El colombiano que más goles ha cantado en los mundiales

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Rafael Araújo Gámez ha ido a nueve mundiales y en Brasil cumplirá el décimo. Desde el año 1974, cuando debutó en Alemania, sólo ha faltado a uno, el de Sudáfrica 2010. Estas son algunas de las mejores anécdotas del narrador que Colombia consagró.

El vibrador de América aún narra los partidos del Cali y del América, aunque ya no con la explosión de recursos que se le escuchaban a su voz. Ahora está dedicado a escribir libros de novelas y poemas
El vibrador de América aún narra los partidos del Cali y del América, aunque ya no con la explosión de recursos que se le escuchaban a su voz. Ahora está dedicado a escribir libros de novelas y poemas

Como si se tratara de una especie de tradición, casi con una obligación propia de asistir a los mundiales, el nombre de Rafael Araújo y sus célebres transmisiones se han escuchado en casi todos los rincones más importantes del planeta. Cuando no fue con Mao, fue con Hernán Peláez o con Óscar Rentería Jiménez, este último el comentarista con el que hace llave ya desde hace más de cinco años en el denominado Supercombo del Deporte de los 1200 am en la frecuencia radial de Cali.

Desde allí, este samario se ganó a los caleños. Pero antes estuvo en Todelar, y en Caracol Radio, donde fundó el Combo Deportivo de Caracol junto a Mario Alfonso Escobar y Óscar Rentería Jiménez, pasó por el Grupo Radial Colombiano y por RCN Radio. El eco que retumba de los goles que canta, ahora con menos explosividad que antes, fue escuchado en todo el país, y fue una de las únicas voces que logró controlar el público de un estadio lleno como el Pascual Guerrero en sus mejores épocas.

Su amigo y socio, el doctor Mao, lo bautizó como el narrador que Cali consagró, luego del paso al Grupo Radial Colombiano: “cuando yo decidí irme para el Grupo Radial, pensábamos nosotros que volver a conquistar la sintonía iba a ser difícil. Cuando me pasé de Caracol y narré mi primer partido, todo el mundo en el estadio volteaba a mirar a la cabina porque me veía y me oía en una nueva emisora. Fue tanto el impacto que a Mao se le ocurrió ponerme <<el narrador que Cali consagró>>”.

Otro de sus toques personales era la forma de cantar el gol, que antes –y aún persiste en algunos narradores- consitía en el tradicional grito tendido de “goooooooooooooooooooooool”, en una exclamación que podía durar uno que otro minuto. Para diferenciarse, Rafael llegó a Cali luego de innovar con una técnica que aprendió de un narrador de Brasil.

“Eso lo saqué de un narrador brasileño que me mostró un amigo mío, costeño, abogado, José Pepán. Un día que nos estábamos tomando unos tragos luego del Mundial del 70, me enseñó un long play donde había un narrador que cantaba: “gooool de Brasil… Brasil… Brasil…” pero repetía lento la palabra, así que lo que hicimos fue repetir el equipo más rápido, y nació el popular “Cali-Cali-Cali-Cali-Cali” y “América-América-América-América” por los cuales luego Mao le pondría el segundo apodo, esta vez, el de <<el vibrador de América>>”.

Cantante de vallenatos, lector empedernido de novelas policíacas, escritor de poemas como pocos más, tiene entre otras virtudes la voz, el tono y la velocidad para imprimirle su sello a cada transmisión. Cuando venía un centro a las dieciocho con cincuenta, Araújo resolvía casi como recitando un trabalenguas: “viene un centro por elevación a la guerra, a la cueva, a la olla, a la pelea…”

Y cuando se cumplían los 30 minutos de cada tiempo, salía a relucir la frase de “Faltan treinta, faltan treinta, treinta, treinta minutos quedan quince por jugar” o la de finales del partido: “cinco minutos, faltan cinco, faltan cinco, faltan cinco minutos”, acompañado del corre, corre reloj que se inventó el día en que el Deportivo Cali le ganaba a River Plate en el Monumental con gol de Willington Ortiz. Restaban menos de diez minutos para terminar y el 0-1 persistía pese al asedio de los argentinos, y entonces Rafael, inspirado por ese fervor local que siempre le ha acompañado, quiso adelantar casi espontáneamente en su narración el tiempo, al cual apuraba al ritmo de las pulsaciones del partido.

El mejor mundial

Vivir la experiencia del primer mundial, a los 32 años en Alemania 74, fue para el narrador samario uno de los mejores momentos de su carrera como locutor.

“En el año 74 fuimos con Caracol Radio, un equipo que tenía a Armando Moncada Campuzano, Hernán Peláez Restrepo, Roger Araújo y yo. Para Armando, quien era el narrador de Bogotá, y Hernán Peláez el comentarista de allá, les dieron un lado de las ciudades de Alemania. A ellos les tocó el norte y a nosotros el sur. Ese era mi primer mundial.

“Nosotros no llevábamos equipos de transmisión. En Bogotá no nos dijeron nada, porque allá en Alemania decían que nadie debía llevar, los equipos los ponían ellos. Cuando llegamos a la cabina con Roger, comenzamos a probar micrófonos y la señal. Yo decía: “Colombia, Colombia, 1, 2, 3… ¿Me escuchan?” y uno empezaba a modular para Bogotá. En ese tiempo la transmisión de radio se hacía por conexiones, entonces ese sonido iba por decir algo a Berlín, de Berlín a Nueva York y de Nueva York a Bogotá. Como no escuchábamos nada, resolvimos comenzar a transmitir porque de pronto ya estaba llegando la señal, así que saludamos y comenzó la previa del partido.

“Cuando llevábamos una hora llegó un tipo de barba, flaco, mono con aspecto alemán, que se paró en la puerta de la cabina y se reía. Como yo hablaba algunas palabras en inglés, le pregunté de qué se reía, y me respondió que todavía no estábamos conectados. Llevábamos una hora dizque transmitiendo en el previo del partido, porque nosotros llegábamos tempranísimo”.

En los siguientes, el idioma dio una mala pasada, y cuando se debía narrar un partido con China, Irán o Arabia, el reto era mayor. Con la astucia que ya para entonces había hecho famoso a Araújo, tomaba las alineaciones más complicadas de pronunciar tal cual se las daban en un papel, y armado del valor de colombiano que no se vara, se las arreglaba para hacerse entender con periodistas del país que iba a jugar para que le explicaran la pronunciación de cada uno de los jugadores. De todos tomaba apuntes, y sólo era cuestión de cinco minutos de juego para que ya los tuviera a todos identificados sin problema.

“Me fue tan bien con ese truco que hice que en varios mundiales me pusieron a transmitir la mayoría de los partidos complicados de nombrar”, agrega.

Con la mano de Dios y Carlos Salvador Bilardo

El técnico argentino se hizo amigo cercano de los narradores y comentaristas caleños en su paso por la dirigencia del Deportivo Cali, entre 1976 y 1979. También cuando dirigió a la Selección Colombia en el 81.

Una de las mejores experiencias de Araújo Gámez estuvo en el Mundial de México 86, cuando entrevistó junto a Mao en exclusiva al propio Carlos Salvador Bilardo, minutos después de proclamarse campeón del mundo
Una de las mejores experiencias de Araújo Gámez estuvo en el Mundial de México 86, cuando entrevistó junto a Mao en exclusiva al propio Carlos Salvador Bilardo, minutos después de proclamarse campeón del mundo

Producto de esa cercanía, Araújo cuenta su propia historia en el Mundial del 86, ese mundial de la mano de Dios y el mejor gol de la historia del fútbol, ambos de Maradona, el hombre más excepcional del fútbol que haya visto el narrador.

“Yo narré el partido Inglaterra-Argentina, de la mano de Dios, y me tocó el último partido del Mundial. Ese día transmitíamos en el estadio Azteca arriba, en la punta donde estaban las cabinas, y cuando Argentina quedó campeón mundial le dije a Mao:

-Vamos a entrevistar a Bilardo

-¿Entrevistarlo? Pero si él está allá abajo celebrando, qué va a venir…

«Allá arriba se nos coló un tipo de la barra de Bilardo al que le decían “cacho”. A él le pedimos que bajara y le dijera a Bilardo que subiera para que nos diera una entrevista para Colombia. A los 15 minutos estaba Bilardo en la cabina y la gente y los periodistas de otras cadenas querían también agarrarlo, pero él fue sólo a donde nosotros estábamos.

«Tiempo después, el propio Bilardo nos contó que él estaba celebrando con los jugadores abajo en la cancha cuando ‘cacho’ le dijo: “Allá te están esperando los periodistas de Cali, tus amigos Mao y Araújo, andá”.

«Cuando el técnico estaba saliendo de la cancha para subir, Grondona, el presidente de la Federación (Argentina de Fútbol) se le acercó y le preguntó: “¿para dónde vas si la celebración está acá?, y este le respondió: “voy a una entrevista con unos periodistas colombianos que son mis amigos”, y subió a darnos la entrevista, que salió para RCN, donde estábamos en esa época.”

Sobre el América

«En los tiempos de Falcioni, decían que a él no le gustaba estar en Cali, así que yo lo miraba con cara de enojado siempre, con una mirada torva, y él lo notó. En esos días le dije a un colega que me habían dicho que Falcioni no estaba a gusto en Cali, y yo decía que como su apellido, era un tipo falso.

«Una vez me llamó él mismo y me confrontó, me dijo que estaba equivocado. Me dio todas las explicaciones del caso y mantuvimos una relación cordial. Le pedí que siguiera tapando tan bien como lo venía haciendo».

Con recursos como la repetición sucesiva del equipo, o del tiempo, del niño llorando acompañado por un “no hay tiempo de llorar”, en el Pascual Guerrero ha sido Rafael Araújo Gámez uno de los narradores con más audiencia
Con recursos como la repetición sucesiva del equipo, o del tiempo, del niño llorando acompañado por un “no hay tiempo de llorar”, en el Pascual Guerrero ha sido Rafael Araújo Gámez uno de los narradores con más audiencia

Sobre el Deportivo Cali

«Pancho Villegas era un técnico argentino que hizo campeón al Cali tres años. En ese tiempo, América tenía un jugador de apellido Romero y Brasil acababa de ser campeón del Mundial con Rivelino, que era zurdo. En las transmisiones, cuando jugaba el América yo narraba: “ahí va con la pelota Romero, la tiene, avanza Romero <<la zurda de oro>>” y entonces Pancho Villegas me llamó y me dijo: “Rafael, si Romero es <<la zurda de oro>> de qué carajos es la de Rivelino…”

Sobre los apodos

A Rafael Araújo no sólo se le atribuye la innovación en la narración, también en los apodos. Le puso sobrenombre al Pony Maturana, el Pitufo de Ávila, la Fiera Cáceres… Eran tiempos en que los apodos resaltaban condiciones físicas del juego de los atletas.

Uno de ellos, el Pony Maturana, abordó a Araújo en un restaurante de la tradicional Avenida Sexta, cuando este lo saludó por su apodo. En ese momento se le acercó y le dijo:

-Rafael, hágame un favor, le pido que no me diga más así porque me está comparando con un caballo.

– ¿No te gustó?

– No, no me gustó. No me diga más así.

– Ah bueno, no hay problema.

Mentira. Siguió diciéndole en los próximos partidos el Pony, y otro día se encontraron de frente de nuevo. Rafael temió un nuevo reclamo, pero en lugar de saludarlo, Maturana le dijo: “ya sé, déjelo así pues…”

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