¡El Papa le daría en la cara, marica!

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Por Hector Riveros

@hectorriveros

De todos los dilemas que han surgido después del ataque terrorista a la revista francesa Charlie Hebdo el más llamativo es el que plantea nadie menos que el Papa Francisco, quien al principio dijo que nada justifica matar a nadie pero luego matizó y dijo que tampoco se tiene derecho a ofender una religión y agregó que si se hace “pasa lo que pasa”. La perla de las declaraciones de Bergoglio fue la que pronunció ayer cuando dijo que “si alguien insulta a mi madre, le espera un puño” y agregó para que no quedaran dudas: “¡es normal!”

Ya hacía algunos meses había llamado a los fieles católicos a evitar los chismes y a decir las cosas de frente así, dijo el Papa, ello lleve a los puños. “Son mejores los puños al terrorismo del chisme”.

La declaración del Papa coincide con la convocatoria a una marcha por la vida que lidera el ex candidato presidencial Antanas Mockus, quien precisamente en otros momentos se ha mostrado dispuesto a poner la otra mejilla, como es el mandato católico que ahora le parece anormal al Papa. Mockus, más papista que el papa, en cambio promueve el nada justifica la violencia.

Las declaraciones del jefe de la Iglesia Católica plantean inicialmente el dilema de los límites de la libertad de expresión, que es donde se han concentrado la mayor parte de las discusiones dado el contenido claramente ofensivo de las caricaturas publicadas en Charlie, pero rápidamente y de manera más clara pasa al otro al de si se justifica reaccionar en forma violenta. En el caso de la ofensa a la mamá a Bergoglio le parece “normal” reaccionar en forma violenta, en el caso de ofensas a la religión no llega a tanto, pero diríamos que la entiende: “por eso pasa lo que pasa”.

Planteo el tema porque en una sociedad como la colombiana y en una coyuntura histórica como la que tenemos en frente, esa pregunta de cuándo se justifica la violencia está implícitamente en la mayor parte de nuestros males. Si le pregunta a los guerrilleros le darían centenares de razones por las que han usado la violencia durante décadas y aún creen que es legítimo hacerlo. Si le pregunta a los paramilitares le dirán que porque les tocó defenderse de la guerrilla y de esos casos extremos de uso de la fuerza “justificamos” hasta la violencia cuotidiana, especialmente la violencia de género o la para defender la “honra”.

Abelardo, un hombre bueno y padrastro del protagonista de la serie Niche del Canal RCN, mató en la telenovela a dos personas porque se iban a meter con “sus mujeres”, su esposa y su hija; y los hermanos Vicario asesinaron a Santiago Nasar en Crónica de una muerte anunciada por “deshonrar” a su hermana. Está en lo más profundo de nuestros valores culturales. En términos del Papa Francisco, es normal. No estoy exagerando ni poniendo al Papa a decir lo que no dijo, estoy extrapolando su argumento y tratando de ver si es posible que ese razonamiento encuentre el límite.

En un Estado democrático la ley determina cuales hechos están prohibidos y cuáles no y en los casos en los que encuentra que hay valores colectivos comprometidos con una conducta los prohíbe y prescribe una sanción para quien los cometa. Claro, también incorpora elementos de la “naturaleza” humana y entonces “justifica” los hechos cuando ocurren en una determinada circunstancia como la defensa propia y en el pasado por la “ira y el intenso dolor” que exculpaba los feminicidios.

¿Y si el hecho se “justifica” o al menos “se entiende”, merece que el Estado reaccione de una manera distinta y más benigna que cuando “no se justifica”? Los que creen, como el Papa, que a los asesinos de Paris los provocaron, pedirían, para que eso no volviera a pasar, que la ley castigara a quien eso hiciera, es decir que se restringiera la libertad de expresión, pero también estarían de acuerdo en que se le impusiera una pena menor a la que se le impusiera a alguien que –en cambio- actuara en un caso en el que “no se entendiera”.

El debate es muy profundo, pero también muy necesario en Colombia porque si seguimos por el camino que le señala el Papa a los fieles católicos, según el cual, “es normal” en algunos casos usar la violencia para defender derechos o sentimientos propios, estaremos en una sin salida.

No soy practicante católico y por tanto no tengo ningún derecho a hablarle al Papa Francisco, quien por demás me parece que ha liderado muy importantes cambios en esa iglesia que tanta influencia tiene en nuestra sociedad, pero debo confesar que me deja súpito –para usar una expresión de señora bogotana- que el buen Bergoglio, ese hincha del fútbol y seguidor del San Lorenzo, también “¡le daría en la cara, marica!”

Francisco: “¿tú también hijo mío”?

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