El consumo entre las clases de Univalle

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El hallazgo de marihuana y explosivos al interior de la Universidad del Valle encendió las alarmas de la comunidad entera, autoridades y hasta de los mismos estudiantes. Voces se sumaron al rechazo contra este tipo de prácticas al interior de una de las instituciones con mejor nivel académico. Muchos reconocen que es un secreto a voces el consumo de algunos alumnos.

Esta semana el propio rector de la Universidad del Valle puso en alerta a la comunidad estudiantil, administrativa y a padres de familia al revelar la existencia de una red de comercialización de estupefacientes, cultivos de marihuana y hasta explosivos con los que realizan los disturbios cuando se enfrentan con el Esmad, como por ejemplo los desarrollados el pasado jueves 2 de junio y que dejó como saldo una persona lesionada junto a una estación del sistema de transporte masivo MIO visiblemente afectada.

Èdgar Varela, rector de dicho centro educativo, expuso que conoció información de primera mano que los autores de los enfrentamientos los repetirían, por lo que tomó la decisión de cerrar el claustro por cuatro días en los que se adelantó una estrategia con el fin de encontrar lo que permite delinquir al interior de la institución.
Varela confirmó además que en el campus fueron encontrados explosivos, “hicimos una intervención al microtráfico que hay hace décadas en la institución y que no se ha enfrentado, se destruyeron cultivos de marihuana que había en el campus, decomiso de caletas de droga, ‘cambuches’ artesanales que estos grupos ajenos a la universidad habían construido”.

Fue enfático al dejar en claro que no se había tratado de un allanamiento policial, sino de una búsqueda institucional, “la universidad no puede ser tierra de nadie, no puede ser un espacio para que en el Sur se expanda el microtráfico y no se puede mantener la idea de que aquí siempre habrá tropeles y disturbios”.
Medidas como la exigencia del carnet son algunas a adoptar para evitar que las redes de venta y consumo de sustancias psicoactivas se expanda con mayor proporción tanto en el campus como en zonas aledañas del sur de la ciudad.

Pese a que la medida fue aplaudida por muchos, otros se escandalizaron, pero quienes acuden a recibir clase diariamente rechazaron la medida y no por estar a favor de los negocios ilícitos que allí se realizan, sino por el trabajo sin una planeación previa que acabó con cultivos de marihuana y de alimentos que eran utilizados institucional y académicamente.

Marcela Urrea es representante estudiantil ante el consejo superior educativo y dice que tanto la venta como el consumo de este tipo de alucinógenos es un secreto a voces que se ha tenido por décadas en el plantel, aunque no lo justifica, dice que las formas para combatir la problemática deben ser socializados con la comunidad estudiantil, cuerpo de docentes y demás funcionarios para no radicalizar y abusar de la fuerza.

“No estamos de acuerdo con que implementen cámaras de seguridad, tampoco policías, deben crear otro tipo de estrategia que permita acabar con esto de raíz, acá nos dañaron una huerta en la que habían alimentos como maíz, si había marihuana pero eso no abastece a el número de consumidores, además las plantas son de uso institucional y quienes venden eso son personas ajenas, externas” afirma Urrea.

Por su parte el estudiante Carlos Chacón, dice que prefiere no opinar acerca de esos hechos, pero si asegura que lo adelantado por las directivas del plantel fue algo violento toda vez que atentaron contra cultivos que eran parte de iniciativas académicas, “es imposible que con seis matas que habían ahí se surta a todos los que consumen en la universidad. Ese mismo consumo está legitimado por los estudiantes, incluso hay profesores y hasta de la parte administrativa que salen a comprar su marihuana a personas externas de la institución”.

Chacón también insiste en que se debería llevar a cabo planes sociales en vez de policiales dentro de la universidad, “en todas las universidades públicas del país fuman marihuana, no es un misterio, pero para acabar esto debe haber algún tipo de estrategia para erradicar o controlar el problema”.
De otra parte *Felipe, dice que en el sector conocido como la plaza de Las Banderas, se compra y se vende marihuana desde mucho tiempo atrás por personas que no están vinculadas a la universidad, que en las labores llevadas a cabo en los últimos días nunca encontraron nada porque todo se planifica a diario, además este sitio llamado también como “el aeropuerto” es respaldado por la misma seguridad del centro educativo.

“Aquí conseguimos entre $1000 y $2000 un ‘bareto’, los vigilantes saben, los profesores, todo el mundo, pero no hacen nada. Por Guaduales también nos hacemos para fumar, sabemos que está mal, pero nos gusta luego de clase” indica.

Hasta el momento la Policía Metropolitana dice desconocer quiénes venden los estupefacientes en el campus, el mismo día en el que fue revelado el posible cartel de microtráfico, hubo un nuevo enfrentamiento con el Esmad y al momento de ser interrogado si tenían conocimiento sobre lo que ocurría con las drogas en Univalle el Coronel George Quintero, Comandante Operativo respondió de manera escueta diciendo que, “se tienen algunos avances, esperamos poder entre todos dar más detalles sobre este problema”.

Si bien la situación se salió de control como es ya evidente, la Secretaría de Educación del Valle poco o nada puede hacer ya que según su titular Bernardo Sánchez, solo se encargan de asuntos académicos en las instituciones de los 34 municipios no certificados del país.

Finalmente El Pueblo consultó con *Edwin, egresado de la universidad del Valle, profesor y sociólogo y señala que los medios de comunicación se han encargado de dañar la imagen de la universidad líder en investigación y destacada por su cultura educativa, pero reconoce que en el centro estudiantil existe el sitio conocido como ‘aeropuerto’, “allí van los jóvenes a fumar su marihuana y ya, es una zona de tolerancia”, sin embargo le preocupa es la entrada al mercado de alucinógenos mucho más peligrosos para la salud de los alumnos consumidores, de igual forma puntualiza que toda la universidad pública se caracteriza por el pluralismo ideológico, “en ese sentido la universidad está permeada por las posturas políticas, pero sobre todo de izquierda, siempre ha tenido tradicionalmente la protesta social” manifestó, pero es enfático al decir que en el marco de esa ideología no es tolerable el vandalismo.

*Edwin también explica que no todos los vinculados a la Universidad del Valle tienen problemas de drogadicción y que se debe trabajar más para exaltar su buen nombre y compromiso con la ciencia, al mismo tiempo confía en que las directivas se encuentran preocupadas por la situación y que trabajarán por combatir dicha problematica.

Por ultimo dice que para intentar disminuir tanto el consumo como la comercialización de alucinógenos dentro del recinto educativo se deben realizar más campañas y acompañamientos sociales que medidas reprimidas, sobre todo por la cantidad de personas con pensamientos izquierdistas.

Este diario intentó comunicarse con el rector de la Universidad del Valle pero en su momento se encontraba por fuera de la ciudad y no fue posible que contestara nuestro llamado.

*Los nombres de Edwin y Felipe han sido cambiados a petición de las fuentes.

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