El desarrollo territorial

0

Por Óscar Gamboa

Aunque se quiera evitar, no es posible desligar las apuestas que hoy hacemos para cualquier escenario futuro con lo que esta sucediendo con la pandemia. Lo anterior, por una razón muy sencilla, todo dependerá de lo que pase al final de día con esta crisis. Ya que hoy todo es incertidumbre.

La nueva normalidad de la que tanto se habla, debemos verla con sentido de oportunidad, sobre todo pensando en los que no hemos hecho en la “vieja normalidad”. Ya hemos hablado de valores, principios y otras anclas sobre las cuales deberían descansar los nuevos paradigmas, pero ahora debemos entrar entonces al terreno del desarrollo territorial que es en ultima la gran casa donde se habita.

Colombia es un país privilegiado, donde se puede escoger desde el clima por los pisos térmicos que se tienen, hasta la gastronomía, pasando por la música, los entretenimientos ancestrales como el tejo en el altiplano cundiboyacense, el juego de sapo o rana en el Valle del Cauca, o el juego de domino en las costas. Pero en lo único en lo que no hacemos pertinencia, es en el concepto de desarrollo, donde no hemos entendido que se deben observar las características de las regiones y la oferta ambiental existente para definir el marco de lo que queremos llamar desarrollo.

Las críticas o más bien reflexiones, no las hago solo para imputar culpabilidad al centralismo o a alguien en específico, es tambien para los gobiernos locales y/o departamentales, las universidades, las ONG, y a los ciudadanos en general, porque andamos como vacas locas en la historia, no hacemos pausas para hacer miradas de 180 o 360 grados que nos lleven a dar un timonazo a la forma como estamos viendo el desarrollo.

Para los economistas el desarrollo se mide en PIB, ingreso per cápita, crecimiento económico, que en ultimas no se sabe a quién es que beneficia el crecimiento porque la pobreza o la desigualdad no ceden, a pesar de rebuscadas fórmulas que los eruditos de vienen inventando desde hace varios años para mostrar que en la pobreza multidimensional y en otras tantas mediciones, venimos “mejorando tremendamente”. Ahora la pandemia del covid ayudará porque volveremos a quedar en cueros por el tremendo retroceso socioeconómico que se nos vino.

Para el sector educativo el desarrollo es más cuantitativo que cualitativo, o sea, cuantos pasaron de la primaria al bachillerato y de estos cuantos a la universidad y que ya tenemos más médicos, mas ingenieros, mas abogados, más de todo. Pero qué bueno miráramos la calidad y pertinencia de la educación. Sin calidad no somos competitivos ni se genera confianza tecno-académica plena y sin pertinencia, se desperdicia lo que ofrece el entorno. Aquí cito un ejemplo, a pesar de los problemas por Buenaventura aún se moviliza quizá la mitad del comercio exterior de Colombia y nos lleva al inmenso océano pacifico, pero la Universidad del Pacifico o las universidades de la región, no se ofrecen carreras relacionadas con temas portuarios, ni con el mar, ni con el ecoturismo. Francamente absurdo.

Si observamos el deporte, nuestras costas han sido verdaderas fabricas de talentos en diferentes disciplinas, pero vaya mire los escenarios deportivos. La mayoría dan ganas de llorar. Se perdieron los torneos locales de futbol u otras disciplinas desde donde salieron grandes figuras y hasta medallistas en torneos de orden mundial. O sea, no hay concepto serio de desarrollo en el deporte. Aquí nos refugiamos en las etapas que ganan nuestros ciclistas, los goles de nuestros futbolistas en el exterior, o en que en tal o cual torneo ganamos más medallas que en el anterior. ¿Pero lo estructural como ancla del desarrollo?

Y qué decir de lo urbanístico. Símbolo de falta de desarrollo es que las casas sean de madera. Pero oh sorpresa que, en ciudades de los llamados países desarrollados, se observa la hermosura de casas basadas en la madera, pero claro con orden urbanístico, con servicios públicos existentes, con parámetros de construcción de cierta uniformidad y no el desorden que hasta incomoda la visualidad. Aquí recuerdo que en el pacífico construir casas de cemento, ladrillo o mármol es sinónimo de desarrollo, de lo contrario, se es más pobre y casi inope.

Ojalá la nueva normalidad nos libere de tantos paradigmas atávicos del desarrollo y nos permita de una vez por todas dar el giro. Que los tomadores de decisión dejen el miedo y lideren las verdaderas transformaciones de tipo estructural. Que el congreso de la republica se salga del desgastado formato del “control político” con cálculos electorales o de opinión, y eleve el nivel del debate, abordando temas sobre el desarrollo regional que se necesita. Si las regiones se desarrollan pues es el país el que se esta desarrollando.

Abramos los ojos porque si le apostamos a un verdadero cambio basado en un desarrollo pertinente, le podríamos legar a las próximas generaciones capacidad instalada para que puedan enfrentar la pandemia que les llegue en el siglo XXII, cuando ya todos nosotros somos seremos si acaso el recuerdo de nuestros bisnietos.

Comments are closed.