El fracaso de un sistema económico

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Guido Germán Hurtado Vera

Historiador y Politólogo

Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacifico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

En 1992 Francis Fukuyama publicó el controversial libro “El fin de la historia y el último hombre”. En éste esboza que ante la caída del Muro de Berlín y los otros acontecimientos “que enterraron” al comunismo, se había dado inicio a un mundo basado en la política y la economía neoliberal. La lucha entre las ideologías había acabado, ya no eran necesarias, y fueron sustituidas por la economía. Así pues, los países capitalistas serían el modelo de una verdadera sociedad sin clases y sin crisis.

En el 2008 el capitalismo mundial vivió su primera crisis del nuevo siglo. Los EE.UU. y Europa la sufrieron de primera mano. Poco pudieron hacer sus bancos centrales para advertirla y enfrentarla. La salida, medidas de austeridad y menor gasto público. Dinamarca, Francia, Alemana, España y Grecia dan cuenta de ello. Hoy las repercusiones mundiales están a la orden del día.

Un político y un economista, Mário Soares y Jorge Beinstein, entre otros, coinciden y aseguran que la crisis mundial no sólo es económica y financiera, sino también energética, alimentaria y ambiental. Otras perspectivas plantean que la crisis también es cultural.

Según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el 80 % de la electricidad del mundo, se produce empleando combustibles fósiles y el 75 % del consumo energético del planeta se sostiene por el uso de éstos. El consumo de la energía crece con el aumento de la población. Más aún, el sistema económico mundial está basado en el uso de estos combustibles. Actualmente no existe un combustible que los remplace y menos una tecnología capaz de absorber las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

El uso de combustible fósil produce los Gases Efecto Invernadero (GEI)  que aceleran el cambio climático. Según informes de la misma Agencia, la concentración de CO2, a principios de marzo de 2010, marcó un nuevo récord histórico, demostrando un crecimiento de los niveles atmosféricos de CO2 de 393,71 partes/millón, respecto a la medición realizada durante el mismo mes del año anterior que resultó ser de 393,17 partes/millón. Concluye la AEI que el incremento de la concentración de CO2 continuará en los siguientes años.

En temas alimentarios una de las principales conclusiones del estudio de la FAO, World Agriculture Towards 2015-2030, concluye que “si no se adoptan las medidas correctoras necesarias, no será posible alcanzar el objetivo establecido en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad la cifra de personas desnutridas en 2015. Sólo con un enorme esfuerzo por mejorar el desarrollo global será posible liberar a los países en desarrollo de sus problemas más acuciantes de inseguridad alimentaria.”

La ilusión conservadora que sigue esbozando esta crisis como un ciclo más dentro del sistema capitalista esta mandada a recoger. Y todo porque ante el proceso de crisis de sobreproducción, al menos mitigado, se fue creando un universo de devastación energética, ambiental y agrícola que hoy, paradójicamente, están engullendo al mismo  sistema capitalista.

Así, que la tesis central de Fukuyama se resquebraja cada vez más. La solución no es la de un modelo económico neoliberal. Si bien es cierto el comunismo fracasó, pero el capitalismo no se ha quedado atrás. Este último, no solo ha perpetrado la pobreza e inequidad en millones de habitantes, sino que es responsable de toda la dimensión de la crisis del planeta entero.

Y de frente a incierto panorama voces como la de Alain Touraine  alienta la capacidad de salvar el planeta y con el, la especie humana. Para este sociólogo los ciudadanos del mundo debemos tomar conciencia y romper el silencio, en caso contrario la crisis se profundizará aún más. “Las soluciones existen, en el plano económico, la ecología política da respuestas frente al suicidio colectivo; en el plano social y cultural, el mundo feminista se opone a las contradicciones mortales de un mundo que sigue dominado por los hombres y en el terreno político, la idea novedosa es, más allá del gobierno de la mayoría, la del respeto de las minorías y su reconocimiento.” (La crisis dentro de la crisis. 2010).

La respuesta a la crisis está pues, en la capacidad de continuar fortaleciéndonos como sociedad civil y lograr desarrollar estrategias creativas y profundas capaces de persuadir la razón de quienes aspiran cada día a ser más ricos y poderosos. Estimular una sociedad civil que tenga la capacidad de enfrentar este sistema económico monolítico y perverso en aras de salvar el planeta, y con él la especie humana.

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