El derecho a decir sandeces

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Camila-ZuluagaPor: Camila Zuluaga

Twitter: @zuluagacamila

Son miserables, ruines, mezquinas y todos lo sinónimos que uno quiera buscarle, las palabras escritas y dichas por la congresista del Centro Democrático María Fernanda Cabal contra Ángela María Giraldo, una de las victimas que viajó a La Habana el pasado fin de semana. Pero por más cuestionables y abominables que nos parezca su forma de pensar, no significa que ahora en Colombia debamos empezar una inquisición penal para castigar las atrocidades que piense la gente.

Todos tienen derecho a opinar y a decir lo que les venga en gana, sobretodo en esta era digital en donde las redes sociales han permitido la proliferación de expresiones de los ciudadanos del común. Es cierto que la señora Cabal no es un ciudadano del común, pues ostenta el titulo de legisladora del país y por ende debe comportarse con ciertas maneras frente a los ciudadanos; pero no nos digamos mentiras, nuestros congresistas poco saben de buen comportamiento público.

Esto no quiere decir que ahora debamos defender que cualquiera puede difamar e injuriar sobre cualquier ciudadano en la redes sociales y que no deba existir ningún tipo de sanción. Bien está estipulado que lo que aplica penalmente para el papel, aplica igualmente en las redes sociales. Pero esa delgada línea, entre aquello que algunos consideran opinión y acusación es difícil de determinar y, cuando existen cargas políticas de por medio, se puede llegar a incurrir en injusticia y persecución.

Atacar a quien no está de acuerdo con el proceso de paz, y lo critica, no es la salida hacia la terminación del conflicto. Todos somos al final de cuentas colombianos y entre todos hay que hacer la paz. No podemos estar predicando el perdón y la reconciliación entre nosotros y pidiéndoles a aquellos que no están convencidos de que la negociación es la mejor salida para el país, si cuando dicen algo que nos parece censurable los atacamos con armas jurídicas y los perseguimos como si estuviéramos en un régimen totalitario.

Poca tolerancia es la que nos acompaña por estos días, la extrema polarización a la que nos ha abocado el uribismo en sus declaraciones faltas de sentido, ha hecho también que aquellos que disienten de manera férrea de esa forma de pensar, estén entrando igualmente en un fanatismo atroz que no les permite reflexionar claramente que con esos colombianos también se debe hacer el trabajo del perdón y la reconciliación .

Lo cierto es que probablemente lo que buscaba la señora Cabal es que todos estuviéramos hablando de ella; darse a conocer, pues no precisamente fue por sus meritos y popularidad política que llegó al Congreso. Bien sabemos todos que llegó camuflada dentro de la lista cerrada que lideró el ex presidente Uribe en la pasada campaña legislativa y que los votantes que la llevaron a ser Representante a la Cámara ni siquiera sabían su nombre. Así que diciendo sandeces ha venido logrando su objetivo: noticieros de televisión, de radio y columnas de opinión dedicamos espacio a hablar de los absurdos que ha llegado a pronunciar. Por eso en vez de estar pensando en las sanciones penales que deberían acarrear los pronunciamientos de una funcionaria como esta, lo que deberíamos estar pensando como colombianos es en la sanción social, casi inexistente en el país, pero muy probablemente más efectiva que cualquier otra; y dejar de pensar en un persecución punitiva, tratando de emular a nuestros países vecinos.

Una cosa más: ¿Cuál será la razón de la salida del director del Inpec? Todo parece indicar que los términos de su retiro no fueron los mejores. La guardia y el sistema carcelario están podridos en Colombia, eso lo sabemos, pero ¿habrá algo más detrás de su salida?

 

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