El dilema del prisionero

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Por Óscar Gamboa Zúñiga

El dilema del prisionero es un problema fundamental de la teoría de juegos que muestra que dos personas pueden no cooperar incluso si ello va en contra del interés de ambas. Fue desarrollado originariamente por Merrill M. Flood y Melvin Dresher mientras trabajaban en RAND en 1950.

Me he atrevido a involucrar en la crisis de esta pandemia, la teoría de juegos a través del emblemático ejercicio del dilema del prisionero. Aquí las penas son la economía y el virus, y los jugadores (persona 1 y persona 2), serán las autoridades (nacionales y locales) y los ciudadanos respectivamente.  

ESCENARIO 1:

DECISION: enfrentar radicalmente al virus cerrando completamente las ciudades para evitar que aumente la propagación. EFECTO: se paraliza la economía. CONSECUENCIAS: quiebra de empresas, cierre de negocios, mas desempleo, aumento de delincuencia.

PERSONA 1: Las autoridades

Con el escenario 1, la persona 1, o sea, las autoridades locales o nacionales, estarían frente a un problema social que desembocará en movilizaciones sociales impredecibles, debido al desespero por la falta de ingresos y de comida en la gente. Desde la salud, un estricto confinamiento, no elimina al virus, sino que disminuye la velocidad de contagio, que es como decir, aplazamos el problema. Para el jugador 1, no sería un buen “negocio” irse por este camino porque la crisis económica y política sería total.

PERSONA 2: La gente

Con el escenario 1, la persona 2, o sea, la gente, estarían frente a una realidad social y económica lapidaria, angustiosa y dramática que puede desembocar en conductas impredecibles debido al desespero por la falta de ingresos y de comida para alimentarse; por lo tanto, la indisciplina sería un marco de actuación muy probable. Desde la salud, sería lo mismo que para el jugador 1, el estricto confinamiento, no elimina al virus, sino que disminuye la velocidad de contagio, que es como decir, aplazamos el problema. Para el jugador 2, tampoco sería un buen “negocio” este camino porque la crisis económica y psicológica por el confinamiento sería total.

ESCENARIO 2:

DECISION: abrir totalmente la economía y las ciudades, buscando la inmunidad de rebaño, o sea, que se contagie mucha gente para desarrollar anticuerpos. EFECTO: aumenta dramáticamente el nivel de contagios. CONSECUENCIAS: más muertos y nos veremos abocados a cerrar de nuevo las ciudades con el efecto y las consecuencias mencionadas anteriormente.

PERSONA 1: Las autoridades

Con el escenario 2, la persona 1, o sea, las autoridades locales o nacionales, estarían frente a una realidad económica muy favorable porque se reactivaría más rápidamente el empleo, la economía volvería a crecer social y “sonrisas” en empresarios y comerciantes. Desde al salud, se dispararía el contagio, aumentarían las muertes y la recuperación económica podría ser flor de un día, porque la presión para volver a cerrar seria total.  Entonces para el jugador 1, el escenario 2 tampoco sería una verdadera opción porque la crisis política y posteriormente económica, sería total.

PERSONA 2: La gente

Con el escenario 2, la persona 2, o sea, la gente, también “sonreiría” por un corto tiempo porque volvió a encontrar empleo y volvió a generar ingresos. Pero, por otro lado, sus vidas estarían en grave peligro por las posibilidades de un crecimiento desbordado de contagios y la muerte les rondara, así como también a sus seres queridos y esto sería muy doloroso.  Para el jugador 2, tampoco sería un buen “negocio” este camino porque la crisis por la vida sería total.

ESCENARIO 3:

DECISION: abrir parcialmente la economía y las ciudades, que es la tendencia actual. EFECTOS: sigue aumentando el nivel de contagios, se reactiva parcial y muy lentamente la economía. CONSECUENCIAS: sigue aumentando el número de muertos, el desempleo sigue dramáticamente afectado por cierre y quiebra de algunas empresas y negocios. Podríamos vernos abocados de nuevo a cerrar las ciudades con el efecto y las consecuencias mencionadas.

PERSONA 1: Las autoridades

Con el escenario 3, la persona 1, o sea, las autoridades locales o nacionales, estarían frente a una realidad económica relativamente favorable porque se reactivaría parcialmente el empleo y la economía podría ir despegando transicionalmente.  Desde al salud, el contagio no se detiene porque la apertura “parcial” para la gente se vuelve apertura “total” y las calles se ven llenas de personas. Esto, a pesar de protocolos, genera aumento en niveles de contagio como lo estamos viendo y viviendo. Siguen aumentando las muertes y la recuperación económica será lenta. Para la persona 1, no sería un mal “negocio” del todo porque por este camino la crisis económica no es total y la crisis por la vida sería más manejable.

 PERSONA 2: La gente

Con el escenario 3, la persona 2, o sea, la gente, también siente alegría porque va saliendo del aburrido confinamiento, se vuelve a encontrar algún empleo y con ello ingresos. Pero, por otro lado, la irresponsabilidad y la indisciplina social seguirían poniendo en peligro sus vidas por las posibilidades de un crecimiento desbordado de contagios y la muerte les seguirá rondando, así como también a sus seres queridos, lo cual sigue siendo doloroso.  Para la persona 2, tampoco sería un mal “negocio” del todo porque por este camino la crisis por la vida depende de su disciplina y responsabilidad.

CONCLUSION: HAY QUE SEGUIR REABRIENDO LA ECONOMIA Y LAS CIUDADES. DEPENDEMOS DE LA DISCIPLINA Y LA RESPONSABILIDAD DE CADA CIUDADANO. SI LA PERSONA 2, O SEA, LA GENTE NO ACTUA CONFORME, EN EL DILEMA DEL PRISIONERO, TODOS SEREMOS PERDEDORES Y LO MAS GRAVE, SE PERDERAN MUCHAS VIDAS.

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