aquí, más que verdaderas razones ideológicas y fiscales, hay de verdad una pataleta política. Indiferentemente del contenido de la ley, los republicanos solo quieren darle un golpe a Obama con su programa estrella. Solo buscan ser la piedra en el zapato y tirarse su gestión. Ojalá les salga caro.

Se rehúsan a aceptar que perdieron. Intentan ignorar que los Demócratas los vencieron en las urnas, que fueron aquellos elegidos por los americanos y que como tales están legitimados para ser el norte de la actividad legislativa y gubernamental. Ignoran la legitimidad del poder de la mayoría y buscan interponerse como una minoría atropellada que no son. Pero ellos lo entienden, solo tratan infructuosamente de probarles a los estadounidenses que se equivocaron. Pero no lo lograrán. El descontento de la gente se debería dirigir contra un partido y unos políticos que imposibilitan la gobernanza. Un partido que muestra que el radicalismo, empacado en distintos colores, también llegó a la tierra del Tío Sam.

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