El baño de la red

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Mabel LaraPor Mábel Lara

@MabelLorenaLara

Pullas, ofensas, resentimientos, odios y hasta amenazas por estos días se lee en la famosa red social Twitter, que hoy tiene en el mundo más de doscientos millones de seguidores, logrados en sus siete años de vida.

La historia comenzó como una iniciativa empresarial fallida  de manos de un grupo de creativos norteamericanos que tras el fracaso reacondicionaron el sistema y crearon uno de los medios de comunicación más interesantes y polémicos de la historia reciente del mundo.  En  América Latina el pajarito azul apareció en 2009, y día a día sigue acrecentando su número de seguidores.

Funciona como un microbloggin, un espacio personal donde usted con pocas palabras, 140 caracteres, habla, discute, plantea y si es su estilo  insulta a quien se encuentre en su red de contactos.

Y este es quizá el sentido de esta columna. Twitter desnuda su pensamiento, desde allí usted puede identificar en una persona su tendencia ideológica, su nivel de escolaridad; lo profundo, cursi, culto o burdo que es; se puede ilusionar o desinflar. En mi caso como “twiteradicta” sorprende la cantidad de personas documentadas que chivean, señalan, juzgan a los periodistas y a los medios de comunicación, que presentan nuevas versiones y cambian las agendas noticiosas, logrando así un espacio en las emisiones diarias y nutriendo el ejercicio profesional con uno que otro jalón de orejas.

Pero esta poderosa arma de democracia informativa y de conversación se enrarece cuando desde el anonimato se hace persecución o matoneo o, peor, se refleja el odio que llevamos dentro. El mejor ejemplo lo dan nuestros gobernantes con su ejercicio en la red: insultos, señalamientos y palabras subidas de tono se han convertido en el pan de cada día.

No cae bien leer a un ministro o expresidente pasar la línea de la prudencia y hablar con adjetivos que atacan y demeritan a sus contrincantes como un cuadrilátero con golpes bajos, contragolpes, asaltos o nocauts. La vida privada está pasando las fronteras y llegando a lo público y lo público se está ejerciendo sin responsabilidad en las redes sociales. Nos estamos quedando sin argumentos para sancionar o señalar a aquellos usuarios que han convertido a la red en literalmente todo un baño público (frase que recientemente le escuché a un colega) cuyos principales usuarios son nuestras figuras públicas.

Si hoy usted quiere conocer qué clase de país es el nuestro bien puede remitirse a Twitter, allí encontrará quiénes son nuestros políticos, de qué hablamos los colombianos, cuáles son nuestras torturas,  nuestras miserias y nuestras banalidades.

Partiendo del argumento de que son mejores veinte trinos violentos que una bala, sería interesante analizar qué tanto daño hacen esos trinos tóxicos en un país acostumbrado al desangre, a la tortura, la persecución, a la violencia e, incluso, a la muerte.

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