El campesinado en Colombia, un asunto de abandono y olvido

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GUIDO-HURTADOPor Guido Germán Hurtado Vera

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, Cier.

Universidad Autónoma de Occidente.

 

El historiador británico Eric Hobsbawm escribió en su libro Historia del Siglo XX “El cambio social más drástico y de mayor alcance de la segunda mitad de este siglo, y el que nos separa para siempre del mundo del pasado, es la muerte del campesinado”. Si no fuera una insinuación, se trataría de una imagen luctuosa. Los campesinos no fallecieron, los desplazaron. Y otra vida inició para ellos.

Agonizó el campesinado como fuerza histórica, como actor social, pero fundó otro tipo de sociedad. Unos se convirtieron en jornaleros o servidores en el propio sector rural. Crearon un nuevo sistema de relaciones sociales. Los otros pasaron a obreros de fábricas, a marginados urbanos. Arrastrando consigo una cultura antigua de convivencia y, con ella, se ubicaron en la marginalidad física e imaginaria de la ciudad.

En Colombia, el campo ha sido un espacio de violencia, pobreza y reformas fallidas. Según datos del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) de la Universidad de los Andes, el 94% del territorio es rural y el 32% de la población vive allí. Actualmente el 77% de la tierra está en manos de 13% de propietarios, pero el 3,6% de estos tiene el 30% de la tierra. De esta manera, la concentración de la tierra y la desigualdad en el campo han crecido en la última década.

Al mismo tiempo, el 60% del empleo rural es informal. El 83% de la población rural está en el régimen subsidiado de salud. El 55% de los campesinos pobres nunca ha recibido asistencia técnica. El 11% no tiene vivienda y el 16% tiene vivienda en mal estado. El 85% de la población carece de alcantarillado. El crecimiento del PIB rural en la última década fue de 2,8%. El ingreso promedio de un campesino era en 2009 de $220.000, mientras en la ciudad el ingreso promedio alcanzaba los $668.000. El analfabetismo es del 18,5%. El 60% no tiene agua potable.

El índice Gini rural, que mide la desigualdad, pasó de 0,74 a 0,88. La mayor concentración de la tierra está en Córdoba y Caquetá. La mayor desigualdad está en Antioquia y Valle. La mayor concentración de la propiedad está en las zonas ganaderas y en las que se explotan recursos naturales.

Durante los meses de agosto y septiembre del 2013, se registró en Colombia el Paro Nacional Agrario. Las causas, entre otras, fueron: los altos costos de insumos agrícolas, los bajos precios de compra de productos para consumo interno y exportación, la prohibición por parte del gobierno nacional sobre el uso de semillas nacionales, también el rechazo del sector cafetero en el no pago de bonificaciones del producido que recibía por parte de la Federación Nacional de Cafeteros. En él participaron cafeteros, arroceros, paneleros, paperos, cacaoteros, productores de leche y de algodón, así como los ganaderos, junto a los sectores de la salud, los camioneros y los mineros artesanales. El paro se levantó el 12 de septiembre de 2013 con un acuerdo que no cumplió el Gobierno.

Por esto último, el 28 de abril del 2014 se inició otro Paro Nacional Agrario. En el transcurso de los días se podrá ver que tan general es, y si tiene proporciones similares o distintas a las del año pasado.

La frase Hobsbawm sirve para comprender que tal vez los campesinos en Colombia no han muerto, pero sí es posible que estén agonizando gracias al modelo neoliberal. Las cifras sirven para comprender que más que pobreza en el campo colombiano, hay miseria. Además, para revelar las razones de por qué los campesinos tienen que protestar del modo como lo hacen. Para desmitificar ese imaginario que detrás del Paro Nacional Agrario están siempre azuzando guerrilleros y fuerzas oscuras. Pero ante todo, para mostrar que la situación de los campesinos y del agro en Colombia es el resultado de décadas de abandono y olvido por parte de los gobiernos de turno.

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