En un país decente….

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Por Oscar Gamboa Zúñiga

La frase que rotula esta columna fue utilizada en el rifirrafe entre el ministro de defensa Carlos Holmes Trujillo y el senador Gustavo Petro, el uno para atacar y el otro para contratacar. Pero dado que expreso con mucha frecuencia que no somos un país serio, traduciré en mis lógicas lo que se debería hacer en un país decente, o sea en un país serio. Preciso que el país al que me refiero no son las cosas inanimadas, sino los seres humanos que lo habitamos, quienes somos en ultimas quienes gerenciamos la sociedad, desde lo personal hasta lo público, pasando por lo privado.

En un país decente, desde los hogares se debe formar en principios y valores a los hijos. La honradez, el respeto, la verdad, la puntualidad, entre otras, deben enseñarse e inculcar desde la primera infancia.

En un país decente, se debe brindar buena educación formal, de calidad, con ergonomía física que facilite el aprendizaje, pertinente, y de acceso universal. Con profesores bien formados y éticamente ejemplares, donde se pueda volver a decir…es que el profesor o profesora es su segundo padre o madre, según el caso.

En un país decente, debe imperar un buen sistema de salud, donde no se muera la gente según estrato social y se pueda acceder a los medicamentos de acuerdo con los requerimientos para recuperar la salud y no según los condicionen las eps, para ahorrar costos.

En un país decente, se fomenta el deporte para impulsar grandes figuras en diferentes disciplinas, pero también por el bienestar en la salud de la población, y para ello se dispone de una infraestructura adecuada.

En un país decente, las autoridades civiles, militares, policiales y eclesiásticas dan ejemplo de comportamiento, sabiduría, respeto y humildad, que les haga dignos de ser escuchados, acatados y emulados.

En un país decente, se respeta la fila para tomar el transporte público o donde toque hacerla, no se compra ni se vende el puesto en una fila.

En un país decente, se es agradecido, leal y reciproco en la amistad. Se expresan sentimientos sinceros, no postizos según intereses.

En un país decente, las compañías de servicios púbicos no les hacen cobros a las personas por fuera de lo legal, inclusive sin que el usuario se entere.

En un país decente, cuando se debe firmar un documento el tamaño de la letra debe animar a leer a quien vaya a firmar y no se abuse para que las personas firmen cosas de las cuales no tienen idea en lo que se refiere a los pequeños detalles, porque  el tamaño de la letra se los impide.

En un país decente, no se quiere y valora un deportista solo si triunfa, pero cuando no lo logra, lo acaban.

En un país decente, los ciudadanos no abusan de las libertados, ni las autoridad de su condición.

En un país decente, los legisladores no cobran por cumplir con su deber, no piden contratos o coimas por liderar la aprobación de un proyecto o votar a favor de su aprobación.

En un país decente, quien brinde un servicio técnico no engaña al cliente aprovechando el desconocimiento de este, para cobrar más dinero o para supuestamente comprar unas piezas que no se necesitan.

En un país decente, los bancos y en general las entidades y personas con posiciones dominantes en el sistema financiero en épocas de crisis como las que actualmente estamos viviendo, son más solidarios y mas inteligentes porque si se quiebran los negocios y no se tiene capacidad de compra, pues los bancos disminuyen en la captación de recaudos que es en ultimas lo que les hace más fuertes día tras día.

En un país decente, se critica con respeto y no con agravios grotescos e irrespetuosos.

En un país decente, aunque se difiera, se respeta la opinión y puntos de vista de los demás.

En un país decente, SE VALORA y RESPETA LA VIDA. NO se mata porque se piense diferente, por robar un celular o cosas de mayor o menor valía, por arrogancia y vanidad, o tan solo por ver caer.

En un país decente, quienes son propietarios de medio de comunicación, aunque tengan sus posturas políticas o ideológicas, se esfuerzan por ser imparciales y trabajan por informar con la mayor imparcialidad, no se convierten en trincheras para acolitar rupturas en una sociedad que necesita es estar unida y compacta.

En un país decente, los procesos electorales son transparentes y confiables para que se elija a quien realmente lo merezca y no a quien pague por comprar conciencias.

En un país decente, se vota a conciencia y no por recibir dinero o canonjías a cambio quizá de cuatro años de mal gobierno y corrupción, que generan luego dolor, arrepentimiento y estados de impotencia ciudadana.

En un país decente, los gobernantes lo hacen a conciencia y llegan al poder para ser recíprocos con quienes los eligieron y gobernar bien, con honestidad y compromiso, y no llegan a robarse el dinero público.

En un país decente, los gobernantes entienden que el reloj no se detiene cuando están en el poder, sino que entienden que eso es pasajero y en unos pocos años volverán a ser ciudadanos del común. Por ello, se debe ser humilde, generoso y abnegado.

TRABAJEMOS POR SER UN PAIS DECENTE   

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