Emcali, ¿sí futuro?

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Por Leo Quinteroleo quintero

Cuando en Cali todos los sectores políticos y económicos miran con esperanza la devolución de Emcali, y hasta con agradecimiento porque el gobierno nacional determinó retornar a sus legítimos dueños la empresa más importante del suroccidente del país, en la academia, en la Universidad del Valle, el director del Observatorio de Políticas Públicas, Édgar Varela, dice que lo que tenemos en realidad es un gran chicharrón. Porque en los trece años más importantes para el futuro de la empresa realmente no se tomaron las decisiones  correspondientes para garantizarle a la ciudad que su empresa pudiera sobrevivir. Medidas que sí fueron tomadas en su tiempo por las Empresas Públicas de Medellín.

Emcali, con sus interventores, muchos de ellos de poca monta y otros con la franca decisión de hacer negocios, no tuvo al frente de la empresa a funcionarios que visionaran la empresa después de la intervención. Por eso nunca se proyectó a la empresa ni se tomaron decisiones que abarcaran los próximos veinte años, dos cosas que son evidentes. Las pérdidas de agua pasaron de un 18 %, en 2000, a un 55 %,  trece años después. Energía no construyó una sola subestación de electricidad en la ciudad, cuando se requerían al menos seis más. Alcantarillado Emcali se dedicó a cobrar la PTAR, pero no se hicieron obras complementarias diferentes a las ejecutadas a la fuerza por los trabajos del MIO y las Megaobras.

La crisis del agua en Cali (ochenta y ocho cortes en el servicio último año) también obedeció a esa falta de inversiones y a no mirar el futuro del suministro del líquido en Cali, se quedó a la espera de decisiones cruciales en esa materia y ahora piensa contratar estudios millonarios. Hay tres alternativas: traer aguas de la Salvajina, un embalse con aguas del río Timba o el trasbase de aguas del Pacífico, con las complicaciones que generarían las fallas geológicas de la zona de Pichindé. La más sencilla y menos costosa es trasladar la bocatoma, lo que requiere inversiones de ocho a diez millones de dólares, pero aún no se toman las decisiones que la ciudad ha esperado en estos trece años de intervención.

La estructura administrativa de Emcali se quedó rezagada en por lo menos quince años y hoy en día no hay una sistematización en todos los procesos de la empresa, lo que es evidente y se nota tristemente en el área de mercadeo de Emcali, que deja mucho que desear.  En estos trece años de intervención, la empresa se dedicó a botar sus clientes. En energía la competencia se le comió el 36 % del mercado, especialmente en los clientes más grandes, los que más consumen; y en teléfonos, la superintendencia se responsabilizó de Emcali con quinientas mil líneas activas y la devuelve con menos de trescientos noventa mil. La atención en instalaciones de Emcali pasó de un día de demora a por lo menos dos semanas, como ocurre en la actualidad.

De los tres negocios de Emcali, el de mayor proyección y futuro es el agua. Pero a la empresa le queda asumir manejos ambientales, a los cuales la ciudad les dio la espalda. Emcali, según el profesor Varela, debe proyectarse en temas como los escombros, basuras, como lo plantea en Bogotá la administración capitalina.

La basura es tan buen negocio, que es mucho más rentable que la generación de energía, y en lugar de enterrar los desechos, la ciudad debe empezar a tener otra visión de esa actividad ambiental, que en el mundo recibe bonos verdes y otros estímulos.

Por estos y muchos hechos que han sido investigados por la Universidad del Valle, que no ha tenido contratos con la Superservicios y Emcali, lo mejor que hay que hacer el 3 de julio, cuando la empresa vuelva a sus reales dueños, será mirar con detenimiento qué hay en el futuro de la empresa. Lo mejor, agrega el director del Observatorio de Políticas Públicas de la Univalle, será escindir telecomunicaciones, antes de que su crisis se agudice y arrastre con ella al resto de la Empresa.

Hace siete años, en plena intervención, se debieron tomar las medidas que le garantizarían a le empresa un mejor futuro; pero nunca se adoptaron, y hoy en día en lugar de ser una tabla de salvación se podría convertir en un lastre para Emcali.

El tres de julio habrá cesado la horrible noche de la intervención de Emcali, pero comenzará el desenguayabe, para saber si tendremos las herramientas y la capacidad para encontrar el camino para garantizar la empresa de los próximos años. Ojalá que no haya equivocaciones y que en el gobierno caleño no piensen que los gerentes de Emcali solo consiguen en el Club Campestre o en el Club Colombia.

 

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