El concepto de lo público en la reconstrucción de la sociedad en Colombia

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GUIDO HURTADO 2.0Por Guido Germán Hurtado Vera

Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

La crisis manifiesta de la sociedad colombiana no es fortuita. Se trata, por el contrario, de un fenómeno íntimamente relacionado y casi determinado por el proceso de construcción del Estado-nación durante los siglos XIX y XX. A partir de esta afirmación expongo el siguiente juicio: el conflicto que afrontamos hoy no se resuelve desde la solitaria negociación de conflictos parciales; para ello se necesita de algo más profundo como la construcción y consolidación del concepto de lo público.

Para dar fuerza argumentativa a lo anterior acogeré dos ideas teóricas que explican el concepto de lo público. La primera, de la filósofa alemana Hannah Arendt, conocida como “la virtud cívica”. La segunda, del filósofo alemán Jürgen Habermas, esbozada como “la esfera pública”. El propósito de estas líneas es dar cuenta de la necesidad urgente de comprender y justificar el concepto de lo público en nuestras sociedades, para pensar y proponer caminos hacia la superación de la crisis.

La primera concepción sobre la virtud cívica está centrada alrededor “del autodescubrimiento y la autorenovación del individuo a través de su lenguaje”. Ese individuo que dialoga, que discute, que argumenta junto con otros individuos permite ir construyendo un mundo común, donde todas las ideas e iniciativas tienen sentido. Este mundo común es la esfera pública. Las actividades que los individuos desarrollan en esta esfera son la base para la constitución de la vida política de una sociedad.

Lo público es conceptualizado como “un espacio que permite que las acciones y las palabras de los individuos sean mutuamente reconocidas por todos y, en ese sentido, la diversidad, la pluralidad humana cobra toda su dimensión”. Destruir ese espacio público, plural, supone e implica la destrucción del mundo común. Así, la esfera pública presupone una pluralidad de individuos desiguales por naturaleza, que son, sin embargo, construidos como iguales políticamente.

La segunda concepción, Habermas, define la esfera de lo público como “un espacio conformado por sujetos capaces de argumentar racionalmente y en condiciones de igualdad de participación”. El surgimiento de la esfera pública acompaña la emergencia de la sociedad civil como ámbito diferenciado del Estado. Así, la noción de sociedad civil es básica para el análisis de la esfera pública de Habermas. El concepto de espacio público está directamente vinculado al ámbito de la sociedad civil; es más, el surgimiento de la esfera o de las esferas públicas sólo es posible históricamente con el surgimiento de la sociedad civil.

A partir de lo anterior, la idea es comprender que lo público es el espacio de una tradición que se institucionaliza y tiene vida normativa socialmente para la deliberación, el debate y el cotejamiento  entre intereses privados y colectivos. Esta tradición abarca el conjunto de normas, conductas, valores y comportamientos aplicados para la tramitación de diferencias y conflictos de intereses y la celebración de acuerdos.

El proceso de construcción de lo público va acompasado con el desarrollo de la sociedad civil en cuanto proceso de responsabilidad y organización de los ciudadanos para articular públicamente sus intereses y para definir y promover intereses colectivos mediante la deliberación, la reflexión y la participación. En Colombia hay tradiciones que pueden servir para lo sustentar lo público, pero la violencia y los intereses particulares que se argumentan como público y colectivos impiden su consolidación.

La participación ciudadana refleja en el fondo el cambio de actitud de los ciudadanos en asumir el papel de actor responsable en la definición y realización de los intereses de la colectividad, en lugar de esperar pasivamente a que el Estado se encargue de ello. Es decir, hace referencia a la participación de los grupos sociales en la vida colectiva y el tamizaje hacia los intereses colectivos o públicos, que no son los estatales.

De esta manera, si la democratización incluyente y deliberante es condición obligatoria para la construcción, el enriquecimiento y la renovación de lo público, es igualmente obligatorio que nuestros gobernantes avancen decididamente en el desmantelamiento de las causas objetivas de la exclusión social. Es decir, si no se logra resolver adecuadamente la problemática de la justicia distributiva y la inclusión social, tampoco se podría esperar un desarrollo de las potencialidades de la humanidad en condiciones de equidad y solidaridad en las sociedades y entre ellas.

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