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ciberotografiaPor Luis Gaviria
En Alianza con Revista El Clavo

«No tener ortografía es como tener mal aliento: por muy bonitas que sean tus palabras, nadie se las quiere aguantar.» Este es el dicho que describe, muy gráficamente, la realidad del lenguaje escrito en internet en la actualidad. Hace algunos años atrás, el no tener ortografía era visto simplemente como un problema social, que se podía resolver con el incentivo a la lectura y un buen diccionario a la mano. Hoy, en cambio, las consecuencias de no saber escribir bien pueden ir mucho más allá de la burla o el matoneo. La reputación y la credibilidad de una persona o una marca logran destruirse en segundos si dentro de su accionar virtual han escrito mal una palabra o realizado una pésima composición de texto.

Según Matt Cutts, director del departamento contra el spam de Google, “las páginas web con menos ranking de internet son aquellas cuyo contenido no está escrito correctamente, caso contrario de las que sí lo hacen y son exitosas” refiriéndose a la herramienta PageRank de Chrome que mide en porcentajes la calidad y cantidad de visitas de una página web.

Pero más que las cifras que pueda arrojar una aplicación, el problema de la mala ortografía en realidad es un debate que se está llevando a cabo desde un buen tiempo. Algunos culpan a internet como causa de la denominada “degradación del idioma”, ya que, según ellos, la escritura sintética o reducida,  que se basa en la norma de la economía y la fluidez, está afectando la transmisión de los mensajes al punto que se obvian, en una conversación normal, la ortografía, los signos de puntuación y hasta la coherencia de lo que se dice. La comprensión de textos se convierte entonces, en un ejercicio de interpretación.

Mario Vargas Llosa, nobel de literatura expresa que “El internet ha acabado con la gramática: la ha liquidado. De modo que se vive una especie de barbarie sintáctica”.

La ortografía de prestigio.

Por otro lado, defensores del nuevo sistema comunicacional aseguran que más que un problema es una evidente “revolución lingüística”. Según el periodista español Gumesindo Lafuente “Las redes sociales están acelerando los cambios que se están produciendo en los idiomas. Pero no tiene sentido mirar este hecho con recelo. Las academias no deberían velar por la pureza del idioma, sino por su evolución. Si no evolucionara, tendríamos que acabar abandonándolo porque perdería su función. En estos ritos de paso que la tecnología nos ofrece hemos pasado de una época en la que se hablaba mucho por teléfono (nos regañaban porque hablábamos demasiado y no escribíamos cartas) a una era en la que se escribe muchísimo. Hemos pasado de un uso de la lengua más oral a uno más escrito”.

Pero regresando al tema de la reputación virtual queda claro que, mientras mejor se escriba algo en la red, más credibilidad tiene. Según explica Álvaro Peláez de la Fundación del Español Urgente: “En este proceso en el que la escritura se convierte en pública, adquiere un valor diferenciador. Si leemos una opinión bien escrita, otra mal escrita y en ningún caso conocemos al autor, lo normal es hacerle más caso a la primera. Mucha gente es consciente de esto y hace el esfuerzo en mejorar”. Es por esto que hoy en día muchas personas delegan la responsabilidad de su imagen de internet a personas especializadas en el tema para evitar inconvenientes de este tipo. De ahí el nacimiento de la profesión del Community Manager, que no sólo se encarga de promover y crear contenidos web, sino que es la imagen más próxima de una marca con el usuario final, ya que su contacto con él es directo. Por tal razón en su puesto no deben existir errores.

Pero no nos digamos mentiras. Internet está lleno de usuarios a los que no les importa nada si escriben bien o mal. El hecho es que los entiendan, con todo y sus desaguisados. Ese tipo de personajes, además cuentan con una característica extra: la rudeza. No es extraño ver en un foro o en una conversación que los que no tienen ortografía son los más groseros o los más patanes. Casi siempre son aquellos que promueven la polémica o el matoneo virtual. Algunos expertos aseguran que esta clase de usuarios replican de una manera u otra los comportamientos de su vida cotidiana, es decir, son gañanes dentro y fuera de internet. A raíz de estas situaciones y en pro de mejorar la convivencia en la red se creó hace algunos años el término “Netiqueta” que es un conjunto de normas de comportamiento que hacen de internet un sitio  más agradable, donde el respeto entre usuarios es primordial. Aunque representa un código de conducta, la Netiqueta no fue ideada para limitar la libertad de expresión, sino para indicar la mejor manera de comportarse usando la red.

Ahora bien, al plantear si en verdad las redes sociales y los chats están afectando la formación lingüística se abre otro debate que preocupa en especial al sector educativo. La sensación general de los educadores hoy es que los teléfonos inteligentes están embruteciendo a los jóvenes. En apariencia, según ellos, si bien algunos de ellos emplean en estos aparatos formas erróneas de lenguaje por diversión, otros se confunden al ver las múltiples opciones de escritura lo que conlleva a un problema de composición de textos bastante grave.

El twitter crea un estilo.

Sobre este punto los jóvenes  se defienden. Al ser consultados en los colegios y universidades sobre el conocimiento y la importancia que le dan al uso de la ortografía y el vocabulario, ellos argumentan que “la mala escritura” sólo hace parte de un código especial entre grupos específicos y no representa la verdadera forma de comunicarse. “Todo se hace para darle un toque original a lo que decimos”, comentan. Cambiar los “por qué” por un “x q’” o las “y” por una “i” en sus oraciones es parte de su proceso de diferenciación con los mayores. Ante esta teoría, de que los jóvenes atropellan el idioma sólo por diversión o por aceptación, el creador de la página meneame.com Ricardo Galli dice que “Mi hija de 14 años escribe mal en foros y con nosotros escribe bien. O sea, que las reglas las sabe. Sin embargo, en determinados entornos, si lo hace correctamente se siente excluida”.

Twitter es, sin lugar a dudas, la página web donde más se castiga socialmente las faltas ortográficas. Los llamados “favstars” (es decir, los usuarios de Twitter más seguidos, más influyentes y más respetados) son extremamente estrictos con lo que escriben. La buena escritura, acompañada de buen ingenio, es lo que se valora en esta red social. Cabe resaltar que la inmediatez de este medio, caracterizado por permitir sólo poner 140 caracteres por emisión, ha impulsado la revolución de la brevedad en el lenguaje. Para tener éxito en Twitter hay que ser preciso, claro, creativo y ágil con la actualidad de los temas. De hecho, es el medio favorito de comunicación de los grandes pensadores y líderes en el que hoy se dirigen al mundo en menos de dos segundos.

Nuevas palabras.

Pero falta un tema aún por tratar y es el que se refiere a los neologismos. La tecnología avanza a pasos agigantados, y de su mano, el idioma. Youtubear, facebookear, googlear y tuitear son, en la era actual, verbos que se han colado en nuestro hablar cotidiano y de los cuales es difícil explicar su etimología. Cabe aclarar que más del tercio del vocabulario tecnológico que utilizamos proviene del inglés, que como es sabido es el idioma base de la programación informática. Estas palabras, extrañas y ajenas a nuestras raíces latinas se han infiltrado, de manera contundente, en los diccionarios y libros de consulta del idioma, algo que a los más conservadores lingüistas parece aterrador, pero que es inevitable detener. Todos los días nos tenemos que acostumbrar a nuevas palabras de ardua pronunciación que parecen sacadas del guion de la Guerra de La Galaxias.

Aunque los puristas del idioma se empecinen en denunciar que las nuevas tecnologías son las promotoras  del declive del lenguaje, se sabe de antemano que su lucha es estéril, no en el sentido de que la ortografía vaya a desaparecer, sino en que hay una evidente evolución de la misma respecto a su manejo en diferentes espacios. No en toda parte de la red se escribe igual o se expresa de la misma forma, así como no se reza en la discoteca o no se emborracha en la misa. Lo invitamos mejor a conocer de qué se trata todo este proceso de utilizar la red y de ponerse al tanto de las nuevas formas de comunicación. Eso sí, no deje nunca de lado los buenos libros, ni tampoco el diccionario. Acostúmbrese a las nuevas palabras, investigue sobre ellas y su adecuado uso; no le de miedo preguntar y mantenga una posición de respeto cuando interactúe con otros. ¡Le damos la bienvenida a la era 2.0 del lenguaje!

Recomendaciones para escribir en internet:

-Es necesario entender que la escritura es de carácter público.

-Internet es un diálogo permanente, es recomendable ser cortés en él.

-Trate de ser breve.

-Utilice palabras que tengan precisión.

-Debe entender las funciones específicas de cada red. No es lo mismo escribir un tuit que un correo o un estado de Facebook.

-No escriba todo en mayúsculas. La gente pensará que está gritando.

-Evite los escritos consonánticos, es decir, quitar las vocales de una palabra para sintetizar. Puede causar confusión.

-Si va a publicar hiperenlaces, mencione de qué tratan.

-Siga en la red los mismos estándares  de comportamiento que utiliza en la vida real.

-Tenga precaución cuando escribe una dirección web, porque si lo hace mal, las puede hacer fallar.

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