¿Es sagrada la institucionalidad extractiva de la salud?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Los colombianos pensábamos que el proyecto de Ley 210 de 2013, “por medio del  cual se redefine el Sistema General de Seguridad Social en Salud y se dictan otras disposiciones”, iba a generar un gran debate, sobre todo de cara a las próximas elecciones y a la consideración de que para ocho de cada diez colombianos la situación del servicio público de la atención de la salud es el problema más grave del país.

Esperábamos el debate con base en la exposición de motivos del proyecto de ley en el cual el gobierno nacional escribió, en la página 37, que el modelo de salud que existe en Colombia incentiva a “los agentes hacia la extracción de rentas en demérito de los objetivos de salud de la población”, en claro e inequívoco reconocimiento de la institucionalidad política y económica extractiva descrita por los profesores Daron Acemoglu y James Robinson.

Sin embargo, ha ocurrido lo inesperado: la plenaria del Senado de la República ha sido varias veces citada, pero las sesiones se han cancelado, unas veces por un inexplicado ausentismo y otras, bajo el amparo de un cerro de impedimentos o arguyendo toda clase de disculpas, lo cual constituye una clara evasión y evitación de la responsabilidad política de responderle al país por el daño progresivo, imperceptible, lento y mortífero que produce el modelo de salud actual.

¿Por qué ante un colapsado, indefensable e ineficaz modelo de salud, la mayoría de congresistas responde no asistiendo, unos; declarándose impedidos, otros; o arguyendo cualquier disculpa, los demás? Porque no quieren tocar el sistema de salud actual, a pesar de saber que daña y aniquila nuestra salud pública, dejando a la población en una condición de inferioridad sanitaria, lo cual quiere decir darle un trato sacro. En otras palabras: para nuestros congresistas, que nos reclaman por estos días el voto, la institucionalidad extractiva de la salud es sagrada.

¿Y por qué para la mayoría de nuestros congresistas la institucionalidad sanitaria es sagrada? Porque el actual sistema de salud permite una distribución estrecha del poder en manos de una élite que diseña instituciones económicas para enriquecerse y afirmar su poder a expensas de la sociedad, lo cual convierte a nuestro perverso modelo de salud en sagrado.

Prueba de la sacralidad de nuestro dañino modelo de salud son los lobistas, que por estos días deambulan por el Congreso, actuando de manera perversa, silente y soterrada quieren asegurar perpetuar el enriquecimiento de los intermediarios financieros del sector, cosa que no es desconocida ni mucho menos un secreto.

En conclusión, los congresistas amparados en inasistencias, impedimentos y todo tipo de disculpas dan un trato sagrado a la institucionalidad sanitaria extractiva establecida en Colombia a través de la Ley 100 de 1993, de la cual todos somos víctimas.

Por lo tanto, como sociedad civil debemos pasarles la cuenta de cobro a muchos congresistas, por la traición que hacen de nuestros intereses ciudadanos en beneficio de unos inescrupulosos intermediarios financieros.

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