El vaso medio lleno

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ana-mariaPor: Ana María Ruiz Perea

Twitter: @anaruizpe

Se ventiló en campaña, y es verdad, que el congreso que hoy se posesiona será constituyente. Me puedo estar metiendo en honduras en este tema porque no soy constitucionalista, ni siquiera abogada, pero el asunto es que si se cumple la agenda trazada en la mesa de diálogos de La Habana, este congreso será la primera instancia a cargo de crear la arquitectura legislativa que, a modo de escaparate institucional, sostenga las condiciones para una paz sostenible.

Espero no equivocarme pero en el congreso que hoy se posesiona veo “el vaso medio lleno”: hay un grupo relevante de personas de alta valía intelectual, a quienes les cabe en la cabeza la labor parlamentaria, el sentido de su oficio y su responsabilidad histórica. Soy muy cercana a la senadora primípara Claudia López, pero ella no es ni mucho menos la única voz sensata que espero escuchar en el recinto parlamentario. Quisiera ser optimista y ver en el vaso medio lleno que un buen grupo de los elegidos en marzo va a ser capaz de demostrar la altura a la que están llamados, y podrá romper con la inercia de mediocridad alcanzada en décadas de fama bien ganada en el capitolio nacional

El congreso que hoy se posesiona será constituyente si es capaz de mostrar que tiene el talante para serlo. Parlamentar, que es el oficio para el que fue elegido, supone debatir con argumentos y no bloquear con artillería el curso de todas las ideas. Vería el vaso vacío si solo hubiéramos elegido intransigentes, los mamertos que, con el perdón de los que se han creído únicos dueños de ese papel en la historia, van a verse en este congreso a la izquierda y a la derecha. Y defino mamertismo como la actitud de quien no sabe, no quiere o no se le antoja transigir, verbo que según la RAE significa “consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia”.

Quisiera ver una oposición que transige porque entiende la diferencia entre oponerse al gobierno y cerrarle las puertas a la paz. Confío en que una mayoría sea capaz de legislar para un país que cree posible el cesar de la guerra, y construya para él la legislación que permita un mejor estado de cosas.

Porque así como están las cosas hoy, la camisa institucional que llevamos puesta no nos sirve. Si la justicia no se reforma, no habrá firma de paz que valga; si la tierra no se reparte, se perpetúa el estado de cosas violento; si la reelección no se acaba, las malas mañas políticas no se erradican, y así. La firma de un acuerdo de paz es la mejor oportunidad que brinda la historia para dar un salto cualitativo en crecimiento, funcionamiento y convivencia.

Quisiera creer que vamos hacia allá, pero no sabemos cómo va a ser el trámite: vía congreso -si da la talla, lo que está por verse; vía asamblea constituyente –con el riesgo de que votos espurios la elijan y quedemos peor de lo que estamos; o porqué no, vía altas cortes a través de los procesos de hormiga que suponen demandar, una a una, las fallas en la operación del Estado, como el caso de la reelección del Procurador. Lo cierto es que cuando la camisa se queda pequeña, o se amplía con puntadas de buen sastre, o se explotan las costuras y nos quedamos con un sistema democrático hecho harapos.

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