El MIO, ¿para todos?

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leo quinteroPor Leo Quintero

Los primeros buses urbanos que circularon en Cali pertenecían a la empresa Amarillo Crema. Luego surgió la Gris San Fernando. Era el comienzo del sistema de transporte colectivo que llegó a tener circulando por la ciudad más de 5.200 busetas, buses  y armatostes.

Dicha actividad empresarial estuvo integrada por 25 empresas, de las cuales hoy en día desapareció más de la mitad, y las restantes esperan que el Tránsito de Cali determine las resoluciones con la partida de defunción para finiquitar la historia de este sistema. Le dará paso definitivamente al Masivo Integrado de Occidente, cuya historia  comenzó en 1979, cuando se lanzó la primera promotora de transporte masivo, Protrans, con la dirección de Stella Ramírez de Potes.

En aquella época se inició como gestión para crear un modelo de transporte, con base en lo que los técnicos del momento consideraban como modelo  para la operación de un sistema de transporte masivo: el sistema Curitiba, que establecía varias condiciones: la primera, un corredor único; la segunda, una integración del transporte; y la tercera condición era cero competencia.

Y ese fue el modelo que finalmente se adoptó algo más de veinte años después a los “gorrazos” por el presidente del momento, Álvaro Uribe Velez, quien le dijo al alcalde de comienzos de milenio que ese era el modelo y que debería comenzar por la carrera Primera, para poder mostrarle al mundo  una obra de importancia de su gobierno en la capital del Valle, única ciudad grande en la que había perdido la primera elección.

Ante la orden presidencial,  el alcalde de turno no tuvo más remedio que aceptar la imposición y permitir que se hicieran las obras al revés, es decir, comenzando por el final y generando los líos que hoy en día padece la ciudad del oriente de Cali, que es la más afectada por decisiones atravesadas como las adoptadas en su momento por el exjefe del Estado.

La inacabable troncal de Aguablanca, que se inició hace dos años y que solo se terminará, si Dios quiere, en el 2014, debió ser la primera obra del MIO, pero fue la última de la primera etapa del sistema. Modelo que vendieron con varias etapas, con pretroncales, corredores especializados y otras arandelas que nunca se cumplieron porque los recursos aprobados por la nación se han aportado a destiempo, cuando los técnicos de Metrocali presentan la documentación o cuando las exigencias de la comunidad,  expresadas en medios de comunicación, llegan al palacio de Nariño y se mira a la ciudad, a la provincia, para aportar los recursos con los que se comprometieron hace más de diez años en un Compes, cuya extensión se ha incumplido.

En el mismo documento se aseguró que los aportes serían del 70 %, de la nación, y del 30 %, de la ciudad, representada en la sobretasa a la gasolina. Hoy en día, después de mucho negarlo, se ha confirmado que la nación apenas aporta el 55 % de los recursos para el MIO y la ciudad, el 45 %.

Pero como en los sistemas de transporte masivo los problemas además de reflejarse en los réditos económicos se representan en movilidad para la comunidad, haber empezado el MIO por la cola está generando serias, muy serias, dificultades en la movilización de los caleños más pobres, los del oriente y la ladera, hacia la otra ciudad, en donde trabajan, donde obtienen sus ingresos y donde el Gobierno no ha entendido qué sucede con ellos.

Para movilizarse, los caleños más pobres tienen su flota compuesta por más de 2.000 carros piratas, miles de motorratones, más de mil gualas o camperos de ladera, taxis colectivos, bicicletas por montones y 170 buses del operador ETM, hoy en proceso de intervención del Estado luego de que sus propietarios le pidieran a la Superintendencia de Sociedades las acciones del gobierno para seguir funcionando.

De esos 170 buses, en la actualidad salen menos de la mitad en un día normal y casi siempre una flota no superior a 70 buses, lo que contribuye al enorme problema de informalidad, de inseguridad vial y de movilidad para las comunas del oriente de Cali.

El MIO, cuyo estudio de flota se hizo hace diez años, determinó que debían operar 956 vehículos entre articulados, padrones  y alimentadores para mover más de un millón de viajes diarios, como le dicen los técnicos a los pasajeros. Sin embargo, hoy con un 90 % de la flota no ha podido obtener 600.000 usuarios en el día, por varias razones que los caleños del oriente hace rato descubrieron.

La primera es que quienes hicieron las rutas no conocían de ciudad, que no hay estructura de horarios en las rutas; y la segunda es que están perdiendo la mayor oportunidad de garantizar un sentido de pertenencia, de garantizarle el amor al MIO, que los usuarios pierden cada vez que esperan media hora y hasta más tiempo, desesperados, confiados en que el articulado, el padrón o la iguana llegarán para poder movilizarse. ¡Ah, y que las integraciones no se demoren una eternidad! Además, que las rutas del MIO tengan un solo número, no una letra, un número y una letra, como para confundir al más avispado de los perdidos.

Es que el sentido común de algunos de los técnicos no da para entender que cuanto más fácil le hagan la vida a los usuarios del MIO, les garantizará una mejor movilización hacia cualquier punto de Cali.

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