Empujando el carromato

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ana-mariaPor: Ana María Ruiz Perea

Twitter: @anaruizpe

Hagamos de cuenta que un gran carromato pesado, con los ejes de las ruedas sin aceitar, repleto de una carga pesada que amenaza venirse abajo en cada sobresalto del camino, necesita avanzar mientras intenta acomodar su equipaje. Ese carromato desordenado y angustiosamente inestable solamente rueda con tracción humana.

Entre más personas se unan para mover el carromato, mejor caminará. Si unos van en la delantera allanando el camino, menos sacudones tendrá. Si otros van en la retaguardia, lo que se caiga por los sobresaltos podrá volver a su lugar. Y adentro, para poner orden a la carga, algunos deberán estar a cargo de que si se mueve una caja, no se ladee un paquete y si se organiza un bulto, no se deslicen tres varas.

Tal cual es la democracia. Nadie dijo que sea fácil, pero jamás será posible si no se cuenta con el apoyo de todos para mantenerla rodando. La figura del carromato empujado y sostenido por todos me viene a la mente por estos días, observando la enorme reacción ciudadana que se ha despertado con miras a la segunda vuelta presidencial y la temible posibilidad de que el candidato que encarna la vuelta atrás llegue a la presidencia con su jefe (¿patrón?) a la sombra.

Por su parte los partidos de la Unidad Nacional –Liberales, Cambio Radical y la U no la tienen fácil, y suponemos que están haciendo lo que pueden para movilizar los votos por su candidato. Pero los visos de emoción en esta campaña no llegan de los partidos propiamente dichos, sino de las personas y las organizaciones que se están vinculando a ella y de los ciudadanos que, finalmente, somos los que empujamos el carromato.

Hace cuatro años Antanas Mockus fue el contrincante del actual presidente y hoy no solamente ha anunciado su respaldo a Santos y al proceso de paz, además se puso la camiseta, escribió la palabra PAZ en su mano y grabó una cuña en la que invita a votar por su antiguo rival. Grande, Antanas.

A pesar de diferencias internas en su partido, la candidata del Polo Clara López, que recibió casi 2 millones de votos en la primera vuelta, también alzó su voz y hace campaña por el SI voto por la paz. Junto a ella, la gran mayoría de la izquierda colombiana y los líderes sociales y sindicales, han expresado el respaldo al proceso de paz y, por consiguiente, su voto por Santos. Y aunque unirse a un grupo que empuja grandes ideales resulte una labor que parece producirle urticaria a Peñalosa, los dirigentes verdes han ido también, uno a uno, expresando públicamente su intención de voto por el presidente.

Lo que se ha denominado Frente Amplio por la Paz está congregando gente de Bogotá a la Costa, del sur a los santanderes, motivando la participación amplia de la ciudadanía; ese grupo variopinto, que también jalona un renacido protagonismo para el Consejo Nacional de Paz, sabe mover las bases sociales y hace campaña paralela a Santos, invitando a votar por él.

Queda una semana en la que escucharemos otras voces, por fuera de la política, anunciando en voz alta su querencia electoral, invitando a unirse para empujar el carromato destartalado de la democracia colombiana.

Esta es la única opción porque, a diferencia de lo que esgrimen William Ospina y otros zuluaguistas (o uribistas), es en el camino que deben acomodarse las cargas, y no volcando de tajo el carromato para ver si así se recompone el camino. Nadie dijo que fuera fácil, pero el camino hacia la paz sólo se anda si entre todos empujamos que existan el perdón, la reconciliación y la democracia.

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