En busca de la paz o del poder

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Por Gustavo Muñoz Sinisterra

Empresario y Dirigente Gremial del Valle

Escuchando la posición vehemente de los cabecillas de las FARC sobre que no hay posibilidad de que se firme la paz en caso de que se tenga que pagar un solo día de prisión, me llevan a preguntarme como ciudadano ¿dónde queda el equilibrio entre justicia y paz?.

Para qué las leyes, la constitución y las instituciones y todo un recorrido de 2000 años, si a una pequeña comunidad en rebelión no le sirve, entonces no la aceptan y piden que se cambie a su conveniencia. Vemos como hace unos años se estableció una rebaja considerable de penas para estimular a las personas al margen de la ley a reconocer sus delitos, denunciar a sus cómplices, reparar a sus víctimas, devolver bienes y dineros adquiridos ilícitamente y comprometerse a no volver a delinquir, buscando así perdonar con justicia y buscar una sociedad cada vez más justa y en paz.

Ya tenemos muchos ejemplos de narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros, políticos, empresarios y ciudadanos del común que se han sometido a estos beneficios, que han pagado y otros que están pagando en prisión con rebaja de penas obtenidas cumpliendo con delatar, confesar, reconocer, entregar y arrepentirse.

Me queda muy difícil a mí, que soy victima indirecta del conflicto armado aceptar que un pequeño grupo al margen de la ley condicione un acuerdo de paz cambiando completamente el concepto de justicia, eliminando la prisión, sin una posición clara de reconocer a las víctimas, de declarar las ganancias obtenidas en bienes y dinero a través del secuestro, narcotráfico, aprensión de tierras, extorsiones, lavado de activos.

No escuchamos claramente cómo van a devolver las tierras, como repararán a las víctimas, no hay denuncia de sus colaboradores en el gobierno, la policía, el ejército, y la sociedad civil; pero si los vemos exigiendo una reforma agraria redistribuyendo la tierra a su conveniencia, hacerse cargo de la seguridad del campo, tener curules aseguradas en concejos municipales, asambleas departamentales, congreso de la república -que se deben ganar en elecciones populares-, exigir más recursos económicos del estado (nuestros impuestos) para las poblaciones donde ejercerán poder, solicitar reformas constitucionales y otras más que van pidiendo poco a poco mientras los colombianos nos vamos desgastando en el proceso.

Si a mí, que soy víctima indirecta me da vueltas esto en la cabeza, que estará pensando esa familia donde sus hijos y familiares fueron reclutados a la fuerza sin importar la edad ni el género, otros asesinados, muchos desplazados, extorsionados, robados, secuestrados, heridos, mutilados, amenazados, amedrantados y muchos otros verbos y adjetivos que nos han dejado estos 50 años de guerra que empezó como una rebelión social y después se volvió un negocio para acabar en una lucha por el poder para gobernar un país de 44 millones de personas donde los guerrilleros, narcotraficantes, paramilitares y delincuentes comunes no superan los 100 mil individuos, es decir el 0,2% de la población y nos tienen en ‘Jaque Mate’.

Para visualizarlo más fácil, es como si en un barrio de mil personas 2 habitantes al margen de la ley hicieran la guerra y las sometieran. Como me gustaría ver por unos días en la presidencia de la República, los ministerios y el congreso a los Cabildos Indígenas a ver si el 0,2% de su comunidad los obliga a cambiar su justicia y constitución y les exigen cogobernar con ellos. ¿Qué tendrá nuestro país que la lucha por el poder no tiene límites?

Termino con unas palabras que me acaban de llegar del presidente José Mujica de Uruguay: “Hay gente que adora la plata y se mete en la política, si adora tanto la plata, que se meta en el comercio, en la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero, la política es para servir a la gente”.

 

Destacado: Si a mí, que soy víctima indirecta me da vueltas esto en la cabeza, que estará pensando esa familia donde sus hijos y familiares fueron reclutados a la fuerza.

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