Elecciones presidenciales en Colombia: debates y soluciones pospuestas

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Luis Eduardo Lobato - NuevaLuis Eduardo Lobato Paz

Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

En nuestro país desde el año 1998 se ha impuesto la idea del enemigo único: las Farc. Andrés Pastrana Arango fue elegido para el período 1998-2002 porque prometió que haría la paz con esta organización guerrillera. Al fracasar Pastrana en su intento, durante dos períodos seguidos, Alvaro Uribe Vélez consiguió la presidencia al anunciar que la combatiría frontalmente hasta acabarla. En la actual contienda electoral, entre el presidente-candidato Juan Manuel Santos y Oscar Iván Zuluaga, se nos impone esta disyuntiva entre paz o guerra con este grupo guerrillero.

Sin desconocer la importancia que este hecho puede traer para el proceso de paz en Colombia, se convierte en una cortina de humo para no dar la discusión sobre otras problemáticas que afectan al pueblo colombiano y son el germen de violencias de variada índole.

En las ciudades la violencia común sigue dejando una estela de muerte y afectación que tradicionalmente ha sido superior a aquella producida por la confrontación con los grupos guerrilleros. No pasa una semana sin que no se conozca un caso de mujeres y niños,  que son alcanzados por las balas de grupos armados (pandillas, bacrim) que se enfrentan por el control territorial. A esto se le suma el estoicismo con que pequeños comerciantes y transportadores tienen que aguantar la vacuna diaria que les imponen estas organizaciones ilegales.

La violencia contra las mujeres, niños y ancianos, cada vez aumenta más. Cómo se puede avanzar en un proceso de paz, si estamos propiciando la desestabilización mental de miles de personas que tienen que soportar los ultrajes físicos y psicológicos de sus cónyuges, padres o hijos.

Otro caso preocupante tiene que ver con los procesos de esclarecimiento de la verdad. Para avanzar en la sanación de heridas, un componente básico tiene que estar dado por la celeridad con que se conozcan todos los hechos relacionados con desapariciones y asesinatos. Hace nueve años se dio inicio a la Ley de Justicia y Paz con los paramilitares y hasta ahora son muchos los casos que no se han develado ni impuesto castigo a los responsables de los mismos.

Numerosos estudios han determinado que la raíz del conflicto armado en Colombia fue el problema agrario. Desde la década de los cincuenta hasta ahora miles de colombianos han sido despojados y desplazados de sus tierras. Los procesos de restitución de tierras han sido lentos y no se garantiza la seguridad para aquellos que deciden volver a ocupar sus antiguos predios. Los productores de flores y café tienen que lidiar con precios altos de fertilizantes, estar en vilo por las variaciones de la tasa de cambio del dólar o esperar que la desgracia afecte a sus pares (caso de los cafeteros colombianos, cuyo bienestar depende que se presenten sequias en las tierras cafeteras brasileras). Está pendiente todavía la constatación de  como afectará a nuestros productores agropecuarios la entrada en vigencia de los números Tratados de Libre Comercio que hemos firmado.

La solución del problema de la justicia es un imperativo que toda nación debe resolver para asegurar el respeto de los derechos y el correcto funcionamiento de las instituciones. En un país en el que la celeridad para investigar, juzgar y aplicar justicia es tan lento, esto alienta a los delincuentes y genera altas tasas de impunidad. A esto se le suma,  los numerosos resquicios que ofrece la Constitución Nacional en cuánto a la competencia de las altas Cortes y que posibilitan la dilación de los procesos o dan herramientas a los sindicados para eludir castigos u obtener penas blandas para sus delitos.

Otra de las discusiones que están pendientes es la evaluación de la efectividad de programas como Familias en Acción para sacar de la pobreza a los colombianos que reciben este subsidio. Será que estamos reduciendo la desigualdad social, cuando de una manera creciente miles de personas viven del mototaxismo en pequeñas y medianas ciudades, de la venta de chance y juegos de azar, de la recarga de minutos, de la venta de alimentos en las calles, la reventa de prendas de vestir  en sus casas o de trabajar por días como empleadas domésticas.

Otro de los aspectos que requieren una atención inmediata tiene que ver con la calidad de la educación que reciben las jóvenes generaciones. Si bien se ha avanzado en materia de cobertura en los niveles de educación primaria y básica, falta mucho por hacer para que mejoren sus estándares de competencias básicas. A nivel de educación superior es necesario facilitar el acceso de más colombianos y mejorar la calidad de la educación que se imparte en muchas instituciones.

Esta descripción de las problemáticas que se eluden o no se han abordado en profundidad en los debates presidenciales nos muestra que mientras en el país se siga asimilando la consecución de la paz con la negociación o exterminio de las Farc no habrá un avance significativo en una fase de posconflicto. Este precisa de sacar adelante una serie de programas, actividades, políticas públicas y de Estado que permitan avanzar en la solución de problemáticas que nos afectan desde hace mucho tiempo y que han sido y siguen siendo el germen de múltiples violencias que padecemos.

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