El nuevo comportamiento consumidor tras el coronavirus

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Desde aquellas primeras noticias de carácter lejano que resonaban hace ya más de seis meses, el mundo ha sufrido una serie de cambios que, aunque a voz de pronto resultarían imperceptibles, suponen arraigados cambios de lo que es y será la vida cotidiana.

En buena parte estos cambios ya no solo han variado las tipologías de relación, sino que han modificado incluso la forma de comportarse con uno mismo, viéndose reflejado en la conducta de compra.

Y es que ya lo dijo el historiador Arnold J. Bauer en su obra “Somos lo que compramos”. Considerando el carácter cambiante del entorno y la propia capacidad de respuesta de las personas, las respuestas de consumo se van moldeando hacia la disponibilidad y considerando esto como lo canónico, se transmite hasta convertirse en cultura intrínseca de uno mismo.

Ante un contexto inestable en el que el ordenador es el puente hacia la realidad anteriormente conocida, su consumo indiscutiblemente aumentaría mundialmente en períodos de confinamiento y aislamiento social, marcando en su curso tendencias de consumo que no pasarían desapercibidas para el desarrollo constante del ser humano.

Anteponiéndose la nueva normalidad a lo atrás vivido, el consumo de internet creció y continúa haciéndolo, mientras que paralelamente se acelera la digitalización de lo cotidiano, donde personas de la tercera edad disfrutan de aprender a hacer compras en sus tiendas de confianza, sea esto en Almacenes La 14 o incluso en la farmacia de la esquina; los pequeños comercios se suman a la creación de sitios web y hasta las marcas blancas se hacen hueco entre la competencia para que los compradores se disputen los buenos precios.

Ya no es extraño decir que se va a comprar el pan por internet, porque ya sí es normal. Una normalidad que como asegura la consultoría Nielsen, se ha asentado en millones de hogares, suponiendo un aumento del consumo de internet en un 86%.

Sin embargo, esto no eliminaría la caída de sectores predominantemente presenciales como es la hostelería o el sector textil, puesto que, al limitarse las salidas, la gente ya no gasta tanta ropa y apuesta por la economía circular para reutilizar lo que ya se tenía.

Mucho queda por delante hasta concluir lo que depara el 2020 en cuanto a consumo, pero de momento este se vuelve pragmático y apuesta por los bienes de primera necesidad y para la comodidad en el hogar, al tiempo que incide en un mayor uso de plataformas online para lograr estos objetivos.

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