El Agua: de fuente de vida a mercancía

0

 

Por: Hernando Uribe Castro

Candidato a doctor en Ciencias Ambientales y magíster en sociología

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

 El agua, así como el oxígeno y la tierra, es elemento un central de la compleja trama de la vida en la biosfera. La ciencia dice que el agua se concentró en la superficie planetaria aproximadamente 4.600 millones de años por causa de la lluvia de meteoritos, cuyas partículas poseían cristales de agua, así como también por el vapor que salía del interior del planeta. También, los diferentes pueblos ancestrales dan cuenta de bellos mitos relacionados con su origen y la presencia de la vida en la tierra. Ciencia y mitos coinciden en darle al agua un papel destacado en el surgimiento de la vida.

El agua ha repetido de forma natural e incesante su ciclo a lo largo del tiempo geológico y las distintas especies dependen de ella. Las estimaciones indican que existe un volumen de 1.400 millones de kilómetros cúbicos (Km3). De estos, el 97,2% es agua salada y el 2,8%, (35 millones de km3), es agua dulce (Duarte, 2006:36). El agua dulce se distribuye en: glaciares (69.7%), subterránea (30%) y superficial (0.3%) (Boggiano, 2013).

A lo largo del tiempo, pero sobre todo en los últimos siglos de desarrollo industrial, las prácticas humanas han hecho un uso indebido, intenso y desmedido, al afectar su ciclo natural. Estos usos sociales inadecuados del agua han producido niveles alarmantes de destrucción de las fuentes y caudales. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el consumo de agua en los países industrializados se multiplicó por cinco (5) y la Organización Meteorológica Mundial calcula que hacia el 2025 dos tercios de la humanidad vivirá en “Estrés hídrico” (Sempere y Riechman, 2004). Lluvia, ríos, lagos, océanos y pozos han sido afectados por la alta tasa de contaminantes utilizados en actividades agrícolas, mineras, ganaderas, industriales y comerciales. Para descontaminarla y volverla potable, algunas sociedades inyectan gran cantidad de químicos que son, muchas veces, nocivos para la compleja trama de la vida. Solo imaginen la cantidad de mierda que llega a los cuerpos de agua. Mierda que sale de cuerpos de gordos que tragan sin control y que tienen esa barriga como la bodega de un Logan. Que cagada. Es más, ya existen experimentos de obtener agua, sacándola de la mierda a través de un lento proceso de “sudoración” del excremento. Cosa escatológica diría el senador Gerlein.

El Informe de las Naciones Unidas sobre los Recursos Hídricos en el Mundo de 2015 dice que el crecimiento demográfico condiciona la demanda mundial de agua (en el mundo existen 7.496.306 500 personas); la urbanización exige más agua para las ciudades (El Banco Mundial estimó que en el 2015, el 53,8% de la población era urbana); los procesos macroeconómicos como la globalización del comercio aumenta el consumo de agua (Word Economics en 2014 señaló que entre 1960 a 2012, el producto interior bruto mundial aumentó un promedio de un 3,5%): “Se prevé que la demanda mundial de agua aumente un 55% en 2050, debido principalmente a las crecientes necesidades de la industria, la producción térmica de electricidad y el uso doméstico” (2015:3). La UNESCO señaló que este crecimiento ha tenido un coste social y ambiental significativo, sobre todo en una mayor demanda de agua dulce. La UNESCO prevé que “en 2030 el mundo tendrá que enfrentarse a un déficit mundial del 40% de agua (2030 WRG, 2009).

Algunas corporaciones globales y elites económicas, que tienen la capacidad de decidir sobre los pueblos, se han dado a la tarea de usufructuar el agua en beneficio propio. Sacarle rentabilidad al convertirla en una mercancía para producir acumulación de capital. En Colombia, por ejemplo, sin mencionar los casos críticos de La Guajira y el Casanare, existen regiones como el valle geográfico del río Cauca en donde existe una inequidad en su distribución y uso.

El documento CONPES 3624 señaló que el río Cauca es la principal arteria fluvial del occidente colombiano. Expresa que en el Valle del Cauca, “el 75% del consumo de agua se destina para uso agrícola, seguido por un 14% para uso industrial y un 9% para uso doméstico” (CONPES, 2009:9). A pesar de esta inequidad, en momentos de sequía el Gobierno exige ahorro y aplica políticas de racionamiento al uso doméstico y no a los sectores agrícolas, en especial a los ingenios azucareros.

El Decreto número 1729 de 2002, artículo 4, punto 3, establece que “en la utilización de los recursos hídricos, el consumo humano tendrá prioridad sobre cualquier otro uso y deberá ser tenido en cuenta en la ordenación de la respectiva cuenca hidrográfica.” Y en el punto 4 establece: “Prevención y control de la degradación de la cuenca, cuando existan desequilibrios físicos o químicos y ecológicos del medio natural que pongan en peligro la integridad de la misma o cualquiera de sus recursos, especialmente el hídrico”.

Esta inequidad en la distribución y uso del agua produce conflictos ambientales. Por ejemplo, por más de 50 años, la gente de Villagorgona (Candelaria) vivó sin acueducto. Pero también existen conflictos en Florida, Pradera y, recientemente, en Roldanillo. Terratenientes e ingenios cultivadores de caña de azúcar afectaron el sistema de humedales y las fuentes hídricas en este territorio. En 2015, la Laguna de Sonso (recientemente incluida en RAMSAR) fue afectada por propietarios privados (cañeros). El proceso expansivo de la urbanización de Cali hacia el sur y hacia sectores como el río Pance, conlleva consigo una fuerte presión sobre las fuentes de agua para abastecer el mercado inmobiliario.

El panorama de la inequidad de distribución, uso y acceso al agua fue y será parte de los conflictos ambientales presentes en esta región, mientras no se vislumbre un cambio transcendental en el modo en cómo se lleve a cabo una política de equidad y derecho del agua. Una política que haga del agua, un elemento importante para la lograr la sustentabilidad de la vida. Son las comunidades más vulnerables y marginadas, así como los ecosistemas y su biodiversidad, los que están pagando el alto costo de la destrucción y el usufructo de este importante líquido.

A pesar de que en Colombia existe una fortalecida política de protección del ambiente y sus ecosistemas, ésta parece quedar en “papel mojado” a la hora de llevarse a la práctica. Son las comunidades, la academia y la sociedad civil en general, las responsables en exigir y reclamar los derechos de la vida y del ambiente, así como denunciar y demandar las acciones que conllevan a la destrucción de los componentes centrales de la trama de vida en sus lugares de vida y del planeta.

No podemos olvidar que tanto para la especie humana, como para el conjunto de la vida en el planeta, el agua hace parte de todas las dimensiones de la existencia.

 

Comments are closed.