El Pacífico colombiano: tan lejos y tan cerca

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Por Elizabeth Gómez Etayo Equipo de trabajo CIER
Por Elizabeth Gómez Etayo
Equipo de trabajo CIER

Por Elizabeth Gómez Etayo

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

A tan solo 122 kilómetros de distancia de Cali se encuentra Buenaventura. Sin embargo, aún hoy ir a Buenaventura puede tardar, con suerte, aproximadamente tres horas. Hay quienes relatan que han tardado más de cinco u ocho horas en llegar al puerto o del puerto a Cali, a causa de los acostumbrados trancones viales, cuya culpa recaía en años anteriores en los tractocamiones (conocidos como ‘mulas’), que transportan carga; y en los últimos diez años, en las obras que prometen modernizar el acceso a Buenaventura, que según comentan los expertos, tiene un retraso de cinco años. Sin duda, una vez terminada será una magnífica obra de infraestructura vial que mejorará el acceso a la ciudad, traerá ‘desarrollo’ a la región y, esperemos, un real progreso para la vida de sus pobladores.

Buenaventura es la segunda ciudad del departamento del Valle del Cauca con 370.000 habitantes, aproximadamente, y el puerto más importante en la costa Pacífica colombiana. Por ahí entran en promedio anual entre 9 millones y 10 millones de toneladas de mercancía. El panorama de los contenedores que entran y salen hace parte del paisaje urbano-ambiental de todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI. Y ya es un lugar común decir que toda esa riqueza no se queda en el puerto, que no la disfrutan sus gentes. ¿Será racismo o una sutil discriminación social y económica?

Buenaventura concentra todos los peores problemas sociales de la ciudad colombiana: el tráfico ilegal de drogas y de armas, la baja institucionalidad  y la exigua presencia estatal. Problemas que traen como consecuencia la aparición de bandas criminales y grupos de delincuencia común altamente organizados, que campean por la ciudad dejando en sus calles los despojos humanos en las imágenes más dantescas que ya otros han descrito con crudeza. A ello se suma la concentración de la riqueza, la expansión de la pobreza, enfermedades virales por doquier, altos niveles de desempleo, bajos niveles educativos y baja cobertura en salud.

Pasan las décadas y el panorama social en Buenaventura se mantiene, con tendencia a empeorar. Una cierta inercia de una compleja crisis que parece importar, pero que aún no encuentra solución. No obstante, Buenaventura fue un paraíso de convivencia en el pasado y puede volver a serlo. Sus problemas de hoy son consecuencia de un cierto modelo de desarrollo, de la presencia de grupos armados y de economías ilegales. Esto es coyuntural y puede revertirse.

Buenaventura está llena de paradojas. Una de ellas se presenta en el sector educativo. En febrero de 2012, la ministra de Educación, Maria Fernanda Campo, denunció que 35.000 escolares entre 5 años y 16 años, equivalente al 37 % de la población en edad de estudiar, estaban por fuera del sistema educativo de Buenaventura; sin embargo, se encontró que había 40.000 niños inexistentes matriculados (los llamados niños ‘fantasma’). Mejor dicho, los ‘falsos positivos’ de la educación. Situación por la que fue sancionada la Secretaría de Educación.

Otra gran paradoja tiene que ver con el dragado del puerto. La bahía se llena de sedimentos porque los ríos que desembocan en ella, especialmente el Dagua, arrastran con todo el suelo que se encuentran a su paso, por efecto de la deforestación, y en los últimos años, especialmente, por efecto de la minería a cielo abierto. Pero en lugar de prevenir la desertización, tal como lo ha llamado el ingeniero agrónomo y doctor en Sociología Gustavo de Roux, lo que hacen es seguir contratando grandes multinacionales. En 2012 fue una firma holandesa la contratada para dragar la bahía de Buenaventura y facilitar así la entrada de  buques de gran calado. Por supuesto que el costo del dragado es inconmensurable. Pero todos se han acostumbrado a que sea la única forma de tener en funcionamiento el puerto. ¿Será que las autoridades de este municipio del Valle no conocen o no han leído al doctor Gustavo de Roux?

Podría señalar más paradojas en el sector de la salud, en el sistema carcelario, en el sistema educativo universitario, en el tema ambiental. Pero solo quiero referirme a una última. Las universidades de la región no estamos mirando para el Pacífico: nos es ajeno, lejano, extraño. ¿Por qué conocemos tan poco del Pacífico? ¿Por qué aún su realidad nos parece tan distante? ¿Por qué las distintas carreras de ciencias básicas, humanísticas y aplicadas no han desarrollado sus investigaciones con sentido social y con compromiso en toda el área Buenaventura urbana y rural? Y a pesar de que es ampliamente conocida la larga presencia que tuvo la Universidad del Valle a través del Departamento de Biología en Bahía Málaga, hoy conocido como el Parque Nacional Natural Uramba-Bahía Málaga, es incomprensible que algunos años atrás hayan propuesto que esta Bahía pudiera convertirse en un puerto comercial, ¡como si desconocieran que es la más grande sala de partos de las ballenas jorobadas!

La tarea socioambiental es grande y hermosa. Tenemos el desafío de rodear, acompañar, respetar y conocer nuestra costa Pacífica colombiana, y quienes estamos en Cali podríamos empezar por Buenaventura, que dista ostensiblemente de ser la ciudad-puerto desarrollada como en las grandes ciudades del mundo, pero podría convertirse en un maravilloso destino ecoturístico. Podríamos soñar con ver esta ciudad convertida en un polo de desarrollo sustentable. Sus niños y jóvenes podrían tener estándares medios y altos de educación. Podría ser que ninguna mujer muriera a la hora del parto. El Estado podría controlar y judicializar a los grupos delincuenciales. Podríamos estar mucho más cerca de nuestra costa Pacífica.

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