Es difícil ser mujer

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

El pronunciamiento que hizo Andrés Jaramillo tras la presunta violación que sucedió en el parqueadero de su restaurante en Chía, Andrés Carne de Res, ha suscitado la indignación de muchos y ha prendido las alertas de otros frente al machismo en Colombia. Sin embargo, aprovechando la coyuntura, es importante aclarar que si bien lo dicho por el señor Jaramillo –que qué se puede esperar de una mujer que va borracha y en minifalda– es una expresión cavernícola y burda del machismo, no se puede olvidar que la discriminación y malos tratos hacia la mujer se evidencian a cada minuto y nadie se indigna.

Para demostrar mi tesis anterior voy a darles varios ejemplos,  ya que muchos  dirán que no es cierta y que como mujer lo único que hago quejándome es contribuir a atizar aún más el machismo y la discriminación, sacando a relucir aquella frase de cajón comúnmente utilizada por los hombres en la que afirman que las más machistas somos las mismas mujeres.  

El primer ejemplo, por aquello de la actualidad y las peleas institucionales que vive el país, es el de la exfiscal Viviane Morales. Cuando la doctora Morales ostentaba uno de los cargos públicos más importantes de Colombia, muchos medios de comunicación cuestionamos su accionar dentro de la institución, aludiendo que podría estar siendo influenciada por su esposo Carlos Alonso Lucio. Ningún medio tuvo temor de criticar su gestión y dudar de lo que venía sucediendo con la influencia de su esposo en la Fiscalía. Ya lo mencionamos muchos en su momento: sin duda, el hecho de ser mujer la mostró más débil y con el permiso de ser cuestionada ante los ojos machistas de nuestra sociedad. O me pregunto, ¿cuáles son los medios que hoy han cuestionado al fiscal Eduardo Montealegre por las dudas que existen alrededor de su gestión? Muy probablemente, si hubiera sido la señora Morales la que hubiera estado en el cargo y hubiera  manejado sendos conflictos de interés, más de uno de nosotros le estaríamos lanzando piedras.

Asimismo, quisiera preguntar por el número de veces que oyentes, lectores y televidentes tildan de brutos a aquellos periodistas hombres que los informan; les dicen malos periodistas, pedantes, aburridos, pero brutos pocas veces. Sin embargo, las mujeres que ejercemos esta profesión, constantemente nos vemos sometidas al insulto de poseer poca inteligencia. ¡Y qué decir de aquellas “osadas” que les dio por dedicarse a hablar de deportes! Las palabras y el tono de quienes nos critican son más fuertes hacia nosotras que hacia los hombres.  ¿Será que son mejores periodistas los hombres? ¿Será que son más inteligentes? Por supuesto, asevero que no es así, pero eso es lo que hay en el imaginario colectivo machista de nuestra sociedad.

Bien lo decía la contralora general Sandra Morelli en la entrevista que le hizo María Elvira Arango en su nuevo programa, Los Informantes, de Caracol Televisión, cuando  le preguntó sobre lo que dice la gente de ella acerca de sus actuaciones: “que es porque está loca”. Morelli sarcásticamente le dijo: “Sí, la locura seguramente es un enfermedad que le da solo a las mujeres en este país”. Y así es, aquí tildamos de locas solo a las mujeres, o cuándo hemos oído decir con tanto ímpetu algo semejante sobre un funcionario masculino.  Cuando son las mujeres las que hablan fuerte, dan órdenes y son de carácter templado se las desacredita diciendo que son histéricas y locas. Y sin han llegado a un puesto importante, se asevera que seguramente es porque con alguien se han acostado. Casi nunca he oído que llamemos histérico o loco a un hombre por su temperamento; mucho menos afirmar que seguramente se acostó con su jefa para que lo promovieran.

Recientemente, debido a unas declaraciones que di en la emisora en que trabajo, un funcionario se comunicó conmigo en múltiples oportunidades para cuestionar mi trabajo hablándome casi a los gritos. Por supuesto, no pude dejar de pensar si su actitud hubiera sido similar en caso de que yo fuera hombre y no mujer. ¿Me hubiera hablado igual? ¿Se hubiera atrevido a decirme las cosas que me dijo en el tono en que me lo dijo? Probablemente no, porque sus reclamos solo estaban dirigidos hacia mí y no hacia mis compañeros hombres, a pesar de que todos participamos en la información que se emitió.

Y qué decir de los ejemplos sencillos del día a día: la ropa que usamos, el modo en que manejamos, las tareas que supuestamente debemos ejercer. Son ejemplos comunes y básicos los que aquí doy, que hemos oído innumerables veces, pero que vale la pena mencionarlos de nuevo para que no se nos olvide que el machismo está presente y poco nos cuestionamos cuando somos víctimas o victimarios de él. Está bien que nos salgamos de la ropa con lo dicho por Andrés Jaramillo esta semana, pero valdría la pena que fuera igual con el resto de acontecimientos que traen implícita la misma actitud.

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