¿Es la injusticia más grande que el amor?

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Un poema es el resumen de la crueldad que tuvieron que sufrir los habitantes de Trujillo, Valle del Cauca entre 1987 y 1994. Después de 25 años la justicia aún no llega para las víctimas de cerca de 350 casos de violación a los Derechos Humanos.

Raxson Montilla N.

raxson@gmail.com

Diálogo de amor, vida plena, dulce hogar,

trabajadores de la tierra, produciendo vida;

entrañas preñadas de un nuevo amanecer.

Madre, padre, hijo y hermano entreabrazados,

caen bajo las balas en noche de terror.

(‘Mestizo, profanación del amor’;

Maritze Trigos Torres)

TRUJILLO ABRIL 2010 005

María del Carmen Peña tenía tres meses de embarazo cuando su esposo Jair García, el hermano Albeiro García y su hijo Jimmy García Peña fueron asesinados vilmente en su propia alcoba. El niño de 18 meses de edad fue degollado delante de sus padres (Mestizo, Enero 1 de 1991). Esta es la historia que inspiró este poema, pero no fue la única, cientos de personas fueron víctimas de la llamada ‘Masacre de Trujillo’, uno de los hechos más macabros y tristes que ha vivido el Valle del Cauca.

En las últimas semanas dos noticias han recordado este capítulo de la historia de Colombia. Primero, la solicitud de libertad que fue presentada por los abogados de Henry Loaiza alias “El Alacrán”, uno de los principales culpables de este hecho, y  segundo, la condena de 28 años y medio al teniente José Fernando Berrío, quien comandó la estación de Policía de Trujillo desde agosto de 1989 hasta mayo de 1991.

“Justicia y resistencia alimenta el caminar”

Henry Loaiza tiene 66 años, de los cuales ha pasado casi 20 años en la cárcel; de estatura baja, no llega a los 1,70 m; piel trigueña y contextura delgada; ojos pequeños color miel, cejas pobladas y párpados caídos; cabello negro entrecano y entradas en la frente; nariz recta, boca pequeña y labios delgados.

Su sobrenombre ha cambiado a lo largo del tiempo: lo han llamado el “Señor de la Primavera”, por su lugar de origen: La Primavera, ubicado al norte del Valle; alias “Foraica” o “El Patrón” porque toda la gente de Trujillo quería trabajar con él, según han dicho algunos de sus colaboradores; sin embargo, al final se le quedó el seudónimo que reflejaría de la manera más sincera sus atroces fechorías, un alias que lo ha acompañado desde su adolescencia, cuando compró un camión a un hombre de Ibagué al que apodaban “El Alacrán”.

TRUJILLO-22-08-12-146Actualmente está recluido en la cárcel de máxima seguridad de Palmira, ya que el 18 de diciembre del año 2009, cuando llevaba 14 años en prisión, fue condenado a 30 años de cárcel por haber sido hallado responsable de algunos de los crímenes ocurridos en la ola de violencia que se apoderó de los municipios de Trujillo, Riofrío y Bolívar, entre los años 1987 y 1994. En estos años se presentaron alrededor de 350 casos de violaciones a los Derechos Humanos. Torturas, desapariciones y asesinatos fueron ejecutados contra la población civil.

“El Alacrán” ha sido sentenciado tres veces, según la hermana Maritze Trigos Torres, una de las fundadoras de la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo (AFAVIT). “Este es un logro para la Asociación ya que en Colombia aún existe la denominación de ‘cosa juzgada’, la cual dictamina que en un proceso judicial, no es posible la preexistencia de una sentencia judicial firme dictada sobre el mismo objeto. En Perú, Chile y otros países ya se abolió porque no permitía alcanzar una justicia verdadera”.

La primera sentencia se firmo en el año 2009 por los hechos ocurridos en la hacienda Villa Paola, municipio de Trujillo Valle,  el día cuatro de mayo de 1991, donde fueron capturados, torturados, asesinados y descuartizados Daniel Arcila Cardona Y Mauricio Castañeda un desmovilizado del E.P.L. que tenía por sobre nombre “Escorpión”.

Las otras dos sentencias que fueron radicadas en el Juzgado Primero de Buga, se dictaron apenas el mes de marzo del año pasado, la una por el homicidio de tres campesinos y la otra por un total de 42 víctimas. En el segundo caso están incluidas las 34 víctimas que reconoció el Estado colombiano en el año 1998, de las que hacen parte el padre Tiberio Fernández, su sobrina, cinco ebanistas y los primeros diez campesinos que desaparecieron en el sector de Sonora.

Según Pablo Emilio Cano, personaje que mantuvo muy estrecha relaciones con “El Alacrán”, en la hacienda Las Violetas de propiedad de Diego Montoya fueron descuartizadas alrededor de unas dieciséis personas con una motosierra, en los primeros días de abril de 1990 y en la hacienda Villa Paola propiedad de Henry Loaiza fueron torturadas y descuartizadas otras personas entre ellas el padre Tiberio Fernández, párroco de Trujillo.

Aunque los abogados de Loaiza pidieron su libertad ante el juez de descongestión de Palmira, Julio Cesar Rosero, argumentando que su cliente ya cumplió las 3/5 partes de su pena el juez rechazó la solicitud. Desde la sentencia inicial se dejó claro que por la gravedad de los hechos se debería negar todos “los mecanismos sustitutivos de la suspensión condicional de la ejecución de la pena, la prisión domiciliaria, y además la libertad condicional, por las razones expuestas en la motivación de este auto, debiendo purgar en prisión la pena impuesta”. No obstante, tras la negativa el juez de descongestión será el Tribunal Superior de Buga quien tendrá la última palabra.

Sin embargo, según la hermana Maritze y el abogado de la Asociación la libertad de Loaiza no es posible todavía, “se sabe que por cumplir 20 años en la cárcel tiene derecho a diez días de descanso con su familia pero debe pagar los 30 años de su condena tras las rejas”. Este es un pequeño logro de la justicia en un caso donde muchos de los culpables siguen sin ser juzgados o están prófugos.

Trujillo Valle

“Son raíces humanas que piden hoy justicia”

José Fernando Berrío, fue el teniente que comandó la estación de Policía de Trujillo entre el 29 de agosto de 1989 y el 24 de mayo de 1991. El pasado mes una sentencia radicada por el Juzgado Tercero Especializado de Buga lo halló culpable de no haber evitado que se cometieran siete asesinatos, seis secuestros y una tentativa de homicidio. Según la Fiscalía “la violencia desatada en el municipio de Trujillo cobró la vida de varias personas y la desaparición de otras, trágico balance presuntamente facilitado por la actitud indiferentes y permisiva de la autoridad policial local”.

En esta época se hizo evidente la convergencia entre el narcotráfico y los grupos paramilitares, a la vez que se manifestó tanto las alianzas del crimen con miembros de la Fuerza Pública, como la grave y persistente impunidad. Berrío al igual que muchos uniformados dejó que la organización criminal de los grandes narcos del Norte del Valle, Henry Loaiza Ceballos, Diego León Montoya e Iván Urdinola, llevaran a cabo su atroz campaña de homicidios y torturas que supuestamente buscaba erradicar a la guerrilla del Eln de la zona.

De acuerdo a la sentencia, el procesado Berrío Velásquez “se sustrajo a sus obligaciones y permitió con su actitud omisiva que actores armados campearan sin Dios ni ley en la localidad” permitiendo incluso – como lo reseñan las investigaciones de la Fiscalía, “que hombres a su mando actuarán en connivencia con la horda criminal que mantenía atemorizada la población, bajo la mirada cómplice de quien tenía el deber constitucional de evitarlo”.

henry Loaiza, el alacranEn 1995 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado por la acción y omisión de sus agentes en la masacre de Trujillo. El 29 de agosto de 2014, después de un largo proceso, Berrío  recibió su condena: debe pagar 28 años y medio de prisión. Sin embargo, está prófugo desde octubre de 2010, cuando la Fiscalía le dictó medida de aseguramiento. Cabe recordar que en marzo del 2009 había recuperado su libertad provisional, luego de que un juez lo absolviera tres meses antes del delito de homicidio con fines terroristas.

De igual manera, el pasado mes de abril se dejó en firme la sentencia contra otro implicado perteneciente de la fuerza publica: el Mayor del Ejercito Alirio Antonio Urueña Oficial de operaciones del S3 perteneciente al Ejercito Nacional, Batallón Palacé de Buga, que para la época dirigía el Puesto De Mando Adelantado (P.D.M.A.) en Andanápolis, jurisdicción del municipio de Trujillo; según el comunicado de la fiscalía 43 Delegada ante la sala Penal del tribunal superior de Bogotá, Ureña junto a Diego Rodríguez Vásquez fueron los coautores de los delitos de Concierto para delinquir agravado por la conformación, promoción y financiación en el departamento del Valle de Grupos armados al margen de la ley, bandas de justicia privada o lo que se denomina como Paramilitarismo.

No obstante, como se mostró desde el año pasado en el informe ¡Basta ya!, la búsqueda por la justicia todavía continúa, existe aún incertidumbre por el paradero de las víctimas; además, los familiares deben enfrentar la lucha por el reconocimiento de los hechos, desafiar el descrédito, las amenazas y hasta la trivialización de lo ocurrido por parte de las autoridades. Por esto así prosigue el poema de la hermana Maritze:

Horrores de un sistema, fantasma de la muerte,

persiguen y exterminan la intimidad de un hogar.

¿Es la crueldad más fuerte que la vida?

¿Es la injusticia más grande que el amor?

Las garras de la muerte vencidas por la lucha,

amores y esperanzas con encendida luna,

construimos la justicia en surcos de victoria.

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