¿El último día de la guerra?

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Por: MiguelJ MondragónD

Twitter: @Miguel_Mondrag
Soñador. Defensor de Derechos Humanos con equidad y Justicia Social. Gestor y constructor de paz. Administrador de Empresas. Especialista en Gerencia Social.

Serias diferencias tengo con las continuas euforias colectivas – exacerbadas para mi gusto – suscitadas en torno a los apasionamientos que despiertan en nosotros los Colombianos algunas situaciones, que si bien muestran el alcance de un resultado, apenas suman en la obtención de un objetivo superior.

Ejemplo sencillo de esto son los partidos de la Selección Colombia, donde según el resultado, estos admirables jóvenes jugadores –idolatrados por encanto – pasan con pasmosa facilidad de ídolos amados a despreciables petardos, aborrecidos por periodistas y su gran hinchada. En diferente escenario pero en situación similar, me suscita igual recelo esta efervescente tendencia con los avances del proceso de paz en La Habana, por los últimos acontecimientos, que van mostrando logros sin alcanzar aún el objetivo final: la firma definitiva de los acuerdos.

No se puede negar la trascendencia e importancia del histórico acuerdo del pasado jueves entre el gobierno y las Farc, teniendo en cuenta que lo que se logró ese día era lo que más escepticismo provocaba: el desarme de las Farc.

A pesar de la molestia de los detractores del proceso, comprendiendo la emoción que generó al país las imágenes del Presidente Santos junto a ‘Timochenko’ alzando y mostrando los acuerdos en ánimo de victoria – lo que confundió a María y Juanpueblo, la gran mayoría de colombianos – porque lo sucedido fue un avance, aún no se firmaron todos los acuerdos. Ahora les exige a los negociadores, además de llegar cuanto antes al acuerdo final, mantener este entusiasmo colectivo, decisivo para que el proceso de paz tenga el éxito esperado: la refrendación.

Con mucho facilísimo, gran dosis de irresponsabilidad, pero con igual derecho, vamos celebrando hechos que si bien son valiosos, debemos tener en cuenta el mensaje equívoco que podemos mandar para quienes por diversas razones no conocen, no entienden, no participan –porque han sido excluidos– de lo que viene pasando desde el 17 de noviembre de 2012, cuando las noticias informaban que el Gobierno y las Farc iniciaban en Cuba, una negociación de paz con la que buscarían poner fin al conflicto interno de más de 50 años, el más prolongado del hemisferio, hoy casi cuatro años después de este anuncio.

Está de moda, la paz se vistió de moda; soy uno de los más ‘apasionados soñadores e influenciadores’ en todos estos temas de alcance nacional: Pedagogía para la paz, Conversemos, la conversación más grande del mundo, Recon Colombia, Paz territorial, Asesoría de Paz de Cali y su importante campaña #MeditelealaPaz, y tantas otras iniciativas de construcción y posicionamiento de la paz.

Que la euforia no nos haga perder el norte, que seamos conscientes que después de firmados finalmente todos los acuerdos, y mínimo por los diez años venideros, estaremos dedicados a reconstruir el tejido social, valiosa y cuidadosa labor, en la que indudablemente las mujeres por su naturaleza social, de constructoras, de tejedoras, de dadoras de vida serán determinantes para facilitar el perdón, la reconciliación y poder volver a vivir en paz.

Pocas veces estoy, y creo estaré de acuerdo con Darío Arizmendi como me ocurrió el último viernes al escucharlo abrir su emisión radial matutina con una expresión parecida a algo como esto: “ojo, mucho ojo, no nos podemos confundir, lo que se logró ayer fue solo un paso más, aún hay mucho alcanzar, y esto no se logrará como por arte de magia…”.

Sumándole al comentario del ampuloso periodista, venía escuchando desde el día anterior a muchas personas de mi entorno, con quienes me encuentro, a la señora que nos ayuda en casa, al bombero de la estación de servicio, a la mujer de la cafetería, al muchacho de los jugos de la esquina, a la madre cabeza de familia desplazada en Aguablanca, a algunos de mis compañeros de trabajo entre otros, cuestionándome ¿usted es que no está contento? ¿Por qué, me preguntaba? Si ya firmamos la paz!

Hay Dios, como si lo anterior fuera poco más preocupado me quedé, en Colombia ese día en redes sociales fue tendencia la etiqueta #ElúltimoDíadelaGuerra, termine casi por concluir, parece que ya llegó la paz y finalizó para siempre la guerra como por arte de magia, y yo apenas me enteré!

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