El alto costo de la popularidad

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Por Luz Adriana Betancourt
Por Luz Adriana Betancourt

Por Luz Adriana Betancourth

Twitter: @Luzbeta

No se puede negar: todos sufren cuando se publican las encuestas y el veredicto del público dice que su popularidad va en caída. Al comienzo, con cierto aire de dignidad, dicen “yo no gobierno por encuestas”, pero después de dos o tres informes que indican que su imagen no levanta, empiezan a hacer cambios de estrategia y después de jefe de prensa, o asesor de imagen o director de comunicaciones, en fin, como quiera que le llamen al “supuesto culpable” de la baja popularidad entre sus gobernados.

Lo nuevo es que el alcalde Rodrigo Guerrero está estrenando asesora de comunicaciones, y es posible que los ciudadanos caleños comiencen a percibir la administración municipal de otra forma.

Para quienes no están inmersos en el mundo de las comunicaciones, explico que el alcalde tiene dos cargos complementarios en este tema: un comunicador que asume el envío de la información que se genera por las acciones del equipo de gobierno municipal, para que la reciban los periodistas, la valoren según sus criterios y posteriormente la comuniquen a los ciudadanos. Y en el otro cargo se encuentra una comunicadora encargada de diseñar estrategias que proyecten una imagen positiva de Cali dentro y fuera de la ciudad.

Y lo que parece insignificante, que hablen bien del alcalde o que los ciudadanos piensen que la ciudad tiene un buen gobierno, ha resultado dificilísimo. Muchos suponían que Rodrigo Guerrero tendría una imagen muy favorable por tener la experiencia de gobernar (su primer periodo como mandatario local fue de 1992 a 1994), por haber sido concejal recientemente (por lo tanto, suponíamos que iba a saber dominar el ímpetu de los concejales de Cali), por provenir del sector privado y fundacional sin aspiraciones políticas futuras (lo cual se debería valorar como una cualidad que lo libra de ambiciones “polítiqueras”) y porque armó un equipo de gobierno con hojas de vida que denotan méritos para hacer gestión técnica. Pero un año después ha quedado demostrado que esos cuatro aspectos no son inspiración para los ciudadanos.

Entonces, ¿qué valoran los gobernados? Pues algo elemental, que por ser tan sencillo parece que no alcanza a ver el alcalde Guerrero, quien llegó a su segundo periodo de gobierno con metas más altas como “sanear” las finanzas de la ciudad, ofrecer calidad educativa, terminar las Megaobras y mejorar la seguridad ciudadana, entre otros planes propios de cada secretaría de la administración.

Lo elemental a veces es esencial y otras veces es ridículo. Veamos dos ejemplos para comparar: si el nivel de desempleo en Cali fuera inferior y 170.000 personas no estuviesen sufriendo por ahí, mostrando inevitablemente su preocupación por sobrevivir, la percepción ciudadana sería que mejoramos en este gobierno, porque habría menos indigentes, menos niños en la calle y menos vecinos o familiares pidiendo plata prestada.

El empleo es esencial y aunque su aumento no es potestad del Alcalde, la gente al ver los semáforos llenos de limpiaparabrisas, vendedores, limosneros y atracadores, pues obviamente piensa que no hemos mejorado, que seguimos igual. ¿Y cómo responden la encuesta? “Estamos mal”.

El otro ejemplo, que me da hasta pena comentarlo por ridículo, pero es una inspiración que funciona, es el discurso populista. Nos hemos acostumbrado a sentir lástima por nuestros gobernantes, ¡quién lo creyera! En lugar de que el mandatario y su equipo, con sueldos alrededor de $10 millones, sientan pesar de los ciudadanos desempleados, pobres y “medio pobres”, resulta que es al revés (aclaro, no sé exactamente cuánto ganan, pero calculo guiada por los sueldos de la gobernación que sí los conozco). Y justo los más pobres son los que se dejan llevar por frases prefabricadas con fines políticos, tales como “soy víctima de un sector de alta alcurnia de la ciudad que no quiere que alguien de abajo gobierne”.

El problema visto desde esta óptica es que Guerrero no inspira lástima ni tampoco ha creado programas de “rating popular” como el Plan Talentos, con el que miles de jóvenes que estaban sin esperanzas de estudiar o trabajar ingresaron a un semestre de nivelación en la Universidad del Valle, aunque solo el 10 % (o menos) clasificó para estudiar una carrera.

Jorge Iván Ospina cuando fue alcalde supo sintonizarse con algunas necesidades de miles de sus gobernados y hasta rap le montó al show del lanzamiento de dicho plan, con la artista Cinthya Montaño.

Claro que entender las problemáticas sociales no significa que el gobierno sea efectivo, porque Ospina también convocó a miles de desempleados para que hicieron fila en la manzana del edificio Centro Cultural de Cali, con la promesa de que les iba a conseguir 200 cupos para trabajar recogiendo frutas en España, pero las colas fueron en vano porque ninguno viajó.

También fue en vano el show que hizo el alcalde anterior cuando visitó con cámaras y periodistas las filas de una de las pirámides para advertir a quienes ahí depositaban su dinero que esa modalidad de inversión era insegura y no había garantías de recuperar lo suyo. En mi opinión, si hubiese querido evitar la estafa, debió haber llegado con policías y una orden para cerrar el establecimiento por no cumplir con la reglamentación del sector financiero.

Pero bueno, con ofertas educativas masivas para ingresar a la universidad, con ilusiones de empleo, con obras reales que requerían mano de obra, con megacolegios en barrios donde abundaban salones improvisados en antiguas casas, con un plan de jardines que embellecieron a Cali, y “cacareando” todo eso a los cuatro vientos a través de grandes inversiones en publicidad en casi todos los medios de comunicación, Ospina terminó su mandato con un 71 % de favorabilidad.

A mi me encantaría que el actual alcalde de Cali lograra un mejor nivel de aceptación entre los ciudadanos. Y sí se lograría en la medida en que los caleños consigan oportunidades de empleo y de estudio, que puedan sentir que su vida mejora por las vías legales, que vean sus barrios con buenas vías, que el transporte público sea eficiente, que puedan ir a centros culturales y deportivos de buen nivel, que no sufran hambre porque serán atendidos en comedores comunitarios y que todos podamos salir a pie o en vehículo sin miedo de ser atracados.

La popularidad se puede conseguir con falsas ilusiones, pero el alcalde Guerrero no es hombre de engaños; por lo tanto, se le hace difícil el camino para sintonizarse con sus gobernados, quienes en su gran mayoría están llenos de necesidades que el Estado debe resolver para evitar que sigan ganando espacio los traficantes de droga, las bandas criminales y las maquinarias politiqueras que ya están haciendo planes para retomar el poder.  

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