En el Peñón

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En la segunda edición de Letras de El Pueblo presentamos esta interesante perspectiva a cerca del parque el Peñón de Cali

 

DSC_0417Por Francisco Velasco

 

Recorres los mismos caminos. Atraviesas parques que dejan suelas de barro en tus zapatos. Te quemas con el asfalto de  las calles.  Fijas tu mirada en el cielo, impasible, lento, calmado; pero tú sigues moviéndote al ritmo de los pasos. Caminar como respirar, nada se aprende del ahogo. Las calles pasan, una casa tras otra  marcan el recorrido de tus movimientos y  de pronto lo ves:

Una textura, un detalle del asfalto, del tronco de una palmera. Es la mano que recibe dinero,  la mano que pinta sobre un lienzo y la que se hunde en el agua, los recorridos de los otros, que como tú atraviesan este espacio, lo pisan y lo dejan. Pero tú no, no esta vez. Te quedas viendo esto llamado parque, sus caminos, sus árboles, las fachadas circundantes y sintiendo la brisa  que  baja desde las montañas. Eres el agua que  fluye en la fuente, los caminos adoquinados, los pasos que los recorren y las sillas que ahí reposan testigo de tantas historias como  hojas tienen los árboles. Eres el que contempla y el que vive, caminas cada uno de los caminos y  te sientas impasible, ves cada detalle, cada pintura, cada rostro.

“A veces te quedas durante horas mirando un árbol, describiéndolo, disecándolo: las raíces, el tronco, el ramaje, las hojas, cada hoja, cada nervadura, cada rama desde el principio, y el juego infinito de las diferentes formas que tu mirada ávida solicita o suscita. A medida que tu percepción se afina, se hace más paciente y más ágil, el árbol explota y renace, mil matices de verde, mil hojas idénticas y sin embargo distintas. Te parece que podrías pasarte la vida frente a un árbol, sin agotarlo, sin comprenderlo, solamente mirando: lo único que puedes decir de este árbol, después de todo, es que es un árbol; raíz, tronco, ramas y hojas. No puedes esperar de él ninguna otra verdad. El árbol no tiene una moral que proponerte, no tiene un mensaje que transmitirte.”

El parque se vuelve un lienzo, bodegones y paisajes  llenan este espacio. Oleos que dibujan lienzos con rostros,  lugares fantásticos  y animales;  El recorrido  es una pintura; tú también lo eres ahora, cada esquina  es una galería, donde el óleo muestra a los visitantes,  nuevas realidades que pueden ser adquiridas. ¿El arte por el arte? El arte para subsistir.

El agua  rompe cualquier silencio,  en sus rostros, el sonido siempre está.  La ves en las pinturas y  reconoces su magia, la ves en el centro y reconoces este espacio. La fuente es su centro y a su alrededor crece este parque, estas  pinturas, los edificios, esta ciudad.

Paso a paso te das cuenta que no eres el único, otros pasos  también lo caminan, dejaron como recuerdo su pisada y puedes intuir la llegada de  nuevos pasos en cada baldosa  usada y desgastada.  Porque cada uno lleva una edad en su propio peso. En su ritmo, en su ir y venir, ves pasos rápidos  y firmes, pero también aquellos  que a pequeños saltos crean  aventuras en sus recorridos y  otros que  ya llevan con ellos el tiempo, lo respiran en cada subir y bajar y  buscan desesperadamente un espacio  donde descansar.

Ahora descubres su mirada. Ellos aparecen ahí, buscando  otras miradas, las que  fijamente  tienen un lenguaje en sus ojos y están diciendo algo. Son pintores.  Ves esas pinturas, las suyas, las que pueden ser tuyas, y descubres ese lenguaje lleno de historias  y emociones. Más que el  óleo sobre la tela o el paisaje representado, son parte de un lienzo que alguien  alguna vez llamó parque del Peñón. Personas, gente, individuos, vecinos, turistas; ves ciudadanos en esos oleos que  van y vienen y se quedan. Somos pinturas, somos representaciones. Y los pintores seguirán pintando, seguirán estando ahí, ocupando y trazando, mostrando y vendiendo, sobreviviendo. Y tú seguirás caminando, por que caminar es como respirar, no puedes dejar de hacerlo.

Aquí llevamos 26 años de lucha, tratando de mantener esta muestra plástica, no será la mejor obra la que se muestra, pero se está haciendo el esfuerzo

  Carlos Arturo Quiroga.  Pintor al óleo.

Él, Carlos. Habla con las manos; cada palabra viene acompañada de un gesto con ellas. Se define  como tejedor de tapices murales, artesano del hilo y la lana para decorar hogares, que ahora  más por necesidad que por  vocación como él lo  confiesa, pinta al óleo.

El parque sigue ahí, un lunes, un miércoles y un viernes. El domingo  es un día pintado, se viste de galería y la gente  espera y mira como los lienzos van mostrando algo, van diciendo y van vendiendo al que pasa por ahí. ¿Qué te dice un paisaje? ¿Qué te dice un caballo galopando por la playa?  ¿Qué te dice un manglar del pacífico?  Son relatos que se venden a los pasos que al mirarlos quieran quedarse en ellos.

Biografía:

Francisco Velasco es Comunicador social en proceso. Inició sus estudios en la Universidad del Valle, donde actualmente realiza su tesis. Ha trabajado en la producción de cortometrajes universitarios, trabajó como asistente de dirección en el primer cortometraje de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle y  ha  escrito para la revista Ciudad Vaga. Actualmente está realizando un curso de crónica y periodismo literario; una de sus principales pasiones en el periodismo.

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