Entrevista con Santiago Lozano, director de Siembra

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@VillanoJair

La película ‘Siembra’ es otra de las grandes apuestas del cine nacional.  Su contenido es un despliegue de sonidos e imágenes revestidos de una seductora estética, pese a que su historia es una lectura de una problemática latente en el país: el desplazamiento forzado.

Angélica Osorio y Santiago Lozano supieron darle el giro a una narrativa de la cual se tiene muchas documentaciones y pocas reflexiones. En este diálogo Lozano habla de la génesis de la producción, de la apuesta nacional del cine y de lo que significa que una ópera prima sea galardonada nacional e internacionalmente

Jaír Villano: ¿Cómo nace la construcción de la película ‘Siembra’?

Santiago Lozano: Siembra nace de un proyecto de investigación que hice con Ángela Osorio, la codirectora, y otros dos compañeros, Juan David Velásquez, director de fotografía de la película, y Carlos Manuel Hoyos.  En ese entonces estábamos haciendo nuestro trabajo de tesis para graduarnos como comunicadores en la Universidad del Valle. El tema era el desplazamiento forzado; a medida que fuimos trabajando nos dimos cuenta que había un sentimiento que rodeaba a las personas del campo: el desarraigo. A partir de esto empieza la idea de elaborar una historia que posibilitara que un personaje que viene del campo pudiera cerrar ese duelo suspendido por la tierra para poder seguir adelante. En este caso, el doble duelo, el duelo por el hijo y por la tierra.

JV: ¿Es decir que el argumento de la película estaba establecido desde  ese proyecto?

SL: Lo que quedó fue una conclusión alrededor del concepto del desarraigo, es decir, cómo tocaba eso  a las vidas de las personas que estaban desplazadas. Ese concepto es un duelo suspendido, a partir comienza la construcción del argumento.

JV: Pero en este caso de una narrativa.

SL: Sí, aquí lo que empieza es la construcción de un personaje a partir de muchos personajes con los que nos entrevistamos. Tuvimos  la experiencia investigativa con la historias de vida, eso nos ayudó moldar el personaje del Turco.

JV: Precisamente, sobre el Turco, tengo entendido que el actor lo conocían de tiempo atrás.

SL: Sí, el actor es Diego Balanta, un músico muy reconocido en la escena musical del Pacífico. Es originario de Timbiquí, Cauca.  A Diego lo conocimos hace diez años en la elaboración de Viaje de Tambores, un documental. En la última fase de reescritura del guión, es decir, cuando empezábamos a darle un rostro a las formas de ser de este personaje siempre pensábamos en Diego; emprendimos una búsqueda en un casting extenso, pero finalmente estas entrevistas nos ayudaron a validar con mucha más fuerza que el actor lo teníamos al frente.

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La película estará en las salas del cine del país este 14 de abril.

JV: Hablemos de los recursos estéticos de la película, por ejemplo, el blanco y negro, que viene a reforzar una historia en mi opinión silente

SL: El blanco y negro es una figura retórica de sustracción que tomamos como una manera de poder quitarle un poco ese referente de realidad al espectador que a veces no ayuda a concentrar en el elemento más dramático y llamativo. Adicionalmente, el blanco y negro nos abrió un espectro de posibilidades estéticas explotando el tema de las texturas, en los cuerpos, las pieles y en los objetos que rodean la película.

El tema de ser una película silente es porque le sucede a este personaje es que tiene un viaje interior, este viaje interior lo hace deambulando por la ciudad, que lo hace teniendo contacto con el cuerpo. Además, el eje de la historia está marcada por un cuerpo inerte, de modo que es una película de los cuerpos, de los cuerpos en tránsito y en reposo.

JV: Claro, digamos que los planos son muy marcados, en ese sentido. Ahora, a mí me da la impresión de que es una película en la cual el espectador tiene que involucrarse mucho, creo que la interpretación es un elemento clave, no sé si eso hace parte de las intenciones.

SL: Sí, ahí hay una clave y es no poner en escena a los persones, sino posibilitar el encuentro con estos personajes y el espectador. Es una mediación entre la manera de filmarlo, una forma de acercarse mucho con la cámara, pero también de que esta cámara reaccione frente a las acciones de los personajes.

 

JV: Ahora, ya entrando al argumento,  es una película del desplazamiento, pero como excusa para el desarraigo, ¿por qué?

SL: Es más bien como el desplazamiento como la causa de una de las formas del sentimiento de desarraigo. En ese sentido, el argumento se convierte en la posibilidad de un personaje de poder crear el duelo, para nosotros es muy importante la idea de un duelo suspendido que debe ser cerrado para poder sembrar, para poder seguir adelante.

JV: Tal vez no es tan evidente, pero hay una apuesta por dibujar la disyuntiva entre lo rural y lo urbano y el arraigo, por parte del hijo de Turco, y el desarraigo, por parte de este.

SL: Sí, hay un apuesta con los cuerpos, en este caso con los cuerpos del campo, y cómo esa cultura que viaja con los cuerpos se instala también en la ciudad.

JV: La película fue filmada en una zona del distrito de Agua Blanca, pero también en Jamundí

SL: Sí, el referente geográfico de la historia está en un asentamiento ubicado en el barrio Mojica, ahí tuvimos un trabajo de inmersión que, de hecho, venía de un proyecto cinematográfico con Los Hongos, la película de Óscar Ruiz, pero que a su vez viene de una inmersión que se ha venido haciendo por un contacto que han tenido con jóvenes del Distrito y la Ladera a través de Cine pa’l barrio.  Sin embargo, a pesar de esto no queríamos tener un rodaje invasivo en la comunidad, no hay que olvidar que se está pensando en historias, de modo que tenemos que ponerla en escena, y eso es un trabajo que irrumpe en la cotidianeidad; por eso decidimos construir un set a las afueras de Cali que permitiera que pudiéramos trabajar libremente.

 Gerylee Polanco, Santiago Lozano, Angela Osorio y Diego Balanta en la presentación de Siembra en Cali
             Gerylee Polanco, Santiago Lozano, Angela Osorio y Diego Balanta en la presentación de Siembra en Cali

JV: Tolstói decía: “Pinta tu aldea y serás universal”. Esta película si bien es sobre una problemática nacional, de todos modos ha tenido reconocimiento internacional, ¿a qué cree que obedece eso?

SL: Sí, el contexto es Colombia, pero el tema es universal. El arraigo, las raíces, la identidad cultural, la necesidad del ser humano siempre por tener un sentido de pertenencia en un lugar.

JV: ¿Cómo fue la vinculación de la Universidad Autónoma en el auspicio de la película y el de Contravía Films  en una producción que, hay que decirlo, pertenece a una línea alternativa?

SL: Iniciamos una coproducción con Contravía, más allá de la amistad y del hecho que estuviéramos vinculados a proyecto anteriores. También es una apuesta conjunta por una forma de cine que nos interesa, que nos ponía en diálogo. Luego a esa alianza se suma la Autónoma, que comulga con esta idea  del cine que estamos buscando, esto es, un cine que puede transformar miradas, que busca otra forma de narrar las regiones. La academia sincroniza muy bien con las exploraciones cinematográficas.

JV: Esta producción es importante, entre otras cosas, por el marco socio-político que atraviesa el país, teniendo en cuenta las conversaciones de paz y la posible cesación pacífica del conflicto; pero además se vincula a otra serie de narraciones que buscan enfocar la mirada en problemáticas nacionales. A veces pareciera que se busca pasar la página, como mirar en retrospectiva pese a que hay una guerra que se mantiene.

SL: Es el proceso mismo de maduración de la sociedad, el cine siempre ha estado dialogando con las transformaciones sociales. El caso de Siembra es curioso, porque si nos vamos a la génesis de la película es hace diez años, cuando el desplazamiento forzado estaba en la agenda del país. Ahora, a pesar de que el desplazamiento continúa, la agenda del país esté en el diálogo; la historia también muestra ese diálogo de decir que los eventos violentos no solamente están en el momento que se generan, sino qué es lo que va a suceder con el tejido social en las ciudades y en el campo.

JV: ¿Cómo ve la escena del cine en Colombia? Quiero decir, en relación a los aportes del Estado y demás entidades que contribuyen en la industria cinematográfica.

SL: Definitivamente, los estímulos de la Ley del Cine han sido fundamentales para la producción, Siembra es un ejemplo de eso. Yo solamente veo en el panorama una posibilidad de crecimiento continuo, porque si bien empieza con la etapa de apoyo del Estado, siento que comienza a complementarse con una etapa de madurez de los proyectos donde podemos encontrar no necesariamente la construcción de una industria, sino la diversidad de mecanismos posibles para hacer películas de todo tipo.

JV: Santiago es director de cine, pero también docente en la Autónoma, ¿cómo ve las nuevas apuestas?

SL: Lo veo muy positivo en la medida en que uno ve en las nuevas generaciones sus propias búsquedas, es decir, que tienen la necesidad de contar sus propias historias y de situarse y dialogar con su entorno y su contexto desde un lugar muy generacional; eso es importante para ir revitalizando los contenidos.

JV: Por último, ¿Qué significa que una ópera prima sea galardonada nacional e internacionalmente?

SL: Que tu primera apuesta sea reconocida, de alguna manera, te pone un espejo que te hace ver cuál es el potencial narrativo que se puede tener entre manos. La recepción del público o de los festivales a la película, lo que termina es mostrar tu producción ante tus ojos, esa conciencia es muy importante porque precisamente lo que hay es la apertura de una camino para nuevas historias.  Siento que con la película empiezo a conocerme como cineasta, a reconocerme y saber qué es lo que yo narro y desde dónde estoy narrando.

 

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