El reclamo de las zonas verdes en Cali

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Luz Adriana BetancourtPor Luz Adriana Betancourth

Twitter: @LuzBeta

La pugna entre el ser y el deber ser la estamos viviendo los vecinos de un canal de aguas lluvias que atraviesa las calles de Cali desde el oeste hasta la autopista suroriental.  Resulta que hace muchos años, las unidades residenciales cercanas optaron por encerrar las zonas verdes aledañas al canal y las han usado específicamente como área de juegos infantiles y zona de deportes.

Todos los vecinos sabían que esas áreas no eran de su propiedad y por ello la mayoría se abstuvo de construir sobre ellas, ni  usar ladrillo, ni extensiones de las casas o apartamentos, así como tampoco le cambiaron su uso: zona verde.

Sin embargo, algunos “atrevidos” como la panadería California decidieron tomarse la zona poniendo mesas y sillas sobre el área que, por un lado, es pública y, por el otro, es zona verde.

Así como ocurre en las inmediaciones del canal de la carrera 64 A, sucede también en muchos barrios de Cali donde hay toda clase de zonas verdes que deberían ser públicas y no encerradas por un grupo de vecinos. Pero las circunstancias de inseguridad y demora en el mantenimiento obligan a buscar alternativas para su adecuado uso.

El tema central de esta columna es el ser y el deber ser, porque si bien es obvio que lo público no debería cerrarse para uso privado, también es obvio que en Cali muchas personas no usan las áreas recreativas abiertas porque o hay ladrones, o hay basura, o hay maleza.

Cerca de mi casa, mientras sacaba a pasear a mi mascota, en compañía de mi hijo, que en aquella época tenía ocho años de edad, fui asaltada por dos jóvenes que me obligaron a entregar el reloj. Tiempo después, con mi perro nuevamente, vi cómo dos hombres con revolver en mano bajaron a un señor de su moto y le robaron el vehículo; también he oído gritar a estudiantes de la U. Santiago de Cali que pasan por los parques y los atracan. En fin. Son áreas recreativas necesitan mayor seguridad para que un ciudadano común pueda usarlas.

Entonces, si un parque no es seguro para los adultos y jóvenes, ¿qué diremos de la seguridad para los niños? ¿Hoy en día quién puede dejar que sus hijos pequeños vayan solos al parque? Mientras que si existen zonas verdes cerradas y vigiladas por los guardas de seguridad de las unidades residenciales, muchos menores de edad podrán ir al columpio, al sube y baja, a jugar fútbol o a sentarse a conversar.

El ser de las zonas verdes en Cali debe analizarse ítem por ítem, según el servicio que estén prestando y el uso que se les está dando, porque podrían asumirse como parques adoptados, ya que las unidades residenciales les podan el prado, les hacen mantenimiento y aseo, les brindan seguridad y, sobre todo, los usan, los disfrutan y hasta podríamos hacer un concurso de fotografía mostrando cómo se ven de felices los niños cuando se sienten seguros en ellos así no tengan un adulto al lado.

El deber ser de las zonas verdes es estar abiertas a todos, sin mallas, sin muros y sin puertas, pero con seguridad permanente, ojalá con policías, limpias, sin maleza y con mucha gente disfrutándolas.

Para cerrar esta columna, lamento tener que decir que con la medida de abrir las zonas verdes que hoy están a cargo de la administraciones de conjuntos residenciales donde habitan hasta 100 familias en cada uno, que usan día y noche  estas zonas verdes, el panorama en los próximos días podría ser el siguiente:

Aumento del hurto en las casas y apartamentos aledaños, excrementos humanos y de perros, basura, malos olores, ausencia de niños jugando, juegos de madera pudriéndose por sol y lluvia, poco fútbol, poco deporte, y aumento de fumadores de marihuana.

Señores del Dagma, de la Secretaría de Gobierno de Cali, de las inspecciones y de Emcali: calculen bien el daño y el beneficio de las medidas que están tomando, pues el Municipio puede asumir el costo que hasta ahora se han ahorrado sobre el mantenimiento de estos espacios. Y ojalá envíen trabajadores sociales a cada unidad residencial y edificio para verificar cuál es el uso que sus habitantes le dan a las zonas verdes, contra el uso que se les da a los parques cercanos que están abiertos pero que nadie los disfruta. ¿Qué van a hacer los niños pequeños cuando sus padres estén en el trabajo y ellos no puedan salir al parque? ¿Ver más televisión?

El ser y el deber ser son dos escenarios que vale la pena estudiar en detalle para tomar decisiones acertadas.

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