¿Es liberal la pena de muerte para los corruptos?

0

Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez
Twitter:
@Florohermes

El padre del liberalismo político, el escoses John Locke, propone un Estado que proteja tres derechos: la vida, las libertades y las posesiones, derechos a los cuales denomina con el término de “propiedad”.

Como consecuencia de esta concepción política de Locke, surgió un poder político que asumió como función administrativa la vida que, como bien lo explica Michel Foucault, “hizo cada vez más difícil la aplicación de la pena de muerte”, no por razón de sentimientos humanitarios, sino porque la “la razón de ser del poder y la lógica de su ejercicio” pasó a ser la vida.

¿Qué consecuencias trae esta razón de ser y esta lógica del ejercicio del poder por el liberalismo? Esta razón de ser y esta lógica implica asumir una visión biopolítica, la cual impone un cuidado y una protección de la vida que conduce al descubrimiento una política igual a un sistema inmunitario, es decir, igual a los anticuerpos que protegen nuestro cuerpo: matar a todo aquello que amenace la vida.

En consecuencia, la pena de muerte desaparece como un castigo pero surge una nueva pena de muerte: aquella que se aplica “a quienes significan para los demás una especie de peligro biológico”, como bien nos lo explica Foucault en su célebre libro Historia de la sexualidad. La voluntad de saber.

Teniendo claro ya qué es la pena de muerte dentro del liberalismo, debemos abordar la corrupción en Colombia y observar sus consecuencias de ella sobre la vida de todos y cada uno de nosotros los colombianos.

Examinemos el robo a los hospitales y clínicas de Colombia: quien roba un hospital, roba las posibilidades de salvar miles de vidas humanas; es decir, es un genocida a gran escala, mucho más peligroso para la vida humana que aquel guerrillero o paramilitar que induce una masacre. En otras palabras, un corrupto que roba un hospital significa un peligro biológico para toda la especie humana de un pequeño poblado, de un municipio mediano e incluso de una gran ciudad.

Igual puede decirse del corrupto que roba recursos del Estado destinados para un restaurante escolar, o de aquel que roba los recursos destinados al fomento de la agricultura y la protección de la seguridad alimentaria, etcétera.

En conclusión, si se aplica la razón de ser del poder y la lógica de su ejercicio, desde una óptica liberal, la cual impone asumir como función administrativa la vida, aparece ante nuestros ojos que los corruptos, más que un guerrillero o un paramilitar genocida, son una verdadera amenaza para la vida; es decir, son un peligro biológico, una especie de bacteria o de virus que pone en peligro la vida y, por lo tanto, que debe ser objeto de un manejo o tratamiento inmunitario.

Luego, desde una visión estrictamente liberal, debe responderse la pregunta contenida en el título de este columna diciendo: es oportuno aplicar la pena de muerte a los corruptos porque son una amenaza biológica para todos nosotros, en cuanto seres vivos que somos.

Comments are closed.