El Bulto

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Por Patricia Suárez

Narración breve, ficción y realidad, dos personajes indefensos que se contraponen en preguntas y respuestas cuya síntesis nos confirma la precisión de los hechos que en el absurdo y el azar viven en descarnado realismo… y con ello, nos impacta desde su estructura cerrada y dramática.

 Señorita; frente a mi casa hay un bulto con manchas de sangre, es un bulto grande, y por favor vengan pronto, antes de que los perros rompan el costal y lo que hay adentro se salga… No señorita, no estoy gritándole, sólo aterra levantarse y ver al frente de la casa donde uno vive un bulto como ese…

-Doña Carmenza la sirena, llegaron, llegó la policía.

-Bendito y alabado sea el Santísimo.

-De una camioneta de color gris se bajaron cinco hombres, a los pocos minutos llegó un Fiat amarillo, total diez personas, el del Fiat, hombre de baja estatura, obeso, de cara enrojecida como los hombres que beben en exceso, sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón en el momento de desatar el lazo que cerraba el bulto; el obeso y uno de los uniformados miraron el interior, con gesto rápido el señor retiró la cara y se limpió el sudor; saco un metro y con ayuda de uno de sus subalternos midió el lugar donde se encontraba el bulto, luego recogió un poco de tierra, un civil hizo algunas anotaciones, los uniformados llevaron el bulto a la camioneta, y se marcharon.

-Señora, vamos a rezar por el alma de ese pobre hombre.

-¿Cómo sabes que es un hombre?

-Pues no lo sé pero imagino.

-No, si hoy por hoy hombres y mujeres están en todas partes y en todo tipo de actividades, ¡Ay! Que Dios nos ampare y nos favorezca…

-Doña Carmenza no puedo dormir tengo miedo, que tal a esa anima le toque penar justo aquí al frente y para hacerlo, tenga que entrar por la casa.

-No hables tonterías y ponte a rezar un rosario a la Virgen del Socorro; pídele con todo fervor que te ahuyente esos pensamientos.

-Doña Carmenza hay alguien tocando en el portón.

-¿A esta hora quién podrá ser?

-No abramos, que tal que sea un ladrón.

-Asómate por el postigo y fíjate quien puede ser.

-Es un señor muy alto y está con otros, me dice que abra pronto, que tiene que tomar declaraciones sobre lo del bulto, le pregunté sino podría ser de día y no tan noche, me dijo no, abra pronto, le dije que esperara que iba avisarle a la señora y a traer las llaves.

-Qué extraño, pero de todas maneras nosotros somos personas decentes y no tenemos que ocultarnos de nada ni de nadie, ve pronto por las llaves y hazlo pasar a la salita donde esté el teléfono.

-Aquí va a ocurrir algo.

-Siempre con tus malos augurios; ¿cuándo dejarás de ser tan rara?

Un grito ahogado y un bulto pesado que cae al suelo, luego otro grito…

Diciembre treinta, en la carrera 19 un cordón de policías rodea la casa de una anciana que ha sido asesinada en compañía de la muchacha del servicio; se presumen que hayan sido ladrones, se sospecha que pudo haber sido un enamorado de la empleada, pero hasta ahora no hay una pista seria que pueda orientar a las autoridades. Mientras los cuerpos son sacados en bolsas de polietileno, allá en la estación de policía se oye el rin rin del teléfono y la voz de alguien que pide: manden una radio patrulla pues en el basurero un pobre loco de esos que pululan por las calles, está dando gritos de terror por el cadáver de un hombre joven que tiene las manos atadas a la espalda, no tiene uñas y le han disparado un tiro en la cabeza. Por favor señorita que venga pronto la policía…       

Los hechos se presentan en contra de lo previsible, en ellos se genera un efecto sorpresa que sorprende al lector con un suceso que no espera que ocurra.

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