EL NEGOCIO

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Por Santiago Jimenez Quijano

@santiagojq

El día está cada vez más cerca y Alison Johanna más hermosa. A veces me quedo mirándola y no puedo creer que sea hija mía, ni mucho menos de su papá. ¿De dónde le habrán salido esos ojos tan claros, que parecen hechos de miel? Y la piel tan blanca y el pelo tan negro y liso, siendo yo más bien oscurita, sin llegar a ser morena, y con estos rizos enloquecidos. Y el papá que es casi negro. Que yo recuerde no tengo antepasados en la familia con esas características. Y ni modo de preguntarle al papá si en la de él había algún ojizarco paliducho, porque se largó hace dos años. Todos terminan yéndose. Aunque yo pensé que con Edilmer las cosas iban a ser diferentesa como fueron con los dos papás de mis otros dos hijos. ¿Y cómo no me iba a hacer ilusiones después de que me dijera, una mañana después de haber pasado la noche juntos, que si teníamos un hijo se largaba, pero que si era una niña me prometía que no me iba a abandonar? No hay muchos hombres que piensen así. La mayoría solo quiere pasar el rato y largarse, y si por el camino la dejan a una embarazada, pues esperan que el que nazca sea otro varoncito que perpetúe sus maldades con otras desgraciadas.

Entonces nació Alison Johanna. Todavía no puedo creer que Edilmerse haya ido después de todo el empeño que le puso al proyecto. Porque para él, Alison Johanna, más que una niña era eso. Su idea era esperar hasta que la niña cumpliera los trece años, porque después el precio iría bajando. Yo le decía que eso no podía ser así. Que podíamos esperar hasta los quince y cobrar mucho más, porque mientras más tiempo pasara más difícil era mantener a la niña pura. Porque no estábamos hablando de cualquier niña, sino de Alison Johanna que, como ya dije, se ponía cada día más linda. Edilmer dijo que eso no funcionaba así, que él conocía cómo eran las cosas, que no era la primera vez que lo hacía. Yo insistía en que la belleza de Alison Johanna era excepcional. No es porque fuera su mamá, es que se veía a leguas que era la niña más bonita del barrio. Él no lo negaba. Decía que de verdad era la niña más linda con la que iba a negociar, pero que estábamos corriendo un riesgo muy alto esperando tanto tiempo y que tal vez la diferencia en el pago no lo justificara.

Lo que no entendía Edilmer es que yo también tenía un plan. Yo no quería un único pago. Yo quería una renta de por vida. Los señores que pagan por eso tienen mucho dinero y es más fácil que se enamoren de una niña de quince que de una de trece. A ésta la pueden ver todavía como una hija. En cambio Alison Johanna hoy, a falta de un mes para cumplir los quince, bien maquilladita puede parecer de veinte. Edilmer decía que no era para eso que las querían, por lo menos no la primera vez. Que ellos tenían muchas novias de veinte y volverse la oficial era muy difícil. Además, él necesitaba la plata urgente.Tenía grandes deudas y enemigos. Pero yo me puse inflexible, me le planté y le dije que iba a esperar hasta los quince. Me gritó, me dijo que estaba loca y se fue. Por lo menos aquella vez no me pegó.

No lo volví a ver. No sé qué le pasó. Menos mal que le había pedido a Edilmer una vez el dato del contacto y él me lo había dado. Tenía a mi niña para seguir ocupada y con un objetivo en la vida. Yo le daba gusto en lo que podía, hacía que sus hermanos mayores trabajaran para comprarle la ropa que a ella le gustaba, pero la que no era tan atrevida, no quería que se pusiera a conseguir novio y acabara con el negocio. Todos los días le repetía que ella era un tesoro, que iba a salvar a toda la familia, pero que tenía que aprender a esperar y aguantarse. Pero una cosa era lo que yo le decía y otra la que pensaban los hombres, desde sus compañeros de colegio y de barrio hasta los viejos de la misma familia. A veces creo que el Edilmer se fue porque no era capaz de aguantarse las ganas de ponerle las manos encima a su propia hija. Cuántas veces no se ha visto eso acá en el barrio. Él, a pesar de todo, era un tipo recto, de principios. Y había que ver la forma en que la miraban sus tíos. De un momento a otro me tocó extremar las medidas de protección. Me la llevé a dormir a mi cama y dejé de salir con mis novios. También tuve que sacarla del colegio. Al fin y al cabo, ella para sostenerse en la vida, después de dejar de ser pura, lo único que necesitaba era seguir siendo linda. Y yo no veía cómo alguna vez podría dejar de serlo. Ni siquiera cuando tuviera cien años dejaría de ser hermosa. Así que su futuro estaba garantizado.

Claro que también estaba ese jovenque vivía acosándola, Anderson, un compañero del colegio que decía que estaba enamorado y que era hasta peligroso. Los demás también traban la baba por mi niña, pero se quedaban quietos y petrificados antes u belleza.Anderson era de otro material, un pequeño hamponcito que no le tenía miedo a nada y que no mostraba el debido respeto ante una mujer como ella. La llamaba todos los días, le regalaba chocolates, le cantaba rancheras destempladas por las noches. Al principio ella se sentía abrumada y molesta y lo rechazaba con fastidio. Pero después de un tiempo, como nos pasa a todas, se dejó llevar por su vanidad y cada vez le gustaban más los halagos de su pretendiente. En esa ápoca el Edilmer todavía vivía con nosotros y le pidió ayuda a un amigo para que se deshiciera del joven. La cosa surtió efecto durante unos meses. Después Edilmer se fue y yo pensé que las cosas se habían solucionado.

Pero ya se sabe cómo funcionan los corazones adolescentes. Un sorprendí a Alison Johanna al teléfono, rogándole a Anderson para que se vieran, que no soportaba más su ausencia. Me enfurecí como nunca y le dije que no fuera tan egoísta, que tenía que pensar en mí, en la familia, pero también en su futuro. Esa fue la primera vez que se rebeló. Me mordió en la mano con que la sostenía y se fue de la casa gritando. Al parecer le había sacado el genio al papá. Traté por todos los medios de reconquistarla. Pero el examen diario que le hacía para saber si seguía pura no ayudaba mucho para que retomara su confianza en mí.

Por eso me tocó apresurarlo todo. Al final parecía que el Edilmer tenía razón. Hace dos años esto hubiera sido muy fácil, pero ahora se había complicado mucho. Llamé al contacto la semana pasada. Le dije que la niña estaba lista para cuando eljefe quisiera. Le pareció perfecto y me propuso una cifra. Casi me caigo del asiento cuando me dijo lo que estaba dispuesto a pagar. Acepté con el poco aliento que me quedó. No tendría que volver a trabajar hasta que me muriera. Me dijo que esperara su llamada. Que cuando todo estuviera listo, un chofer pasaría a recogerla. Eso sí, me advirtió, si la niña no estaba pura, no pagaría un peso. Le dije que no tenía que preocuparse por eso. Lo que yo no sabía era que en ese mismo momento Alison Johanna y Anderson estaban arruinando el negocio.

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