El Papa, el catolicismo y la paz

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Por Hector Riveros Serrato

@hectorriveros

El anuncio de la visita oficial del Papa Francisco a Colombia y las celebraciones de la Semana Santa confrontan nuevamente a los católicos, que constituyen la mayoría de los colombianos, con la manera como sus convicciones y la prédica de la Iglesia se proyectan en su postura frente al presente y el futuro de la sociedad colombiana.

Contrasta el mensaje unánime de los clérigos católicos en favor de la paz y de la reconciliación con la posición de muchos de los creyentes en la religión católica en relación con el proceso que el gobierno adelanta con la guerrilla de las Farc para terminar el conflicto armado que nos ha aquejado durante más de cinco décadas. Mientras los unos creen que es la hora del perdón y de los cambios sociales, los otros –muy creyentes según lo expresan siempre- creen que hay que castigar a los guerrilleros por los delitos sin nombre que han cometido, que no merecen perdón y se rasgan las vestiduras anunciando a los cuatro vientos la llegada del castro – chavismo.

En muchos casos influidos por las tesis del ex Presidente Álvaro Uribe, personas que profesan ideas políticas conservadoras, cuyo principal vocero es el Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez, se oponen al proceso y apuestan por su fracaso. Niegan su oposición a la paz, pero reclaman tal cantidad de condiciones que su “paz” no se logra en la mesa de negociaciones sino en el campo de batalla como consecuencia de la rendición del contrario.

Olvidan que los intentos más avezados por conseguir una paz negociada los hicieron gobiernos conservadores, los de Belisario Betancur y Andrés Pastrana. Los dos, influidos en las ideas de la democracia cristiana, propusieron y adelantaron procesos con las guerrillas. Desafortunadamente esos intentos fueron mal diseñados y trajeron como consecuencia el fortalecimiento de la guerrilla y no su desmovilización. En esos procesos la idea del perdón prácticamente no se discutía, se daba por sentado que los guerrilleros recibirían los beneficios de indulto y amnistía que están en la Constitución desde hace dos siglos.

Es cierto que el mundo ha evolucionado en relación con la manera como se debe tratar a las personas que han cometido delitos que contrarían los postulados del derecho internacional humanitario. Los estándares universales ya no permiten indultos generales, sino que exigen que se garantice a las víctimas verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición. Se trata de una justicia restaurativa y no necesariamente punitiva, es decir que se trata de una visión si se quiere “católica”, religión que siempre ha proclamado el arrepentimiento, la “sanción” conducente al cambio del individuo y no a su castigo, y el perdón como los ejes de tratamiento al “pecador”.

La aproximación más liberal en favor de la salida negociada al conflicto está basada en la convicción de las transformaciones sociales como condición para la construcción de una paz estable; la conservadora se centra más en el perdón, la segunda oportunidad, la conversión, etc, valores católicos de los que parecen ahora apartarse muchos de los que se proclaman católicos y participaron activamente en las actividades de la Semana Santa.

La presencia del Papa Francisco en Colombia es la oportunidad para reivindicar lo que él ha representado para la Iglesia Católica, que no es otra cosa que una gran apertura en temas en los que el catolicismo se había mantenido inamovible con el sacrificio de millones de creyentes que se fueron a otras religiones o simplemente abandonaron la Romana. Francisco ha manifestado respeto con las personas homosexuales, ha condenado la pederastia en la que incurrieron muchos sacerdotes católicos, ha tachado el boato y la pompa y ha proclamado la humildad.

Cómo resultará de útil para la sociedad colombiana que un Papa como Francisco sea escuchado con atención en Colombia, no por sus convicciones religiosas, que cada cual tiene derecho a profesar las que quiera, sino por lo que representa en términos de cambio de anticuados códigos de valores de la sociedad y seguramente de apoyo al proceso de paz.

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