El costo de la democracia

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Por Óscar Gamboa Zúñiga

Es de la cotidianidad expresar a boca llena que somos demócratas, respetuosos de las leyes, la constitución, los códigos, las normas y cuanta cosa existe para tratar de enmarcarnos como sociedad civilizada, pero como nos cuesta aceptarlo cuando nos llega el turno.

Reclamamos con cierta indignación cuando hay desorden al estar frente a una ventanilla pública o privada, pero que pereza mamarme esa fila cuando nos ponen a hacer fila. Que hartera tanta inseguridad, pero muy aburridor tantos retenes u operativos policiales en las calles. Cójanlo, cójanlo..cójanlo que robó, pero pobrecito cuando lo cogen. Nada nos tiene contentos, aunque hace un minuto lo estábamos reclamando.

Le he dicho a amigos que me han llamado a preguntarme sobre el episodio de la medida de aseguramiento del expresidente y senador Álvaro Uribe y algunos se atrevieron a tildarme jocosamente de tibio porque he respondido que prefiero callar mi boca. Pero callar mi boca no es sinónimo de no entender la democracia ni irrespetarla. Precisamente se trata de no meter baza a un escenario que está cada vez más fanatizado, donde si se falla según lo que yo quiero, viva la justicia y si es en sentido contrario, abajo la justicia, cambiemos esta justicia corrupta y que esta al servicio de mis enemigos. ¡Por Dios!

Yo, como la mayoría de los colombianos, estamos mamados con esta justicia que no genera confianza. Que, actúa desde el cartel de la toga hasta testigos falsos y pagos en muchos casos para enlodar a una persona de bien, o para salvar a un bellaco.  Cuantas frustraciones y estados de impotencia hemos sentido al saber de “dirigentes” políticos corruptos hasta el tuétano y siguen campeándose ampulosamente y hasta hablando contra la corrupción y nada les pasa e igualmente sacan de problemas a los suyos que ocupen cargos públicos y estén en problemas.

Por lo anterior es de verdad muy triste que se reaccione tan virulentamente contra una rama del poder publico como es el judicial si falla en un sentido u otro, aunque actúe con la independencia que siempre debe actuar. Me pregunto si el fallo hubiera sido en sentido contrario cual hubiera sido la reacción de otros sectores que no son afectos al Dr. Álvaro Uribe. ¿O me pregunto si la corte decide absolver a Andrés Felipe Arias, diremos que hurra la corte y la cargan en hombros quienes hoy salen con ira e intenso dolor a pedir una constituyente para acabar con las cortes y dejar una sola? y ojalá con nuestros amigos al frente de ella. Que dirán las que piden a gritos que las reservas activas de las fuerzas militares salgan al ruedo para “defender” nuestra democracia.

Calmémonos compatriotas, démosle la oportunidad a una resiliencia de nuestra democracia que la traemos agobiada desde hace ratos. Entendamos que esta tiene un costo y este costo lleva de por medio aceptar las reglas de juego que la rigen. De lo contrario entonces inventémonos nuestro Pinochet o nuestro Videla para que “componga esto” y entonces allí entenderemos lo que realmente vale la democracia.

He escuchado hasta con cierta esperanza que la Sra. Ministra de justicia ha venido dialogando con las mismas cortes y las fuerzas políticas, en la búsqueda de consensos para presentar al Congreso una reforma a la justicia que mínimamente se aproxime a lo que todos queremos. Me imagino lo que sintió en su intimidad cuando escuchó esa bomba de profundidad que le mandan pidiendo constituyente para reformar la justicia, o sea, vale huevo todo hasta aquí. ¡Que muera sansón y los filisteos! Perdónenme, ese no es el camino. No soy abogado de profesión, pero creo entender que no se trata de una condena. Que los abogados de la defensa actúen y demuestren la inocencia del imputado para que pueda recobrar su libertad y siga en sus actividades congresionales.

Le haríamos un tremendo bien a la democracia si desde el diario vivir hacemos el propósito de respetar las reglas de juego. Si no le arriamos la madre al árbitro del partido de futbol cuando a nuestro juicio pita un penal injusto contra nuestro equipo, pero lo aplaudimos cuando nos regala un penal que jamás existió. Qué bueno desterrar el con cara gano yo y con sello pierde usted.

Imposible no mencionar al jugador de moda que es el coronavirus que nos tiene a todos arrodillados en el mismo plano. Tomémoslo como excusa para que la pospandemia traiga consigo ese punto de inflexión en las pasiones, y entendamos que reaccionar en caliente es el peor negocio, que actuar con ponderación y madurez democrática genera ergonomía de vida y salud para una sociedad que ya bastante la hemos puesto a sufrir por asumir esas conductas reactivas producto de la ira y el intenso dolor.

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