El ingreso externo se roba nuestro empleo

0

Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda
Twitter: @Florohermes

Cuando se habla del problema de los corteros de la caña de azúcar, en tiempos electorales, casi siempre se hacen elucubraciones ingenuas, muchas veces temerarias e incendiarias, muy productivas en votos (eso lo saben muy bien el senador López y la exsenadora Córdoba), pero con trágicas consecuencias económicas, sociales y políticas, que desembocan en una peligrosa confrontación de trabajadores y empresarios.

Decir que la automatización de la cosecha de la caña es el resultado de unos propietarios ricos egoístas sin compromiso social, fuera de ser una expresión demagógica desafortunada, es un absurdo porque ningún empresario racional quiere desemplear a alguien, pues ese alguien es uno menos en el mercado y, por lo tanto, le significa una contracción de su mercado.

La cuestión es un asunto poco productivo electoralmente, que no se presta para las palabras demagógicas: el gobierno nacional colombiano de un tiempo para acá no ha establecido políticas que defiendan el precio interno de los productos propios (incluido el del azúcar), con lo cual se permite que el ingreso externo se robe el empleo nacional, debilitando así la capacidad de maniobra de los empresarios para desarrollar sólidos programas de responsabilidad social.

Esta situación de descuido gubernamental, apoyada en la baja ilustración de una buena cantidad de los congresistas del país, permitió que el Congreso de la República diera vía libre a unos tratados de libre comercio que dejan expuesta la producción nacional a los intereses comerciales extranjeros, pues Colombia se ha especializado en proteger a los foráneos y desproteger a los propios.

Estos intereses extranjeros, en el caso del azúcar, introducen al país grandes cantidades de producto extranjero subsidiado de forma disfrazada, bajo la presentación de bebidas gaseosas, chocolates, dulces, refrescos, etc., que no son otra cosa que mecanismos sutiles de los tratados de libre comercio que el gobierno nacional ha suscrito y el Congreso de la República ha aprobado, mediante los cuales se ha hecho entrega de pedazos de nuestra soberanía, para este caso, alimentaria.

Entonces, ¿qué hacer con esta terrible situación que afecta nuestra agroindustria? Primero, fortalecer la educación superior para generar procesos de innovación tecnológica, que nos permita competir internacionalmente. Segundo, para lograr lo anterior es necesario fortalecer la universidad pública, por una parte, y los CERES, por la otra, para mejorar la eficiencia de la mano de obra. Y, tercero, desarrollar clústeres de producción industrial que permitan incluir la mano de obra que la innovación tecnológica desplaza.

En conclusión, el problema de los corteros de la caña de azúcar es el resultado de una compleja interrelación de variables que comienza con un Gobierno que no defiende el precio interno de los productos colombiano, atraviesa por un Congreso de la República que aprueba unos tratados de libre comercio que entregan pedazos de la soberanía colombiana, y que finaliza con unos demagogos irresponsables ignaros que a través de explicaciones simplistas enardecen las conciencias y provocan la confrontación entre empresarios y trabajadores, lo cual se traduce en una elección en la cual todos pierden. Ninguno gana.

Comments are closed.