El teatro y la literatura: las nuevas armas contra la guerra

0

Julián Andrés García Almario, estudiante de Antropología y bibliotecario de la Casa de Cultura José María Vivas Balcázar de Tunía, será el representante de este departamento en las bibliotecas móviles que se ubicarán en veredas aledañas a las Zonas Veredales Transitorias de Normalización.

 Por: Olga Portilla Dorado

olguitaportilla@gmail.com

El viernes pasado, Julián García emprendió su viaje hacia la vereda La Guajira, en el municipio de Mesetas (Meta), más de 16 horas de viaje lo llevaron desde Popayán hasta esta apartada zona del país, una de las regiones más afectadas por la violencia. Por ejemplo, solo en Mesetas el conflicto armado dejó más de 3.000 víctimas.

Aunque nunca antes había viajado hasta esta zona del país, García recuerda que este territorio hizo parte de la llamada ‘Zona de Distensión’ durante el fallido proceso de paz del entonces presidente Andrés Pastrana, por eso, a veces piensa que la comunidad puede estar predispuesta a la presencia del Estado en la zona, además de la estadía de los que alguna vez fueron sus enemigos, ya que desde hace varios días más de 200 hombres de las Farc están concentrados en ese municipio.

Tanto él como los otros 19 bibliotecarios que coordinarán las Bibliotecas Públicas Móviles para la paz (BPM), que se instalarán desde este 1 de marzo en Zonas Veredales y Puntos Transitorios de Normalización, en el marco del proceso de desarme de las Farc, llegan a aprender y a conocer las dinámicas de estos territorios, a socializar el proyecto y a diagnosticar qué necesidades de la comunidad pueden ‘resolverse’ con estas bibliotecas.

Serán entre siete y 12 meses en esa vereda, aunque, claro, Julián hubiese preferido que la BPM que iba a estar bajo su coordinación, hubiera sido en el Cauca, departamento por donde se ha movido durante hace más de cuatro años gracias a la labor que realiza con la Casa de Cultura José María Vivas Balcázar de Tunía y el grupo ‘Tunía Teatro’, llevando las artes escénicas a las zonas rurales de este departamento.

Sin embargo, una ‘jugada’ del destino lo condujo hacia el Meta. Lo desconocido lo atrae y su labor lo apasiona, por eso, a pesar de la incertidumbre, su objetivo y el compromiso de poder hacer del teatro un herramienta pedagógica que involucre la lectura, la escritura y otras artes, para así reconstruir el tejido social de esta vereda, siguen siendo la prioridad; además de lograr hacer de la biblioteca un escenario de diálogo y debate entre los excombatientes y los campesinos.

“Fundamentalmente la idea que tengo es la de replicar la metodología que desde la Casa de la Cultura de Tunía hemos trabajado alrededor del teatro y el arte como escenarios de diálogo, discusión y también de empoderamiento de las comunidades y de los pueblos. Claro, hay muchas expectativas y algunas se convierten en incertidumbre, por ejemplo la aceptación. Saber cómo va a ser recibida la biblioteca, cuál va a ser la apertura hacia este espacio, cuáles son las necesidades que ellos van a expresar y qué quieren que supla la biblioteca”, comenta Julián.

De la metodología que habla y que conoce a la perfección es del trabajo que viene realizando desde hace cuatro años en el municipio de Tunía, a donde se trasladó luego de llegar a Popayán hace seis años para empezar su carrera de pregrado en Antropología. Este vallecaucano nacido en Andalucía, ha hecho del Cauca su casa, y de la experiencia teatral su “arma” para llegar a las zonas donde el estado no ha dado la cara.

“Llegué a la Casa de la Cultura de Tunía y me vinculé a trabajar con el grupo ‘Tunía teatro’, con el cual he tenido la oportunidad de formarme no solamente en la parte teatral y cultural, sino también en lo social. Hemos recorrido el Cauca apoyando diferentes procesos artísticos, culturales y sociales en el norte, en el pacífico, en la zona centro (Cajibío), incluso el año pasado trabajamos en asocio con la Defensoría del Pueblo sacando adelante unas escuelas de formación política”, cuenta Julián García.

Además de esa labor, este bibliotecario, junto a Fanor Teherán director de la Casa de la Cultura, han venido apoyando la creación de grupos de teatro juveniles en el movimiento campesino de Cajibío, y desde el 2014 han desarrollado una metodología denominada ‘campamentos itinerantes’, estrategia que unía diferentes grupos, actores y gestores culturales de la zona centro del departamento, los cuales durante 5 días se ‘tomaban’ un municipio o una vereda para llevarles obras de teatro, talleres, danza y otras actividades.

Experiencia que le bastó a Julián para ser seleccionado como uno de los 20 bibliotecarios de la paz, quienes serán los encargados de llevar la literatura y otras artes para salvar a los territorios de la guerra.

Y es que en Tunía, jóvenes y adultos resaltan la labor que han realizado tanto el director como este joven, que llegaron a potencializar las capacidades de la biblioteca de este municipio a través del arte y de la dotación tecnológica con la que cuentan las bibliotecas públicas del país.

Para este bibliotecario de 35 años, el proyecto del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, en asocio con la ONG francesa ‘Bibliotecas Sin Fronteras’, representa la oportunidad no solo de conocer, sino de “poder aportar un granito de arena a la visibilización y construcción de esa otra Colombia, la Colombia rural, que durante décadas ha permanecido oculta para el resto de colombianos. Estas bibliotecas se envían a lugares donde el Estado nunca ha llegado, somos la primera institución que va a dar cara a nivel estatal y a propiciar escenarios de diálogo, encuentro y reflexión”.

 En este momento Julián García, ya se encuentra en la vereda La Guajira, ahí estará durante casi un año. Lo primero que hará, antes de que llegue la biblioteca móvil, será socializar el proyecto, elaborar un diagnóstico donde se dé cuenta de la situación, los actores relevantes para la biblioteca; lo cual permitirá identificar las necesidades que la BPM puede atender.

15 días después llegarán los módulos, todo un centro multimedia que cuenta con 380 libros físicos y más de 200 libros digitales, 17 tabletas, 15 lectores de libros digitales, 5 computadores y 3 cámaras de video, un sistema de cine con sonido incorporado y más de 30 películas, además de varios juegos de mesa, para así dar inicio a la primera Biblioteca Móvil para la paz coordinada por un bibliotecario del Cauca.

Comments are closed.